A partir del 1 de enero, los agentes aduanales en México asumirán un nuevo rol que va más allá del despacho de mercancías. Con los cambios aprobados a la Ley Aduanera, ahora deberán actuar como agentes fiscalizadores indirectos del Servicio de Administración Tributaria (SAT), lo que impactará directamente a importadores y exportadores.
De acuerdo con Roberto Modesto, socio de comercio exterior de la consultoría Deloitte, el nivel de responsabilidad para los agentes aumentará de forma significativa.
Agentes aduanales con nuevas obligaciones fiscales
Con la reforma, los agentes aduanales estarán obligados a verificar de forma exhaustiva los expedientes de comercio exterior de sus clientes. Esto incluye la revisión de facturas electrónicas de importación, contratos, pagos de impuestos y la existencia física de las empresas que representan.
Además, deberán confirmar que los importadores y exportadores no se encuentren en la lista negra del SAT, específicamente en el artículo 69 del Código Fiscal de la Federación, relacionado con empresas factureras.
“El agente aduanal tendrá que asegurarse de que sus clientes cumplan con todas sus obligaciones fiscales y aduaneras; en la práctica, el SAT le está pidiendo que se convierta en fiscalizador”, explicó Modesto para medios locales.

Riesgo de la nueva medida del SAT
Uno de los puntos que genera mayor preocupación es que, ante cualquier incumplimiento detectado, el agente aduanal podría poner en riesgo su patente, una de las sanciones más severas dentro del sector.
Esto provocará que los agentes adopten criterios mucho más estrictos antes de aceptar o mantener clientes, elevando los filtros y revisiones previas a cada operación.
Cambios que entran en vigor en 2026
El Diario Oficial de la Federación publicó la Séptima Resolución de Modificaciones a las Reglas Generales de Comercio Exterior del SAT, enfocada en cerrar espacios a la evasión fiscal y combatir operaciones simuladas.
La autoridad busca reforzar la trazabilidad documental y asegurar que cada operación tenga respaldo real, especialmente en sectores considerados sensibles.
Uno de los ajustes más importantes se centra en la exportación de sosa y potasa cáustica. Para estas mercancías, el SAT exigirá información adicional que permita identificar plenamente la operación comercial.
Se requerirá documentación que acredite la existencia del cliente extranjero, la relación de CFDI emitidos y evidencia logística que demuestre que la operación fue real y no simulada.

Ajustes al programa IMMEX
Las modificaciones también impactan a los programas IMMEX y otros esquemas de importación temporal. El SAT delimitó con mayor precisión qué operaciones deben cumplir con la Manifestación de Valor.
Con ello, se reducen márgenes de interpretación que anteriormente permitían omitir documentación o diferir responsabilidades entre las partes involucradas.
Otro cambio relevante es el fortalecimiento del control sobre el formato E2 de Manifestación de Valor. Si el importador no autoriza al agente aduanal a consultar el formato en la Ventanilla Digital, deberá entregarlo obligatoriamente en versión digital.
Con estas medidas, el SAT prioriza el control preventivo sobre la corrección posterior. El objetivo es cerrar espacios a la simulación, reforzar la responsabilidad compartida y asegurar que cada operación de comercio exterior esté respaldada por documentación verificable.
Aunque se otorgó un periodo de transición hasta marzo de 2026 para ciertos ajustes operativos, a partir del próximo año la fiscalización en comercio exterior será más estricta.


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