Caída del cabello es una preocupación común tanto en hombres como en mujeres, y aunque la genética juega un papel determinante, la alimentación diaria puede acelerar —o frenar— este proceso. Caída del cabello no depende solo de productos cosméticos o tratamientos médicos: lo que comes influye directamente en la salud del folículo piloso, la estructura del pelo y su ciclo de crecimiento.
Diversos expertos coinciden en que una deficiencia nutricional afecta el crecimiento capilar. Un estudio publicado en Dermatology Practical & Conceptual señala que la falta de proteínas, hierro, zinc, biotina y vitamina D puede provocar efluvio telógeno agudo, una caída anormal y repentina del cabello. Por eso, antes de recurrir a suplementos, conviene revisar la calidad de la dieta y evitar ciertos alimentos que pueden empeorar el problema.

Deficiencias nutricionales y su impacto en el cabello
Cuando el cuerpo no recibe los nutrientes esenciales, prioriza funciones vitales y deja en segundo plano lo estético. El cabello entra entonces en una fase de reposo y caída. Reducir drásticamente calorías, eliminar grupos completos de alimentos o seguir dietas extremas puede desencadenar este proceso.
Aunque algunos alimentos como el té verde, las semillas de sésamo o el tomate cocido pueden ayudar a inhibir la dihidrotestosterona (DHT), hormona relacionada con la calvicie masculina, ningún alimento por sí solo garantiza frenar la caída del cabello. La clave está en el equilibrio nutricional.
Azúcares refinados y carbohidratos simples
Uno de los principales enemigos del cabello es el consumo excesivo de azúcares refinados. Refrescos, dulces, pan blanco y comida rápida elevan los niveles de insulina, lo que provoca inflamación sistémica.
Esta inflamación afecta los vasos sanguíneos del cuero cabelludo, volviéndolos más rígidos y frágiles. Como consecuencia, disminuye la microcirculación, el folículo recibe menos oxígeno y nutrientes, y el cabello se debilita. Incluso personas sin predisposición genética pueden notar una pérdida acelerada.
Comida frita y exceso de grasas saturadas
Los alimentos fritos y las dietas altas en grasas saturadas y trans sobreestimulan las glándulas sebáceas. El exceso de sebo debilita el anclaje del cabello al cuero cabelludo, facilitando su desprendimiento.
Además, estas grasas favorecen un estado de inflamación crónica, elevando marcadores como la Proteína C reactiva, lo que interrumpe la fase de crecimiento capilar. El cuerpo, al detectar inflamación, “apaga” procesos no esenciales, y el cabello es uno de los primeros sacrificados.

Carnes rojas procesadas
El consumo elevado de carnes rojas procesadas, como embutidos o cortes con alto contenido graso, también se asocia con la caída del cabello. Estos productos suelen contener conservadores, sodio y grasas poco saludables que afectan el equilibrio metabólico.
Al mantener al organismo en un estado inflamatorio, el ciclo del cabello se acorta y pasa más rápido a la fase de caída. No se trata de eliminar por completo la carne roja, sino de moderar su consumo y elegir cortes magros.
Alcohol y salud capilar
El alcohol impacta negativamente el cabello por tres vías principales. Primero, acelera la eliminación de minerales como el zinc, fundamental para una cabellera fuerte. Segundo, provoca deshidratación, dejando la fibra capilar más frágil y con menor elasticidad.
Tercero, muchas bebidas alcohólicas generan picos de insulina debido a su contenido de azúcares y carbohidratos, lo que afecta nuevamente la circulación del cuero cabelludo y el desarrollo del pelo.
Dietas extremas y eliminación de grupos alimenticios
Eliminar carbohidratos, grasas o proteínas sin supervisión puede causar deficiencias nutricionales severas. A largo plazo, estas prácticas afectan no solo el cabello, sino también la piel, las uñas y la salud general.
Una dieta balanceada, con proteína suficiente, frutas, verduras, grasas saludables y minerales, suele ser suficiente para prevenir una caída súbita del cabello relacionada con la alimentación.

Caída del cabello: Cuándo acudir con un especialista
Si no tienes antecedentes familiares de calvicie y notas una caída excesiva y repentina, es importante consultar a un médico o nutriólogo. Identificar a tiempo una deficiencia puede revertir el problema antes de que se vuelva crónico.
Cuidar lo que comes es una de las formas más efectivas y naturales de proteger tu cabello. Una buena dieta y un estilo de vida saludable siguen siendo la mejor estrategia para mantenerlo fuerte.


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