Viajar en 2026 ya no se trata solo de tachar destinos de una lista o de encontrar el hotel con mejor vista. El turismo está atravesando una transformación silenciosa que cambia no solo cómo viajamos, sino por qué lo hacemos.
Detrás de los feeds perfectos y las recomendaciones virales, hay un cambio, hoy se viaja con intención. Tecnología, bienestar, sostenibilidad y experiencias con sentido están marcando el rumbo. Estas son las tendencias que realmente están moldeando la forma de viajar en 2026, aunque no siempre se hablen abiertamente.
Viajar ya no es escapar, es conectar
El nuevo viajero no busca huir de su vida cotidiana, sino enriquecerla. En 2026, viajar se conciben como una extensión del bienestar personal y emocional. La pregunta dejó de ser “¿a dónde voy?” para convertirse en “¿qué quiero experimentar?”.
Por eso ganan terreno las experiencias que generan conexión con el entorno: convivir con comunidades locales, aprender oficios tradicionales, participar en rituales culturales o simplemente adaptarse al ritmo del lugar. Viajar deja de ser consumo y se convierte en experiencia vivida.
Sostenibilidad: de discurso a decisión
La sostenibilidad ya no es una etiqueta atractiva, sino un filtro decisivo. Cada vez más personas eligen destinos, alojamientos y actividades según su impacto ambiental y social. En 2026, viajar bien significa viajar con conciencia.
Esto se refleja en decisiones concretas: evitar destinos saturados, preferir rutas alternativas, consumir productos locales y apoyar negocios familiares. El viajero empieza a preguntarse qué deja atrás, no solo qué recuerdos se lleva.
Menos prisa: slow travel
El verdadero lujo contemporáneo es el tiempo. Frente al cansancio de itinerarios saturados, el slow travel se consolida como una respuesta natural. Permanecer más días en un solo lugar, entender su cotidianidad y formar parte, aunque sea brevemente, de su vida diaria se vuelve una aspiración.
Este enfoque permite experiencias más auténticas: mercados locales, gastronomía casera, talleres culturales y una relación más íntima con el entorno. Viajar deja de ser acumulación y se transforma en inmersión.

La IA ya planea tus viajes
Aunque no siempre se diga, en 2026 la plaanificación de viajes dejó de ser completamente humana. La inteligencia artificial actúa como un nuevo agente de viajes: crea itinerarios personalizados, ajusta presupuestos, traduce idiomas y recomienda experiencias diseñadas a la medida.
Esta tecnología no solo ahorra tiempo, también eleva las expectativas. El viajero llega mejor informado, con menos margen de improvisación y con experiencias afinadas a sus gustos, obligando a la industria turística a ofrecer propuestas más cuidadas y personalizadas.
Escapadas cortas con alto valor emocional
No todos los viajes serán largos. Las escapadas breves, especialmente fines de semana extendidos o viajes urbanos, se consolidan como una de las formas más comunes de viajar en 2026. La clave no está en la duración, sino en el diseño.
Conciertos, exposiciones, festivales gastronómicos o eventos culturales se convierten en el motivo principal del viaje. El tiempo es limitado, pero cada experiencia está pensada para generar un impacto emocional fuerte.

Viajar siguiendo historias, no mapas
Las narrativas culturales influyen más que nunca en la elección de destinos. Series, películas, libros y escenas artísticas locales impulsan viajes que buscan revivir una historia más que visitar un lugar.
El set-jetting evoluciona, ya no se trata solo de tomarse la foto en el sitio famoso, sino de entender el contexto, recorrer escenarios secundarios y conectar con la identidad del destino. El viaje se vuelve relato.
El turismo sensorial
Una de las tendencias más poderosas de 2026 es el turismo sensorial. Las experiencias se diseñan para activar los sentidos y generar memorias profundas: rituales de bienestar, spas integrales, gastronomía de origen, catas, talleres artesanales y propuestas que apelan a lo emocional.
El viaje se recuerda por cómo se sintió, no solo por lo que se vio. El bienestar se integra de forma natural y la personalización se vuelve clave.
Eventos deportivos, competencias locales y grandes torneos funcionan como detonantes turísticos. El llamado fan voyage combina pasión, cultura y desplazamiento, generando viajes que giran alrededor de una experiencia deportiva específica.
Más allá del evento, los viajeros exploran la gastronomía, la vida local y la identidad del destino anfitrión, convirtiendo el deporte en una puerta de entrada cultural.
Destinos para viajar en 2026
Labuan Bajo, Indonesia
Entre selvas tropicales y el azul profundo del mar de Flores, Labuan Bajo se consolida como un destino que combina naturaleza, exclusividad y conciencia ambiental. Navegar entre islas vírgenes, bucear y observar al dragón de Komodo en su hábitat natural forma parte de su atractivo.
Dónde alojarte: TA’AKTANA, a Luxury Collection Resort & Spa, inaugurado en 2024, ofrece villas sobre el agua, servicio de mayordomo y diseño inspirado en la cultura local. Su bar flotante y piscina olímpica lo posicionan como un nuevo ícono del lujo asiático.
Bahía de Halong, Vietnam
La Bahía de Halong, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, combina aguas color esmeralda con formaciones de piedra caliza que crean uno de los paisajes más impresionantes de Asia. Navegar entre islotes y ver el atardecer desde el agua es parte esencial de la experiencia.
Dónde alojarte: InterContinental Halong Bay Resort & Residences, con apertura prevista para 2025, contará con playa privada, múltiples restaurantes y vistas privilegiadas a este entorno natural único.
Nikko, Japón: lujo entre naturaleza y tradición
A pocas horas de Tokio, Nikko ofrece montañas, lagos y templos históricos rodeados de naturaleza. Es un destino ideal para quienes buscan lujo vinculado al bienestar, la contemplación y la cultura japonesa.
Dónde alojarte: The Ritz-Carlton, Nikko, ubicado junto al lago Chuzenji, destaca por su spa con experiencia onsen, jardines zen y actividades al aire libre pensadas para desconectar del ritmo urbano.


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