Gotas de orina al toser, reír, estornudar o hacer ejercicio es una situación que muchas mujeres experimentan y que con frecuencia se atribuye al embarazo, al parto o simplemente al paso de los años. Sin embargo, especialistas en salud advierten que este síntoma no debe considerarse normal y podría ser la señal de una alteración importante en el suelo pélvico que requiere atención médica.
La fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y lactancia, Ximena Barriga, explicó para El Heraldo Radio que la incontinencia urinaria es una condición común, pero no normal. Aunque afecta a millones de personas, especialmente mujeres, existen tratamientos efectivos que pueden ayudar a corregir el problema y mejorar significativamente la calidad de vida.
¿Por qué se escapan las gotitas de orina?
Muchas personas aprenden a convivir con pequeñas pérdidas de orina pensando que forman parte natural del envejecimiento o de las secuelas del embarazo. Sin embargo, esta percepción puede retrasar el diagnóstico y tratamiento de un problema que suele empeorar con el tiempo.
Según Barriga, uno de los principales retos es desnormalizar estos síntomas para que quienes los padecen busquen ayuda profesional. La especialista destacó que cualquier escape involuntario de orina representa una señal de que los músculos encargados de sostener órganos como la vejiga, el útero y el recto podrían no estar funcionando correctamente.
¿Qué es el suelo pélvico y por qué es tan importante?
El suelo pélvico está formado por un conjunto de músculos y tejidos que funcionan como una especie de hamaca en la parte inferior del cuerpo. Su misión es sostener órganos fundamentales como la vejiga, el útero y el ano. Cuando estos músculos pierden fuerza o tono, pueden descender más de lo debido durante actividades cotidianas, generando síntomas como pérdidas de orina, sensación de peso en la pelvis o incluso molestias durante algunas actividades físicas.
La falta de fortaleza muscular también puede favorecer otros trastornos relacionados con la continencia y el control de los órganos pélvicos.
Uno de los mitos más extendidos es que la incontinencia urinaria únicamente afecta a mujeres que han tenido hijos. Sin embargo, la realidad es distinta. Barriga explicó que cada vez es más frecuente observar estas alteraciones en mujeres jóvenes que practican deportes de alto impacto, como correr, saltar o levantar pesas.
La razón es que estas actividades generan aumentos importantes de presión dentro del abdomen. Si no existe una correcta coordinación muscular o un adecuado control del suelo pélvico, los músculos pueden sufrir daños progresivos.
Por ello, algunas deportistas comienzan a notar pequeñas gotitas orina incluso a edades tempranas.
Existen distintos tipos de incontinencia
La forma más conocida es la llamada incontinencia urinaria de esfuerzo, que ocurre cuando se escapan pequeñas cantidades de orina al realizar acciones que aumentan la presión abdominal, como toser, reír o estornudar. Sin embargo, también existe la incontinencia de urgencia, una condición en la que la persona siente una necesidad repentina e intensa de ir al baño, pero no logra llegar a tiempo.
En ambos casos, los especialistas recomiendan una valoración profesional para determinar las causas específicas y establecer el tratamiento adecuado.
¿Cómo se diagnostica este problema?
La fisioterapia especializada en suelo pélvico suele iniciar con una entrevista detallada sobre los antecedentes médicos, hábitos cotidianos y síntomas de cada paciente. Posteriormente, el especialista puede realizar una evaluación física para analizar la fuerza, movilidad y funcionamiento de los músculos involucrados.
Barriga aclaró que estas valoraciones se realizan con sensibilidad y respeto, priorizando la comodidad de las personas. Además, para quienes prefieren evitar una exploración interna, existen alternativas como estudios funcionales o tratamientos mediante electroestimulación.
Expertos coinciden en que la incontinencia urinaria no debe verse como una consecuencia inevitable de la edad o la maternidad. Las pérdidas de orina, aunque sean pequeñas y esporádicas, pueden ser la primera señal de una disfunción que afecta la calidad de vida, la actividad física, el descanso e incluso la salud emocional de quienes la padecen.


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