martes, enero 13, 2026

Petrolero venezolano: EEUU intensifica el bloqueo tras cacería en el Atlántico

EEUU intenta incautar un petrolero venezolano tras dos semanas de persecución naval que eleva la tensión con Rusia y redefine el bloqueo energético.

Petrolero venezolano es hoy la expresión que resume una operación naval de alto riesgo que se extiende más allá del comercio energético y entra de lleno en la geopolítica global. Durante más de dos semanas, Estados Unidos persiguió a un buque vinculado a Venezuela a través del Atlántico, en una operación encabezada por la Guardia Costera y respaldada por el ejército estadounidense.

El barco, originalmente identificado como Bella-1 y ahora rebautizado como Marinera bajo bandera rusa, logró evadir repetidos intentos de abordaje y el llamado “bloqueo total” impuesto por Washington a los petroleros sancionados de Venezuela. La persecución no solo expuso las nuevas tácticas de evasión marítima, sino que elevó las tensiones con Rusia, cuyos buques militares, incluido un submarino, se encontraban en las inmediaciones durante la operación.

El bloqueo marítimo como arma estratégica

Desde el 16 de diciembre, el gobierno de Donald Trump activó una de las mayores operaciones de presión económica de la historia moderna contra Venezuela. El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó la medida como una “cuarentena total” destinada a paralizar la principal fuente de ingresos del país: el petróleo.

Este bloqueo marítimo se enfoca específicamente en los llamados “buques fantasma”, petroleros sancionados que transportan crudo venezolano ocultando su identidad o ubicación. La excepción notable ha sido Chevron, cuyos envíos a la costa del Golfo de México continúan bajo un régimen especial.

El petrolero venezolano perseguido representa el tercer caso documentado desde la implementación del bloqueo, pero es el más complejo y simbólico por su duración, su cercanía con fuerzas rusas y su negativa explícita a permitir el abordaje.

Evasión, engaño y saturación del bloqueo

Las imágenes satelitales analizadas por The New York Times revelan un patrón inquietante. Hasta hace semanas, al menos 16 petroleros permanecían atracados en puertos venezolanos. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, todos desaparecieron de forma casi simultánea.

Cuatro de estos buques fueron rastreados navegando hacia el este, utilizando nombres falsos y manipulando sus sistemas de posicionamiento en una táctica conocida como spoofing. Otros 12 apagaron completamente sus señales, convirtiéndose en incógnitas flotantes en el Atlántico.

Según expertos en tráfico marítimo, esta estrategia no busca invisibilidad total, sino saturar la capacidad de interdicción estadounidense. “La única forma real de romper un bloqueo naval es inundarlo con múltiples salidas coordinadas”, explicó Samir Madani, cofundador de TankerTrackers.com.

Un desafío directo al poder interino

Las salidas de estos buques no contaron con autorización del gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez, lo que sugiere un primer acto de desafío interno al nuevo control político. Comunicaciones internas de la petrolera estatal venezolana indican que varios petroleros fueron contratados por comerciantes sancionados como Alex Saab y Ramón Carretero, ambos vinculados históricamente al entorno de Maduro.

A mitad de esta crisis, el petrolero venezolano se convierte en símbolo de una pugna que no solo es externa, sino también interna, entre facciones que buscan mover el crudo a toda costa antes de que las instalaciones de almacenamiento colapsen.

Riesgos económicos y técnicos para Venezuela

El bloqueo marítimo ha colocado a Venezuela contra el reloj. Con los depósitos de crudo cerca de su capacidad máxima, detener la producción podría dañar irreversiblemente la infraestructura petrolera, afectando pozos, oleoductos y tanques de almacenamiento.

Este escenario obliga a una huida desesperada del crudo, aun bajo el riesgo de incautaciones, sanciones adicionales o enfrentamientos en alta mar. Para Caracas, cada petrolero que logra escapar representa oxígeno financiero; para Washington, cada incautación refuerza su estrategia de asfixia económica.

El factor Rusia y la dimensión global

La presencia de buques rusos cerca del Marinera añade una capa de complejidad geopolítica. Aunque no se ha confirmado una intervención directa, la sola proximidad militar eleva el riesgo de escaladas diplomáticas o incidentes no deseados.

Estados Unidos, al perseguir un petrolero venezolano bajo bandera rusa, envía un mensaje que trasciende a Venezuela: el control de las rutas energéticas es también un campo de disputa entre potencias.

El petróleo como campo de batalla

El petrolero venezolano perseguido en el Atlántico no es solo un barco cargado de crudo. Es el reflejo de un país bajo presión extrema, de un bloqueo marítimo sin precedentes y de una reconfiguración del poder global donde la energía vuelve a ser arma estratégica.

Al final, cada petrolero que huye o es incautado redefine el equilibrio entre sanciones, soberanía y supervivencia económica. Y mientras el Atlántico se convierte en escenario de esta nueva guerra silenciosa, el petrolero venezolano permanece como el símbolo flotante de un conflicto que aún está lejos de resolverse.

Unidad de Investigación
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Equipo de periodismo de profundidad dedicado a la cobertura de seguridad, justicia y derechos humanos. Comprometidos con la verificación de datos y la exposición de hechos de alto impacto social
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