En la naturaleza existen grandes aliados para la salud, aunque muchas veces se desconocen los beneficios de ciertos alimentos o de otras partes de ellos que también pueden aprovecharse. Ese es el caso de la guanábana, cuyo fruto es popular en aguas frescas y postres, pero cuyas hojas también se utilizan en infusiones tradicionales.
La Annona muricata, conocida comúnmente como guanábana, es un árbol tropical cuyas hojas contienen compuestos antioxidantes, flavonoides, taninos y alcaloides que han sido estudiados por sus posibles efectos en el organismo. Sin embargo, es importante señalar que estas propiedades no sustituyen tratamientos médicos y que la evidencia científica en humanos aún es limitada en varios casos.
Beneficios del té de hojas de guanábana
Uno de los efectos más mencionados es su posible ayuda en el control de la glucosa. Gracias a sus fitoquímicos, algunas investigaciones preliminares sugieren que podría contribuir a regular los niveles de azúcar en sangre, lo que la ha vinculado con la prevención y control de la diabetes. No obstante, su consumo debe ser supervisado si la persona ya utiliza medicamentos hipoglucemiantes.
También se le atribuye un efecto protector gástrico. Sus antioxidantes podrían ayudar a disminuir la inflamación de la mucosa del estómago y favorecer la protección de la pared gástrica, lo que la convierte en una opción popular entre quienes padecen gastritis leve.
En personas con artritis u otros padecimientos inflamatorios, la infusión es utilizada por sus posibles efectos antiinflamatorios, que podrían contribuir a reducir dolor e inflamación. De igual manera, algunos compuestos presentes en las hojas han sido relacionados con efectos relajantes que podrían favorecer el descanso nocturno.
Otro de los usos tradicionales es como apoyo al sistema inmunológico, debido a su contenido antioxidante.
¿Cómo preparar el té de hojas de guanábana?

Existen dos formas comunes de preparar esta infusión. La primera consiste en hervir un litro de agua y, una vez en ebullición, añadir varias hojas secas de guanábana. Se deja a fuego bajo durante aproximadamente 30 minutos hasta que el líquido se reduzca a la mitad. Después se cuela, se deja enfriar y, si se desea, se puede añadir un poco de limón y miel. Esta preparación puede refrigerarse, pero se recomienda consumirla el mismo día.
La segunda forma es más sencilla. Basta con colocar cinco hojas secas en una taza con agua caliente y dejar reposar durante 10 minutos antes de colar y beber.
¿Cómo secar correctamente las hojas de guanábana?
Para preparar el té de guanábana es recomendable utilizar hojas secas. Estas no deben secarse directamente al sol, ya que la exposición prolongada puede degradar algunos de sus compuestos. Lo ideal es lavar las hojas frescas, retirar el exceso de agua con una toalla limpia y colocarlas extendidas en un lugar fresco y sombreado durante varios días, incluso hasta dos semanas.
Una vez completamente secas, deben guardarse en un frasco de vidrio o bolsa hermética en un sitio seco. Con un almacenamiento adecuado pueden conservarse hasta por un año.
¿Cómo consumirlo?
De forma tradicional, se recomienda una taza al día en ayunas para problemas digestivos leves, apoyo al hígado o control de glucosa. Para molestias inflamatorias como la artritis se suelen consumir dos tazas al día. Algunas personas optan por una taza antes de dormir para favorecer la relajación.
En casos de enfermedades graves como cáncer, algunas recomendaciones populares hablan de hasta tres tazas diarias. Sin embargo, esta práctica debe realizarse únicamente con supervisión médica y nunca como sustituto del tratamiento profesional.
Contraindicaciones y precauciones
El té de hojas de guanábana está contraindicado en mujeres embarazadas y en niños. También debe evitarse o consumirse con extrema precaución en personas que toman medicamentos para la hipertensión, ya que podría potenciar el efecto y bajar demasiado la presión arterial.
No se recomienda ingerir más de dos tazas al día durante periodos prolongados sin supervisión médica. Una práctica prudente es consumirlo por no más de cinco días a la semana y descansar dos días.
Antes de incorporar cualquier remedio natural a la rutina, especialmente si se padece una enfermedad crónica, lo más recomendable es consultar a un profesional de la salud para evitar interacciones o efectos adversos.


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