Desde el lunes, altos funcionarios de China y Estados Unidos iniciaron una nueva ronda de negociaciones comerciales en Londres, buscando aliviar una guerra arancelaria que amenaza la estabilidad económica global y tiene a Asia en vilo.
El futuro económico de Asia y, por extensión, del mundo, pende de un hilo mientras las delegaciones de China y Estados Unidos se encuentran en Londres para el segundo día de conversaciones cruciales. Estas negociaciones, precedidas por una llamada telefónica entre los presidentes Xi Jinping y Donald Trump el pasado 7 de junio, buscan desactivar la escalada de aranceles y encontrar un terreno común que evite una posible recesión global. La atmósfera es de cauteloso optimismo, con un asesor de Trump declarando que espera «un gran y fuerte apretón de manos», una señal de las altas expectativas depositadas en este encuentro.
No obstante, el camino hacia un acuerdo está plagado de obstáculos, ya que estas conversaciones van más allá de simples aranceles. Se trata de una compleja disputa por el dominio tecnológico y la reconfiguración de las cadenas de suministro globales, con Asia como epicentro de esta contienda. Los puntos de fricción, como el control de las exportaciones de tierras raras y las restricciones a los chips de inteligencia artificial, revelan una lucha más profunda por la supremacía en las tecnologías del futuro. Cualquier pacto que no aborde estas tensiones estructurales podría resultar frágil, dejando a las economías asiáticas, principales productoras y consumidoras de tecnología, en una posición vulnerable mientras buscan construir resiliencia, como se evidenció en la reciente cumbre ASEAN-GCC-China que exploró la diversificación de socios comerciales.
Puntos clave en la agenda y fricciones recientes
La agenda de las conversaciones en Londres está dominada por temas de alta sensibilidad. Uno de los principales es la exportación de minerales de tierras raras, elementos cruciales para la fabricación de desde smartphones hasta vehículos eléctricos y equipamiento militar. China, que ostenta una posición dominante en la minería y procesamiento de estos minerales, había implementado restricciones a su exportación, generando preocupación a nivel mundial. Sin embargo, recientes informes sugieren que Beijing está atendiendo las quejas y podría flexibilizar su postura. Esta situación evidencia cómo China puede utilizar su control sobre recursos estratégicos como una herramienta de negociación.
Otro frente de tensión es el sector tecnológico, especialmente los semiconductores. Las directrices del Departamento de Comercio de EEUU, que sugieren que el uso de chips de IA de Huawei (como los Ascend AI) podría violar los controles de exportación estadounidenses debido a la posible utilización de tecnología americana en su desarrollo, han exacerbado las fricciones. China ha expresado su descontento por lo que considera un intento de limitar su acceso a tecnología avanzada. A esto se suma la controversia generada por el plan de Estados Unidos de revocar los visados de algunos estudiantes chinos, una medida que añade más leña al fuego de las disputas bilaterales.
La «pausa» de 90 días en la imposición de nuevos aranceles, acordada previamente en Ginebra , y el optimismo cauteloso que rodea estas conversaciones podrían interpretarse como una táctica de ambas potencias para ganar tiempo. Tanto Washington como Beijing enfrentan presiones económicas internas y, en el caso de Estados Unidos, un panorama electoral que podría influir en la búsqueda de «victorias» visibles a corto plazo. China, por su parte, lidia con desafíos como presiones deflacionarias. Este contexto sugiere que, si bien se podrían alcanzar alivios temporales, las disputas fundamentales sobre tecnología e influencia global probablemente persistirán, obligando a las economías asiáticas a navegar en una «nueva normalidad» caracterizada por la incertidumbre geopolítica y geoeconómica prolongada.
Reacciones del mercado y perspectivas
A pesar de las tensiones subyacentes, los mercados financieros asiáticos han reaccionado positivamente al inicio de esta nueva ronda de conversaciones. Las bolsas de Tokio, Hong Kong, Shanghái, Seúl y Singapur registraron ganancias, reflejando el optimismo de los inversores ante la posibilidad de un acuerdo. Esta sensibilidad de los mercados asiáticos a las relaciones entre China y Estados Unidos demuestra la profunda interconexión económica y el impacto directo en la confianza inversora.
«Estamos haciendo bien con China. China no es fácil.» – Donald Trump, Presidente de EEUU.
Sin embargo, los analistas también advierten sobre los riesgos. Un fracaso en las negociaciones, sumado a posibles recortes de gasto en Estados Unidos, podría desencadenar una contracción económica global. La dependencia de los mercados asiáticos de la estabilidad entre las dos mayores economías del mundo es evidente, pero también resalta su vulnerabilidad. Esta situación podría estar impulsando una búsqueda de mayor autonomía económica regional, como se observa en el fortalecimiento de bloques como la ASEAN y la búsqueda de acuerdos con otros actores globales como el Consejo de Cooperación del Golfo (GCC).
La postura de China: «Recalibrando el rumbo»
Desde Beijing, la perspectiva es de cautela y firmeza. En su reciente llamada con el presidente Trump, Xi Jinping utilizó la metáfora de «recalibrar la dirección del barco gigante de las relaciones China-EEUU», señalando la necesidad de establecer un rumbo correcto y evitar perturbaciones. Fuentes chinas también han acusado a ciertos funcionarios estadounidenses de desviarse del camino acordado tras la reunión de Ginebra, sembrando dudas sobre los logros alcanzados.
Impacto potencial en Asia
El desenlace de estas negociaciones tendrá repercusiones directas y significativas para todo el continente asiático. Un acuerdo podría aliviar las presiones sobre las cadenas de suministro, impulsar las exportaciones asiáticas y fomentar la inversión. Por el contrario, un fracaso podría intensificar la guerra comercial, aumentar la incertidumbre y frenar el crecimiento económico en una región vital para la economía global. La capacidad de las naciones asiáticas para diversificar sus relaciones comerciales y fortalecer la cooperación regional, como se vio en la reciente cumbre trilateral ASEAN-GCC-China, será clave para navegar el complejo panorama que se defina en Londres.
Las próximas horas serán determinantes. Asia y el mundo observan con atención, esperando que el diálogo prevalezca sobre la confrontación.


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