El 24 de febrero de 2022, Vladimir Putin lanzó lo que llamó una “operación especial” en Ucrania, una maniobra que prometía ser rápida, limitada y ejemplarizante. Mil días después, la realidad es mucho más sombría. La guerra se ha convertido en un conflicto sangriento y prolongado que ha dejado a su paso cientos de miles de muertos, más de 12 mil civiles asesinados y más de 10 millones de personas desplazadas, generando la mayor crisis humanitaria de nuestro tiempo.
En un giro reciente, durante la celebración del G20 en Río de Janeiro, Putin lanzó un ataque contra la región de Dnipropetrovsk en Ucrania, argumentando que era una respuesta a la decisión de Joe Biden de autorizar misiles de largo alcance para Volodimir Zelensky. La escalada es inminente.
¿Qué hay detrás de la estrategia de Putin?
Putin ha utilizado esta guerra como un escenario para mostrar su poderío, atacando no solo objetivos militares, sino también mercados, hospitales y plazas públicas, sembrando el terror entre los ucranianos.
El presidente ruso ha dejado claro que su respuesta a los misiles aprobados por Estados Unidos no se limitará al territorio ucraniano. Según su declaración más reciente, Rusia “tiene derecho a usar sus armas contra instalaciones militares de cualquier país que permita que sus armas sean usadas contra Rusia”. Este mensaje no solo está dirigido a Ucrania, sino también a los aliados occidentales que la apoyan, elevando el riesgo de una escalada global.
Las armas hipersónicas y el miedo a una guerra mundial
Entre las amenazas más inquietantes de Rusia se encuentran los misiles hipersónicos, como su nuevo modelo balístico capaz de alcanzar velocidades de Mach 3. Estas armas, junto con la posibilidad de un ataque nuclear, han transformado el conflicto en un desafío global.
Por su parte, Biden busca fortalecer la defensa ucraniana, pero su decisión ha encendido la alarma entre analistas internacionales. La apuesta por los misiles de largo alcance parece haber tenido un efecto contraproducente: más ataques, más amenazas y, sobre todo, un prolongado estado de tensión mundial.
¿Un cambio político en Estados Unidos puede detener la guerra?
En medio de esta devastación, el nombre de Donald Trump vuelve a aparecer en las discusiones sobre el conflicto. El expresidente estadounidense ha prometido públicamente que podría resolver la guerra en «cuestión de minutos» si regresa a la Casa Blanca.
Su plan: restringir el apoyo militar a Ucrania, obligar a Zelensky a firmar un cese al fuego y reconocer los territorios ocupados por Rusia. Aunque controvertida, esta postura ha resonado en ciertos sectores internacionales como una posible salida al conflicto. Sin embargo, para Ucrania, este enfoque significaría la pérdida de su soberanía y una claudicación ante el expansionismo ruso.
¿Qué sigue para Ucrania y el mundo?
En las próximas semanas, se prevé un fortalecimiento de las regiones ucranianas ocupadas por Rusia, como Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón, además de Crimea. Al mismo tiempo, el arribo de soldados norcoreanos y el incremento de los ataques en regiones estratégicas como Kursk podrían prolongar aún más esta devastadora guerra.
Mientras tanto, Putin seguirá enviando mensajes contundentes desde sus embajadas en todo el mundo: “Rusia está lista para contrarrestar cualquier ataque de Ucrania y sus aliados”. La incertidumbre domina el escenario internacional, y con ello, la posibilidad de un desenlace pacífico parece cada vez más lejana.
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