En una era dominada por la tecnología, la imagen de un niño con una tableta o celular se ha vuelto habitual. Sin embargo, detrás de esa escena cotidiana se esconde una alerta silenciosa: el uso excesivo de pantallas en menores de seis años podría estar afectando su desarrollo emocional y cognitivo.
Tanto Unicef como la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que el tiempo frente a dispositivos digitales no aporta beneficios reales a las primeras etapas del aprendizaje. Por el contrario, puede interferir con la capacidad de los niños para reconocer gestos, comprender emociones y desarrollar empatía.
Cómo las pantallas alteran el desarrollo cerebral en la primera infancia
Durante los primeros años de vida, los bebés y niños pequeños dependen de las interacciones cara a cara para comprender el mundo que los rodea. Son las miradas, los gestos y las sonrisas las que enseñan a leer las señales no verbales, un paso fundamental en la formación de las habilidades sociales.
El contacto humano constante estimula la conexión neuronal, fortalece la regulación emocional y fomenta la comunicación. Sin embargo, las pantallas sustituyen esas experiencias con estímulos unidireccionales. Esto puede generar frustración, ansiedad y dificultades para concentrarse o interpretar emociones.
La OMS enfatiza que los menores de dos años no deberían tener ningún tipo de exposición a pantallas, y entre los dos y cuatro años, el tiempo no debería superar una hora diaria.
El impacto emocional y social de la sobreexposición digital
El exceso de tiempo frente a dispositivos puede provocar que los niños pierdan interés por las actividades que estimulan el desarrollo cerebral, como el juego libre, la lectura o la interacción con otros niños.
Además, los menores que pasan muchas horas en entornos digitales tienden a mostrar menos tolerancia a la frustración y mayor dependencia emocional de los dispositivos. La atención inmediata que ofrecen las pantallas genera una sensación de recompensa constante, lo que puede influir en la manera en que el cerebro infantil gestiona el aburrimiento y el esfuerzo.
Recomendaciones para un uso responsable de la tecnología
Unicef propone guiar el uso de la tecnología con acompañamiento adulto y fomentar la exploración del entorno físico y social. Actividades como leer juntos, cocinar o jugar en familia aportan experiencias multisensoriales imposibles de replicar digitalmente.
Si el uso de pantallas es inevitable, se sugiere elegir contenidos educativos, mantener la supervisión constante y establecer horarios claros. Es vital enseñar a los niños a expresar si algo en internet les causa incomodidad o miedo.
El equilibrio, más que la prohibición total, es la clave. La meta no es eliminar la tecnología, sino usarla como una herramienta de aprendizaje y no como sustituto del vínculo humano.


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