Ataques que frenan la paz es la expresión que mejor resume el momento crítico que atraviesa el conflicto entre Rusia y Ucrania. Mientras diplomáticos de ambos países intentan avanzar hacia un posible acuerdo con mediación de Estados Unidos, los bombardeos rusos con drones vuelven a golpear territorio ucraniano, afectando infraestructura clave y, sobre todo, la credibilidad del proceso negociador.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelensky, fue contundente al condenar los últimos ataques, dirigidos principalmente contra el sistema energético del país. En su mensaje, advirtió que cada ofensiva militar no solo causa destrucción material y víctimas civiles, sino que también erosiona los esfuerzos diplomáticos en marcha.
Ataques que frenan la paz y debilitan la diplomacia
Para Zelensky, los ataques que frenan la paz representan una estrategia deliberada de Moscú para presionar en el terreno mientras se discute en las mesas de negociación. “Cada uno de estos ataques rusos erosiona la diplomacia que está en marcha y socava los esfuerzos de los socios que están ayudando a poner fin a esta guerra”, afirmó el mandatario.
Sus declaraciones llegan apenas días después de que delegaciones de Ucrania y Rusia se reunieran en Abu Dabi, en encuentros celebrados el viernes y sábado bajo mediación estadounidense. Ambas partes habían manifestado su disposición a continuar las conversaciones en el mismo formato trilateral, lo que generó expectativas moderadas de avance.
Sin embargo, los ataques masivos con drones han vuelto a poner en duda la voluntad real de Rusia para reducir la escalada militar.
Bombardeos a gran escala y daños civiles
Según información oficial, Rusia lanzó durante la noche un total de 165 drones contra distintas regiones de Ucrania. Más de cincuenta de ellos tuvieron como objetivo la ciudad portuaria de Odesa, donde se registraron daños en instalaciones energéticas, edificios residenciales y una guardería infantil.
El gobernador regional, Serhi Lisak, confirmó la muerte de al menos una persona y más de 20 heridos, además de la destrucción parcial de 43 viviendas. Equipos de rescate continúan buscando a personas desaparecidas entre los escombros, lo que podría elevar el número de víctimas.
Además de Odesa, las regiones de Dnipropetrovsk, Leópolis, Kharkiv, Mikoláyiv y Sumy también fueron blanco de los ataques, ampliando el impacto territorial de la ofensiva.
Infraestructura energética bajo presión constante
Uno de los elementos más sensibles de esta nueva oleada de bombardeos es el ataque directo contra la infraestructura energética ucraniana. En Mikoláyiv, drones rusos dañaron instalaciones clave, obligando a las defensas antiaéreas a interceptar múltiples aparatos.
La caída de restos de drones abatidos provocó la destrucción de viviendas en zonas residenciales. En Olshanska, una mujer de 59 años resultó gravemente herida y fue hospitalizada, según confirmaron las autoridades locales.
Zelensky denunció que uno de los drones alcanzó incluso un lugar de culto de cristianos evangélicos, subrayando el impacto indiscriminado de los ataques.
La presión internacional como única vía
En la mitad de este escenario, ataques que frenan la paz se han convertido también en un llamado a la acción para la comunidad internacional. Zelensky instó a Estados Unidos, Europa y otros aliados a no guardar silencio y a aumentar la presión sobre Moscú mediante nuevas sanciones.
El mandatario ucraniano enfatizó la necesidad de bloquear las operaciones rusas y la infraestructura de su flota petrolera, argumentando que “sin presión sobre el agresor, las guerras no se detienen”.
Este mensaje refuerza la postura de Kiev de que la diplomacia solo puede avanzar si va acompañada de medidas concretas que limiten la capacidad militar y económica de Rusia.
Negociaciones frágiles en un conflicto prolongado
A más de tres años del inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, el conflicto sigue sin una salida clara. Los recientes contactos en Emiratos Árabes Unidos mostraron que aún existen canales abiertos, pero los hechos sobre el terreno evidencian la fragilidad del proceso.
Cada ataque no solo retrasa la posibilidad de un alto el fuego, sino que profundiza la desconfianza entre las partes y endurece las posiciones políticas.
Un futuro condicionado por la violencia
El conflicto entre Rusia y Ucrania atraviesa una fase decisiva. La combinación de diplomacia activa y ofensivas militares simultáneas plantea una contradicción difícil de sostener. Al cierre de esta etapa, ataques que frenan la paz siguen marcando el rumbo de una guerra donde cada bomba aleja un poco más la posibilidad de un acuerdo duradero.


TE PODRÍA INTERESAR