miércoles, enero 7, 2026

Anexión de Groenlandia: Europa cierra filas ante amenazas de Trump

Alemania y Lituania respaldan a Dinamarca frente a las amenazas de Trump de anexionar Groenlandia y refuerzan la defensa europea en el marco de la OTAN

La anexión de Groenlandia volvió a convertirse en un tema central de la agenda internacional luego de que Alemania y Lituania expresaran su respaldo total a Dinamarca frente a las recientes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump. Las declaraciones no solo reavivaron una polémica que parecía enterrada, sino que encendieron alertas sobre la estabilidad del orden internacional, la seguridad en el Ártico y los límites del poder de las grandes potencias.

Desde Vilna, capital de Lituania, los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países enviaron un mensaje claro: la soberanía de Groenlandia no está en discusión y cualquier intento de modificar su estatus debe abordarse exclusivamente bajo el marco del derecho internacional.

Groenlandia, Dinamarca y el peso estratégico del Ártico

Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, al igual que el archipiélago de las Islas Feroe. Aunque goza de un alto grado de autonomía, su pertenencia al Estado danés es incuestionable desde el punto de vista legal y diplomático. Sin embargo, su ubicación geográfica y su riqueza estratégica la han convertido en una pieza clave dentro del tablero geopolítico global.

El Ártico es hoy una de las regiones más disputadas del planeta. El deshielo abre nuevas rutas marítimas, facilita el acceso a recursos naturales y redefine las estrategias militares de las potencias. En este contexto, la anexión de Groenlandia aparece como una idea que va más allá de la retórica política y toca intereses de seguridad nacional.

Alemania advierte: la OTAN entra en la ecuación

Durante la rueda de prensa conjunta, el canciller alemán Johann Wadephul recordó un punto fundamental: Dinamarca es miembro de la OTAN, y por extensión, Groenlandia también está bajo el paraguas de defensa colectiva de la alianza.

Esto significa que cualquier amenaza contra el territorio groenlandés no sería un asunto bilateral, sino un desafío directo a la seguridad euroatlántica. Wadephul subrayó que, si se detecta la necesidad de reforzar la defensa en relación con Groenlandia, esta deberá discutirse de forma conjunta dentro de la OTAN.

La anexión de Groenlandia, en este escenario, dejaría de ser una provocación política para convertirse en un problema de seguridad internacional de primer orden.

Lituania y la defensa del derecho internacional

El ministro lituano Kestutis Budrys fue aún más explícito al afirmar que su país se solidariza plenamente con Dinamarca. Destacó que todas las cuestiones relacionadas con Groenlandia deben tratarse de manera clara, inequívoca y sin segundas intenciones, siempre dentro del respeto al derecho internacional.

Para los países bálticos, que históricamente han enfrentado presiones geopolíticas de potencias mayores, el principio de soberanía territorial es una línea roja. La anexión de Groenlandia, desde esta óptica, sentaría un precedente peligroso para el equilibrio global.

Trump y la lógica de la seguridad nacional

Donald Trump ha reiterado que Estados Unidos “necesita Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Este argumento, aunque respaldado por consideraciones militares y estratégicas, ha sido rechazado de manera contundente por Dinamarca y por otros países europeos como Suecia, Noruega y Finlandia.

Más allá de la provocación, estas declaraciones reflejan una visión del mundo basada en la competencia entre potencias, donde el control territorial vuelve a ocupar un lugar central. En ese contexto, la anexión de Groenlandia se convierte en un símbolo del choque entre el unilateralismo y el multilateralismo.

Europa responde con unidad diplomática

La reacción coordinada de Alemania y Lituania muestra un esfuerzo por cerrar filas y enviar un mensaje de cohesión europea. No se trata solo de defender a Dinamarca, sino de proteger un modelo de relaciones internacionales basado en reglas, alianzas y consensos.

Esta postura también refuerza la credibilidad de la Unión Europea como actor geopolítico, capaz de responder de manera conjunta ante presiones externas. En el fondo, la anexión de Groenlandia funciona como un catalizador que acelera debates sobre defensa común, autonomía estratégica y el papel de Europa en el mundo.

Un precedente que Europa no está dispuesta a aceptar

La controversia en torno a Groenlandia deja claro que el Ártico será uno de los grandes escenarios de tensión en los próximos años. Recursos, rutas comerciales y posicionamiento militar convergen en una región que hasta hace poco parecía periférica.

Al cerrar filas con Dinamarca, Alemania y Lituania buscan dejar un mensaje inequívoco: la anexión de Groenlandia no es una opción aceptable y cualquier intento de imponerla tendrá una respuesta diplomática y estratégica coordinada.

Al final, más que una disputa territorial, el caso de Groenlandia revela el pulso entre dos visiones del orden internacional. Y Europa, al menos por ahora, ha decidido defender la soberanía, las alianzas y las reglas que han sostenido la estabilidad global durante décadas.

Unidad de Investigación
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Equipo de periodismo de profundidad dedicado a la cobertura de seguridad, justicia y derechos humanos. Comprometidos con la verificación de datos y la exposición de hechos de alto impacto social
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