Las intensas lluvias que han azotado varias regiones de México en los últimos días provocaron un hecho inusual en el municipio de Cuetzalan, Puebla. En la comunidad de Pinahuista, un rayo impactó directamente el mástil sagrado utilizado para la tradicional Danza de los Voladores, dejándolo severamente dañado y con partes dispersas a su alrededor.
El hecho fue captado en video por habitantes del lugar, quienes documentaron los restos del icónico palo, símbolo de identidad cultural para la comunidad totonaca. Aunque una parte del mástil quedó en pie, la estructura ya no es segura para continuar con el ritual, lo que representa un duro golpe para las celebraciones tradicionales de la zona.
Según testimonios locales, reponer el mástil no será una tarea sencilla. En primer lugar, no es temporada para cortar un nuevo árbol, ya que este proceso se realiza solo en ciertos meses del año, cuando las condiciones naturales son las adecuadas. Además, la selección y corte del palo implica un ritual ceremonial guiado por los sabios de la comunidad, lo que añade una dimensión espiritual a la dificultad del reemplazo.
Un símbolo cultural en riesgo
La Danza de los Voladores es una ceremonia ancestral reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Consiste en que cuatro danzantes, atados con cuerdas, giran descendiendo desde lo alto de un mástil, mientras un quinto integrante permanece en la cima tocando melodías tradicionales con flauta y tambor.
Este ritual no solo es una expresión artística, sino también un acto espiritual que conecta a la comunidad con la tierra, el cielo y sus deidades. La destrucción del mástil representa, por tanto, mucho más que la pérdida de una estructura física; es un golpe simbólico a la continuidad de una tradición milenaria.
Por ahora, los pobladores de Pinahuista deberán esperar la temporada adecuada y preparar el ritual necesario para erigir un nuevo mástil. Mientras tanto, el video del rayo y los restos del palo circula en redes sociales como un triste recordatorio de la vulnerabilidad incluso de las tradiciones más arraigadas.


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