El terror volvió a apoderarse de Guerrero. En plena madrugada del viernes, automovilistas que transitaban por la Autopista del Sol, a la altura de la caseta de Palo Blanco, se toparon con una escena dantesca: dos cuerpos desmembrados, dentro de bolsas negras, abandonados cerca del puente Alquitrán. Las víctimas, un hombre y una mujer, fueron dejadas en plena vía federal, exhibiendo el poderío y la impunidad con la que actúan los grupos criminales en la región.
La violencia no se detuvo allí. Esta brutal escena marcó solo el inicio de una jornada que terminaría con al menos 15 personas asesinadas entre la capital Chilpancingo y el puerto de Acapulco, en un nuevo capítulo de terror que evidencia la fractura del Estado de derecho en Guerrero.
Acapulco: decapitaciones, tortura y ejecuciones
El jueves, Acapulco vivió una de las jornadas más violentas del año. Desde tempranas horas, comenzaron a localizarse cuerpos en distintos puntos del puerto. Para el mediodía, siete cadáveres habían sido reportados, cinco de ellos decapitados.
Cuatro cabezas fueron encontradas dentro de taxis abandonados en puntos distintos de la ciudad, una imagen que recuerda prácticas del crimen organizado destinadas a enviar mensajes de dominio territorial y terror.
Por la noche, la violencia escaló. A las 7:30 p.m., fue encontrado el cuerpo sin vida de un hombre en la colonia Unidad Ciudadana. Apenas hora y media después, cuatro cuerpos más, con señales evidentes de tortura, manos y pies atados y torniquetes en el cuello, fueron hallados detrás de una iglesia en el fraccionamiento Mozimba, al poniente de Acapulco.
En el área rural del municipio, en el poblado Los Órganos, un hombre fue perseguido y ejecutado a balazos por presuntos sicarios, completando así una cifra escalofriante: 13 asesinatos en menos de 24 horas en un solo municipio.
El crimen desafía al Estado: atacan al Ministerio Público
Como si los asesinatos no bastaran, entre el domingo y el martes se registraron tres ataques armados contra instalaciones del Ministerio Público (MP), un hecho que refuerza la narrativa de una autoridad rebasada.
- El domingo, sujetos armados dispararon contra las oficinas del MP en el fraccionamiento Costa Azul, sin dejar heridos.
- El martes por la noche, dos agencias más fueron atacadas de manera casi simultánea; una trabajadora resultó lesionada por arma de fuego.
- En un tercer atentado, hombres armados lanzaron una granada de fragmentación contra la sede del MP en la unidad habitacional El Coloso. La explosión ocurrió a metros del inmueble.
Estos ataques no solo representan una afrenta directa contra las instituciones de justicia, sino también un mensaje claro de impunidad, donde los criminales ya no solo intimidan a la ciudadanía, sino que también desafían abiertamente al aparato estatal.
Guerrero: un estado atrapado entre la violencia y el silencio
Las imágenes de cuerpos mutilados, las ráfagas de metralla en las noches y las explosiones en las oficinas de procuración de justicia son ya parte del paisaje cotidiano en Guerrero. La normalización del horror se ha instalado como una rutina mortal, en la que la vida pierde valor y el miedo se convierte en moneda común.
Mientras las autoridades federales prometen estrategias de seguridad y pacificación, la realidad en municipios como Acapulco y Chilpancingo revela un estado sumido en una espiral de violencia, donde la ciudadanía sobrevive entre amenazas, silencios forzados y un sistema de justicia cada vez más frágil.


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