Ejercicio en ayunas es una práctica cada vez más común entre quienes buscan quemar grasa, mejorar su rendimiento físico o ahorrar tiempo al entrenar por la mañana. La idea de hacer actividad física con el estómago vacío genera debate: mientras algunos aseguran que potencia la pérdida de grasa, otros advierten sobre posibles riesgos para la salud. Entonces, ¿es realmente buena idea entrenar sin comer antes?
La ciencia y los expertos en nutrición coinciden en algo clave: no es una práctica universal, y sus efectos dependen del tipo de ejercicio, la intensidad, la duración y el estado de salud de cada persona.

Qué significa hacer ejercicio en ayunas
Hacer ejercicio en ayunas implica entrenar después de un periodo prolongado sin ingerir alimentos, generalmente tras dormir entre 8 y 12 horas. En este estado, los niveles de glucógeno (la principal fuente de energía almacenada en los músculos y el hígado) son más bajos, por lo que el cuerpo recurre con mayor facilidad a las reservas de grasa.
Este enfoque es común en entrenamientos matutinos, especialmente en actividades como caminar, trotar suave o sesiones ligeras de cardio.
Posibles beneficios del ejercicio en ayunas
Uno de los beneficios más citados es el aumento en la oxidación de grasa. Algunos estudios muestran que entrenar en ayunas puede hacer que el cuerpo utilice un mayor porcentaje de grasa como combustible, en comparación con entrenar después de comer.
También se ha observado que puede mejorar la sensibilidad a la insulina, lo cual es relevante para la salud metabólica. Además, para muchas personas resulta práctico: elimina la necesidad de planear una comida previa y facilita mantener la constancia en el ejercicio.
En entrenamientos de baja a moderada intensidad, como yoga, ciclismo suave o caminatas rápidas, el ejercicio en ayunas suele ser bien tolerado por personas sanas.
Riesgos y desventajas a considerar
No todo son ventajas. Entrenar sin haber comido puede provocar mareos, fatiga, debilidad o náuseas, especialmente en ejercicios intensos o prolongados. Cuando el cuerpo no tiene suficiente energía disponible, el rendimiento suele disminuir.
Otro riesgo es la posible pérdida de masa muscular. Si el entrenamiento es muy exigente y el déficit energético se prolonga, el cuerpo puede recurrir al músculo como fuente de energía, lo cual va en contra de los objetivos de fuerza y tonificación.
Personas con diabetes, hipoglucemia, trastornos hormonales o antecedentes de desmayos deberían evitar esta práctica sin supervisión médica, ya que el ejercicio en ayunas puede alterar peligrosamente los niveles de glucosa en sangre.
Qué tipo de ejercicio es más adecuado en ayunas
Los expertos suelen coincidir en que el ejercicio en ayunas es más seguro y efectivo cuando se trata de actividades de baja intensidad y corta duración. Ejemplos incluyen:
- Caminata ligera o moderada
- Cardio suave
- Movilidad, estiramientos o yoga
- Ciclismo relajado
En cambio, entrenamientos de alta intensidad, como levantamiento de pesas pesadas, HIIT, sprints o sesiones largas de resistencia, suelen requerir energía inmediata. En estos casos, entrenar sin comer puede afectar el desempeño y aumentar el riesgo de lesiones.

La importancia de la nutrición posterior
Si decides hacer ejercicio en ayunas, la comida posterior es fundamental. Consumir una combinación de proteínas y carbohidratos ayuda a reponer el glucógeno, favorece la recuperación muscular y reduce el impacto negativo del entrenamiento sin alimento previo.
Saltarse también esta comida puede amplificar los efectos negativos, especialmente si entrenas con regularidad.
¿Quiénes pueden beneficiarse y quiénes no?
El ejercicio en ayunas puede funcionar para personas sanas, con experiencia en el entrenamiento y objetivos específicos de control de grasa, siempre que escuchen a su cuerpo. Sin embargo, no es recomendable para principiantes, personas con jornadas físicas demandantes o quienes buscan ganar músculo.
La clave está en la individualización: lo que funciona para una persona puede ser contraproducente para otra.

Escucha a tu cuerpo y a la ciencia
El ejercicio en ayunas no es intrínsecamente bueno ni malo. Puede ofrecer beneficios en contextos específicos, pero también conlleva riesgos si se practica sin criterio. La ciencia sugiere que su efectividad depende del tipo de ejercicio, la intensidad y las condiciones personales.
Antes de adoptarlo como hábito, conviene evaluar tus objetivos, tu estado de salud y cómo responde tu cuerpo. En muchos casos, una pequeña comida previa puede marcar la diferencia entre un entrenamiento seguro y uno contraproducente.


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