No se trata solo de cerrar los ojos. Dormir se ha vuelto un lujo para millones de argentinos. Según un reciente informe de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño (AMSUE), el 50% de la población tiene problemas para descansar. ¿La razón? Una combinación explosiva: inseguridad, estrés y un contexto socioeconómico que no da tregua.
Mariana, de 62 años, vive en Lanús. “Desde que me entraron a robar, me despierto cada ruido. No hay noche que duerma de corrido”, confiesa. Su caso no es aislado. En especial, las mujeres y los mayores de 60 años presentan mayores dificultades para conciliar el sueño, según el estudio.
La ciencia lo confirma: el estrés impide dormir
Dormir bien no es solo una cuestión de tiempo. El cuerpo necesita bajar revoluciones, relajar músculos, reducir la frecuencia cardíaca y… silenciar los pensamientos.
“El estrés genera una hiperactividad mental incompatible con el descanso”, explica el Dr. Facundo Nogueira, jefe del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas. La mente “rumia” preocupaciones, las revive y las amplifica. Así, el insomnio se convierte en una especie de loop sin salida.
Inseguridad: un enemigo invisible entre las sábanas
Más allá del estrés cotidiano, la inseguridad se ha colado en el dormitorio. El 55% de los argentinos cree que su barrio es más peligroso que hace un año. Y tras sufrir un hecho violento, la ansiedad y el miedo dejan cicatrices mentales que alteran el descanso.
“La sensación de vulnerabilidad es incompatible con un sueño profundo”, señala Carlos Beltrán Rubinos, de Verisure Argentina. Dormir implica entregarse, soltar el control, algo imposible cuando el temor está presente en cada sombra o crujido nocturno.
Hormonas, edad y género: los factores biológicos del insomnio
La biología también juega su rol. Las mujeres, sobre todo después de la menopausia, tienen mayor predisposición al insomnio, en parte por cambios hormonales y en la distribución de grasa corporal que favorecen los trastornos del sueño como la apnea.
A esto se suma que, con la edad, la producción de melatonina —la hormona del sueño— disminuye drásticamente. A los 70 años, el cuerpo genera apenas el 10% de la melatonina que producía en la adolescencia.
Soluciones posibles: de lo individual a lo estructural
Dormir bien no puede ser un lujo. Es una necesidad básica. Los médicos proponen:
- Evitar pantallas antes de dormir
- Cenar liviano y temprano
- Crear rutinas de sueño constantes
- Hacer actividad física durante el día
- Evitar alcohol, azúcar y cafeína de noche
Pero, más allá de los consejos, el problema necesita un abordaje social. “Sin políticas públicas que aborden la inseguridad, el estrés crónico y el deterioro de la calidad de vida, no hay sueño saludable posible”, advierte el Dr. Heredia.


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