La violencia familiar en CDMX sigue siendo una de las problemáticas más persistentes y dolorosas en la capital del país. Entre 2024 y 2025, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México recibió 62 mil 187 reportes, una cifra que refleja no solo la magnitud del problema, sino también el miedo, el silencio y las decisiones difíciles que enfrentan miles de víctimas cada día.
Detrás de cada llamada hay una historia: discusiones que escalan, agresiones que se repiten y hogares que dejan de ser espacios seguros. La mayoría de los reportes corresponden a mujeres jóvenes, principalmente de entre 18 y 30 años, una etapa de la vida en la que muchas están construyendo su independencia emocional, laboral y familiar.
Quiénes son las principales víctimas y agresores
Los datos revelan un patrón claro. En casi la mitad de los casos, el agresor es la pareja sentimental de la víctima. Esta cercanía emocional convierte la violencia en un ciclo difícil de romper, marcado por la dependencia económica, los hijos en común y el miedo a represalias.
La agresión física es la forma más frecuente de violencia reportada. En muchos casos, los agresores utilizan objetos punzocortantes, armas de fuego e incluso sustancias químicas, lo que eleva el riesgo y la gravedad de las situaciones que enfrentan las víctimas.
Llamadas diarias y focos rojos en la ciudad
En promedio, el Consejo Ciudadano recibe 53 llamadas diarias relacionadas con violencia familiar. Las alcaldías con mayor número de solicitudes de ayuda son:
- Iztapalapa
- Gustavo A. Madero
- Álvaro Obregón
- Cuauhtémoc
- Tlalpan
Estas demarcaciones concentran una combinación de factores sociales, económicos y de densidad poblacional que hacen más visible el problema, aunque la violencia familiar en CDMX atraviesa todas las zonas y niveles socioeconómicos.
Cuando denunciar no es una opción inmediata
Uno de los datos más reveladores es que 41 por ciento de las personas que piden ayuda solo solicitan orientación, sin presentar una denuncia formal. Las razones son profundas y complejas: el agresor es el padre de sus hijos, existe dependencia económica o simplemente no se sienten emocionalmente preparadas para iniciar un proceso legal.
Aun así, el acompañamiento jurídico ha permitido que en los últimos dos años se abran 497 carpetas de investigación, un paso importante, aunque insuficiente frente al volumen de reportes.
Apoyo psicológico: una pieza clave para romper el ciclo
El Consejo Ciudadano no limita su atención al ámbito legal. Muchas víctimas reciben apoyo psicológico, con procesos que pueden extenderse de nueve a 12 sesiones. Este acompañamiento es fundamental para que las personas recuperen su autoestima, comprendan la dinámica de la violencia y fortalezcan su capacidad de tomar decisiones seguras.
En numerosos casos, este apoyo es el primer paso antes de una denuncia formal, permitiendo que la víctima gane claridad y fortaleza emocional.
Canales seguros y confidenciales de ayuda
Las personas afectadas por violencia familiar pueden comunicarse de manera gratuita y confidencial vía telefónica o WhatsApp al número 55 5533 5533. No es obligatorio proporcionar el nombre real; incluso se permite el uso de seudónimos, y se asigna un folio para dar seguimiento al caso.
Este enfoque busca reducir el miedo inicial y facilitar el acceso a la ayuda, entendiendo que dar el primer paso suele ser el más difícil.
Coordinación institucional y espacios seguros
El trabajo del Consejo Ciudadano se articula con los centros de justicia y con la Secretaría de las Mujeres, tanto a nivel local como federal. El objetivo es ofrecer espacios seguros, atención integral y rutas claras para proteger a las víctimas y, cuando es posible, alejarlas del agresor.
Sin embargo, episodios recientes han evidenciado la complejidad del problema. Intervenciones policiales derivadas de reportes de violencia familiar pueden escalar rápidamente, generando versiones encontradas y tensiones adicionales para las familias involucradas.
Violencia familiar en CDMX: un desafío urgente
La violencia familiar en CDMX no es un fenómeno aislado ni ocasional. Es una emergencia social que exige atención constante, prevención, acompañamiento psicológico y mecanismos de protección efectivos.
Cada llamada representa una oportunidad para salvar una vida, romper un ciclo y devolver la seguridad a un hogar. Visibilizar el problema es el primer paso para enfrentarlo y recordar que pedir ayuda nunca es un acto de debilidad, sino de valentía.


TE PODRÍA INTERESAR