Después del agua, el té es la bebida más consumida del planeta. Pero más allá de la taza humeante, existe un universo cultural que se expresa en rituales, arquitectura, hospitalidad y formas de convivencia que han sobrevivido al paso del tiempo. Desde infusiones intensamente ahumadas hasta ceremonias que duran horas, las casas de té siguen siendo puntos de encuentro donde la historia y la vida cotidiana se mezclan.
La autora Léa Teuscher lo resume así en su libro 150 casas de té que debes visitar antes de morir (Lannoo): el mundo del té está lleno de maravillas, sabores y tradiciones que reflejan la identidad de cada región. Para quienes planean viajar en 2026 y buscan experiencias auténticas, estas casas de té no son una parada más, sino un destino en sí mismo.
A continuación, en La Verdad Noticias te dejamos una selección de cinco casas de té que se ubican alrededor del mundo que merecen un lugar en tu lista de deseos.
Casa de té Lao She, Pekín, China
En Pekín, las casas de té no son silenciosas ni minimalistas. Son espacios vivos donde se conversa, se juega mahjong y se debate mientras el té fluye sin pausa. La Casa de Té Lao She es una de las más emblemáticas de la capital china y ofrece espectáculos nocturnos que incluyen música tradicional, comedia y kung-fu.
La entrada incluye té servido en tazas tradicionales con tapa, aperitivos como semillas de girasol y pistachos, y un ambiente que captura la esencia social del té en China. Un lugar ideal para entender que, aquí, beber té es también participar de la vida pública.

Casa de té Silk Road, Bujará, Uzbekistán
Bujará fue un punto clave en la histórica Ruta de la Seda, y esta casa de té mantiene vivo ese legado. Construida con ladrillos claros y decorada con alfombras de intensos colores, la Casa de Té Silk Road es un refugio perfecto para descansar entre calles antiguas.
El té verde puro es el protagonista, aunque también se ofrecen mezclas especiadas preparadas por un comerciante cuya familia lleva más de 600 años dedicada a las especias. Cardamomo, canela, clavo y bergamota se sirven en delicada porcelana tradicional, con recargas ilimitadas y dulces orientales que completan la experiencia.
Raju Ki Chai, Bombay, India
Bombay vive al ritmo del chai, y Raju Ki Chai es una reinterpretación moderna de los clásicos puestos callejeros donde se debate de cine, política y vida diaria. Fundado en 2017, este espacio conserva la esencia popular del chai ki tapri, pero con un diseño vibrante lleno de colores intensos.
El masala chai se sirve en tazas de arcilla hechas a mano, recuperando una tradición casi olvidada. El menú incluye versiones ayurvédicas, opciones con jengibre fresco y acompañamientos clásicos como el bun maska o los sándwiches callejeros de la ciudad. Un lugar donde tradición y modernidad conviven sin esfuerzo.
Mackintosh at the Willow, Glasgow, Reino Unido
Este salón de té es una joya del Art Nouveau y una pieza viva de la historia del diseño. Inaugurado en 1903, fue concebido como un espacio elegante y accesible, especialmente pensado como alternativa a los pubs dominados por hombres.
Diseñado por Charles Rennie Mackintosh y Margaret Macdonald, conserva interiores originales y mobiliario icónico. Aquí se puede disfrutar una mezcla especial de tés de Sri Lanka y China con pétalos de rosa, acompañada de galletas de manteca, en un ambiente que parece detenido en el tiempo.

Campamento Inara, desierto de Agafay, Marruecos
En el desierto de Agafay, el té de menta es mucho más que una bebida: es un símbolo de hospitalidad. En el Campamento Inara, se ofrece como bienvenida y durante las excursiones, preparado de forma tradicional sobre el fuego.
La ceremonia incluye tres infusiones sucesivas, cada una con un significado: la primera, “amarga como la muerte”; la segunda, “fuerte como la vida”; y la tercera, “dulce como el amor”. Beber té aquí es participar en un ritual ancestral que celebra el encuentro, la confianza y la amistad.
Datos curiosos de las casas de té
Las casas de té no surgieron solo como espacios para beber una infusión. Su origen está ligado a necesidades sociales, económicas y culturales que aún hoy influyen en la forma en que se conciben estos lugares alrededor del mundo.
Nacieron como centros sociales, no como cafeterías
En muchas culturas asiáticas y de Medio Oriente, las casas de té funcionaban como puntos de reunión comunitaria. Eran espacios donde se discutía política, se cerraban acuerdos comerciales, se intercambiaban noticias y se fortalecían lazos sociales, mucho antes de que existiera el concepto moderno de café o bar.
Fueron clave para el comercio y las rutas históricas
Durante siglos, el té fue una de las mercancías más valiosas del mundo. Las casas de té aparecieron estratégicamente en rutas comerciales como la Ruta de la Seda para ofrecer descanso a viajeros y comerciantes. Muchas servían también como lugares para negociar precios y establecer alianzas.
Representaban estatus y refinamiento
En China, Japón y Reino Unido, acudir a una casa de té era señal de educación y buen gusto. El conocimiento sobre tipos de té, rituales de servicio y comportamiento social distinguía a las clases más instruidas, convirtiendo estos espacios en símbolos de sofisticación cultural.
Cumplieron una función espiritual y ritual
En varias regiones, el acto de tomar té está ligado a la meditación, la hospitalidad y la contemplación. Las casas de té ofrecían un ambiente controlado para practicar la atención plena, el silencio o el diálogo respetuoso, dependiendo de la tradición local.
En Europa, especialmente a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas casas de té se convirtieron en alternativas seguras para mujeres, quienes no podían frecuentar bares o pubs. Estos espacios permitieron su participación en la vida social y cultural.
A diferencia de otras bebidas, el té requiere preparación, espera y repetición. Las casas de té nacieron para honrar ese ritmo pausado, fomentando conversaciones largas y encuentros sin prisa, una filosofía que hoy vuelve a valorarse frente a la vida acelerada.
Aunque muchas casas de té desaparecieron con la modernidad, las que siguen vigentes lo hicieron reinventándose: incorporaron arte, música, gastronomía gourmet o turismo cultural, sin perder su esencia como espacios de encuentro.


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