jueves, febrero 5, 2026

¿Qué pasa en tu cuerpo si tomas gaseosa todos los días?

Imagina que cada tarde, al llegar del trabajo, destapas una lata de gaseosa. Ese “momento refrescante” parece inocente, incluso merecido tras un día largo. Sin embargo, lo que ocurre dentro de tu cuerpo a partir de ese instante es menos agradable de lo que imaginas. Beber refrescos todos los días, incluso en su versión light, puede desencadenar una serie de efectos que impactan la salud a corto y largo plazo.

Salud bucal: el primer blanco de las gaseosas

El ácido y el azúcar de los refrescos atacan primero tus dientes. Según expertos en odontología, la mezcla de alta acidez con grandes dosis de azúcar se convierte en el ambiente perfecto para que bacterias bucales produzcan ácido láctico, dañando el esmalte y favoreciendo la aparición de caries.

Además, la reducción en la producción de saliva que provocan estas bebidas afecta la capacidad de la boca para defenderse, aumentando la inflamación y el riesgo de enfermedades en las encías.

Irritación gástrica y problemas digestivos

El gas y el ácido carbónico de la gaseosa pueden ser molestos para quienes padecen gastritis, reflujo o úlceras. Aunque no siempre generan daño directo, sí agravan síntomas preexistentes, causando ardor, hinchazón y dolor estomacal.

A esto se suma la alteración de la microbiota intestinal: tanto el azúcar como los edulcorantes artificiales presentes en los refrescos light pueden modificar el equilibrio bacteriano, afectando la digestión y el control de la glucosa.

Azúcar en exceso: impacto en metabolismo y energía

Una sola lata de refresco puede contener hasta 37 gramos de azúcar añadido, superando la cantidad diaria recomendada. Esta carga provoca picos rápidos de glucosa en sangre, seguidos de descensos bruscos que generan fatiga, irritabilidad y antojos por más azúcar.

El consumo frecuente no solo incrementa el riesgo de diabetes tipo 2, sino que también favorece la acumulación de triglicéridos y la disminución del colesterol HDL, aumentando la probabilidad de enfermedad cardiovascular y síndrome metabólico.

Efectos menos visibles, pero duraderos

El hábito de beber gaseosa se relaciona con mayor riesgo de obesidad, hígado graso, gota y daño renal. Además, puede reforzar otros comportamientos poco saludables, como la falta de sueño y el sedentarismo.

Incluso los refrescos light, lejos de ser una opción “segura”, pueden alterar la percepción del dulzor y fomentar un mayor deseo por alimentos ultraprocesados, perpetuando el círculo del consumo excesivo.

Alternativas más saludables

Reducir la ingesta de gaseosas no significa renunciar al placer de una bebida refrescante. Opciones como el agua con gas infusionada con frutas, kombucha, té espumoso o agua saborizada sin azúcar permiten disfrutar de un sabor agradable sin los riesgos asociados al consumo diario de refrescos.

Tomar gaseosa todos los días no es tan inofensivo como parece. Desde la salud bucal hasta la función metabólica, los efectos se acumulan silenciosamente, aumentando riesgos de enfermedades crónicas. Cambiar el hábito por alternativas saludables puede marcar la diferencia para tu bienestar a largo plazo.

Owen Michell
Owen Michell
Owen Michell es nuestro editor especializado en noticias digitales, con un profundo conocimiento en identificar tendencias y desarrollar contenido de consulta. Su experiencia en el panorama digital le permite brindar información relevante y atractiva para nuestra audiencia. Su pericia en el ámbito de las noticias digitales contribuye a la autoridad y actualidad de nuestro sitio.
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