El pasado 20 de enero, Donald Trump asumió su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos, marcando el inicio de una nueva etapa en la política exterior estadounidense. A diferencia de su primer gobierno, donde América Latina no fue una prioridad, esta vez el panorama es distinto.
Desde su campaña, Trump dejó claro que Latinoamérica jugaría un papel central en su estrategia geopolítica. La designación de Marco Rubio como Secretario de Estado, un conocido opositor de los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, confirma que su administración pondrá especial énfasis en la región.
El impacto de esta política no será homogéneo, pues cada país enfrentará desafíos distintos dependiendo de su relación con Estados Unidos.
México: aranceles, migración y narcotráfico
El país más afectado por la nueva administración de Trump será, sin duda, México, tanto por su proximidad geográfica como por su relación comercial con Estados Unidos.
- Aranceles: Trump ha impuesto un 25% de impuestos a las exportaciones mexicanas, aunque su aplicación ha sido suspendida temporalmente por un mes.
- Migración: La política de deportaciones masivas ha aumentado, afectando a miles de migrantes.
- Narcotráfico: La posible designación de los cárteles como organizaciones terroristas podría derivar en sanciones económicas y mayor intervención en territorio mexicano.
El gobierno mexicano deberá equilibrar acuerdos y concesiones con Estados Unidos para evitar un colapso en la relación bilateral.
El endurecimiento de sanciones contra Cuba, Nicaragua y Venezuela
Los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela enfrentarán una de las etapas más difíciles de los últimos años debido a las medidas que Trump y Rubio están dispuestos a aplicar.
- Cuba: Se prevén sanciones más severas, afectando aún más su economía.
- Nicaragua: El gobierno de Daniel Ortega enfrentará nuevas restricciones comerciales.
- Venezuela: La presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro aumentará, con sanciones y restricciones a la compra de petróleo.
A nivel regional, estas medidas pueden incrementar la crisis económica en estos países y, en consecuencia, aumentar los flujos migratorios hacia Estados Unidos.
Colombia: un nuevo frente de tensión con Washington
Uno de los primeros países en confrontar abiertamente a Trump fue Colombia, cuando el presidente Gustavo Petro se negó a recibir aviones militares con deportados.
Este hecho marcó un hito en la relación bilateral, pues ningún gobierno colombiano había rechazado una petición de Washington con anterioridad.
Mientras Petro siga en el poder, la relación seguirá siendo tensa, y Estados Unidos fortalecerá alianzas con la ultraderecha colombiana. No es casualidad que Fernanda Cabal, senadora del uribismo, haya sido invitada a la toma de posesión de Trump.
El objetivo será desacreditar al actual gobierno y favorecer el regreso del uribismo en las elecciones de 2026, lo que devolvería a Colombia a su tradicional papel de aliado estratégico de Estados Unidos.
Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay: diálogo estratégico con EE.UU.
Algunos gobiernos latinoamericanos, como Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay, han optado por mantener una postura de diálogo con la nueva administración estadounidense.
- Brasil tiene una posición privilegiada por su vínculo con los BRICS, lo que le otorga cierta independencia económica y política frente a Washington.
- Chile y Bolivia enfrentan crisis internas y buscan evitar una confrontación directa con Trump.
- Uruguay mantiene una relación estable con Estados Unidos y prioriza el comercio.
En este contexto, estos países buscarán evitar sanciones o presiones económicas por parte de Washington, adoptando una estrategia de negociación.
El impacto en las elecciones latinoamericanas
El 2025 y 2026 serán años clave en la política latinoamericana, con elecciones en Ecuador, Bolivia, Chile, Honduras y Colombia.
Si los candidatos de derecha logran imponerse en estos comicios, la influencia de Trump en la región se fortalecerá. Esto podría significar una nueva ola de gobiernos alineados con Washington, con políticas de privatización y reducción del Estado.
Trump y Rubio buscarán incidir en estos procesos electorales, apoyando a candidatos que promuevan agendas favorables a los intereses estadounidenses.
Fragmentación política: el mayor desafío para América Latina
Uno de los principales obstáculos para que los gobiernos latinoamericanos puedan hacer frente a las políticas de Trump es la falta de unidad regional.
Históricamente, América Latina ha sido un territorio fragmentado, lo que ha permitido a Estados Unidos imponer su agenda a través de acuerdos bilaterales en lugar de negociaciones colectivas.
Marco Rubio ya ha iniciado una gira por varios países de Centroamérica, fortaleciendo la estrategia de dividir a la región para facilitar la implementación de la agenda estadounidense.
Los movimientos sociales: clave en la resistencia
Ante este escenario, los movimientos sociales y sectores progresistas de América Latina jugarán un papel clave en la defensa de derechos y soberanía.
Desde sindicatos hasta organizaciones de derechos humanos, la sociedad civil tendrá que movilizarse para:
- Frenar medidas que atenten contra los derechos laborales y sociales.
- Proteger la democracia y evitar la injerencia de EE.UU. en elecciones.
- Promover la integración regional como alternativa ante la fragmentación.
La historia de América Latina ha sido una constante lucha entre la soberanía y la influencia extranjera. Con el regreso de Trump al poder, la región enfrenta una de sus mayores pruebas en términos de autonomía y estabilidad política.
Cada país adoptará estrategias distintas para enfrentar la nueva realidad, pero el desafío sigue siendo el mismo: evitar que las presiones externas limiten el desarrollo y la soberanía de América Latina.
Los próximos años serán determinantes para el futuro de la región.
¡Únete a nuestro canal de Telegram! Las noticias más relevantes del día directamente en tu dispositivo móvil.


TE PODRÍA INTERESAR