El 3 de junio en Francia, en una reunión discreta pero trascendental, el ministro de Comercio de China, Wang Wentao, y el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefcovic, dieron un paso clave para evitar un choque frontal entre dos gigantes económicos. El tema central: los vehículos eléctricos chinos y la tensión por los subsidios y aranceles impuestos por la Unión Europea.
Durante semanas, los titulares advirtieron sobre una posible guerra comercial en pleno auge del sector eléctrico. La UE había lanzado una investigación por subvenciones ilegales a fabricantes como BYD, NIO y XPeng, que en los últimos años han irrumpido con fuerza en el mercado global.
Wang Wentao llegó con una propuesta: avanzar hacia un compromiso de precios justo, que evite nuevos aranceles y garantice condiciones equitativas. El comunicado oficial chino fue claro: las conversaciones fueron “centradas, francas y exhaustivas”, pero aún queda camino por recorrer.
Un canal verde para exportar tierras raras
Como parte de este acercamiento, Beijing propuso algo que pocos esperaban: un “canal verde” aduanero exclusivo para acelerar la exportación de tierras raras, insumo clave para baterías, celulares y vehículos eléctricos.
Las tierras raras, muchas veces invisibles en la prensa general, son el corazón de la industria tecnológica. Sin ellas, no hay transición energética posible. Y China domina más del 60% de su producción global.
Este canal permitiría a la UE un acceso más rápido y seguro, en un momento donde la seguridad del suministro es un factor geopolítico central.
El terremoto BYD: autos a menos de 8 mil dólares
Mientras tanto, desde Shanghái, una noticia comercial agitó el tablero: BYD, el mayor fabricante de autos eléctricos de China, redujo drásticamente los precios de 22 modelos. El hatchback Seagull, por ejemplo, cayó a solo 7.700 dólares. Una cifra impensable en Europa o América.
Aunque aplaudida por consumidores, la medida encendió las alarmas de las autoridades chinas. El propio Ministerio de Industria advirtió que “no hay ganadores en una guerra de precios” y que este fenómeno amenaza la inversión en I+D, además de la reputación de los productos chinos.
El 1 de junio, el Diario del Pueblo —voz oficial del Partido Comunista— criticó los modelos “de bajo precio y baja calidad”, instando a preservar la imagen del “Made in China”.
Más allá de los autos: el comercio del futuro
Este no es solo un debate sobre precios. Es una batalla por el liderazgo tecnológico del siglo XXI. Europa, que busca fortalecer su industria eléctrica, teme perder terreno frente al avance chino. Y China, a su vez, necesita mantener sus exportaciones en un mundo cada vez más proteccionista.
Si el acuerdo avanza, será una muestra de que, en medio de tensiones, aún es posible dialogar. Pero si fracasa, podrían imponerse aranceles que desaten una nueva escalada.
El comercio internacional se transforma. Y lo que suceda entre China y la UE no será solo una noticia económica: marcará el rumbo de la movilidad, la energía y la tecnología global en la próxima década.


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