Escala el conflicto entre Moscú y Kiev en medio de nuevas tensiones con Trump
La madrugada del miércoles marcó un punto de quiebre en la guerra entre Rusia y Ucrania. El reloj apenas cruzaba la medianoche cuando el cielo se convirtió en un enjambre letal: 728 drones y 16 misiles balísticos y de crucero fueron lanzados desde territorio ruso hacia múltiples ciudades ucranianas.
Este no fue un ataque más. Fue el bombardeo aéreo más intenso en un solo día desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, superando la cifra récord de 533 drones lanzados apenas cinco días antes.
Mientras Ucrania lucha por defender sus ciudades, la comunidad internacional vuelve a contener la respiración. Y es que la sincronía con las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump —quien prometió sanciones severas y reactivar el envío de armas a Kiev— sugiere una escalada geopolítica de proporciones históricas.
Lutsk: la ciudad que resistió el golpe más duro
La ciudad de Lutsk, capital de Volinia, fue el epicentro del ataque. Allí, 55 drones y 5 misiles, incluidos dos Kinzhal hipersónicos, fueron lanzados con precisión quirúrgica. El alcalde, Igor Polischuk, confirmó que a pesar de la violencia del asalto, no hubo muertos.
El presidente Volodymir Zelensky denunció el ataque como un “acto demostrativo” por parte de Rusia, destinado a sabotear cualquier esfuerzo por la paz, justo en momentos en que se intentaba reabrir canales diplomáticos para un alto el fuego.
La guerra de los drones: el nuevo rostro del conflicto
Ambos bandos están inmersos en una carrera tecnológica. El campo de batalla se ha transformado en una disputa silenciosa de inteligencia artificial, programación de rutas aéreas y saturación de sistemas defensivos.
Ucrania asegura que logró interceptar 303 drones y siete misiles de crucero, una hazaña atribuida al uso combinado de misiles tierra-aire, tecnología de guerra electrónica y sus propios drones defensivos.
En contraste, el ejército ruso asegura haber derribado 86 drones enemigos, seis de los cuales iban dirigidos directamente a Moscú. La capital rusa y San Petersburgo se vieron obligadas a cerrar varios aeropuertos, provocando cancelaciones masivas de vuelos y pérdidas millonarias.
Trump, Putin y una guerra que no reconoce fronteras
La tensión se elevó aún más cuando Donald Trump, durante una minicumbre africana, lanzó duras declaraciones contra Putin, a quien calificó de “muy amable pero sin sentido”. Además, amenazó con “bombardear Moscú”, según un audio filtrado por CNN.
El Kremlin respondió con mesura. Su portavoz, Dimitri Peskov, dijo que “no hay que tomarse todo al pie de la letra” y que confían en mantener el diálogo con Estados Unidos. Sin embargo, el lenguaje bélico no pasó inadvertido.
Horas después de esas palabras, el ataque aéreo más devastador de la guerra tomaba forma en los cielos ucranianos.
El precio humano: entre la resistencia y la tragedia
Aunque los informes oficiales ucranianos aún no confirman víctimas mortales, el bombardeo se sintió en todo el país: Dnipro, Kiev, Mikolayiov, Járkov, Zhitomir, Sumy, Jmelnitsky, Cherkasi y Cherniguiv también fueron alcanzadas.
En la región rusa de Kursk, las autoridades denunciaron un presunto ataque ucraniano a una playa, en el que murió un niño de cinco años que protegió con su cuerpo a su madre. El caso fue usado por Moscú como ejemplo del “terrorismo de Kiev”.
El futuro: ¿rumbo a una guerra de mil drones?
Robert Brovdi, comandante ucraniano de Sistemas No Tripulados, advirtió que el ejército ruso se prepara para lanzar ataques de hasta mil drones por día. El desgaste de las defensas antiaéreas, la sofisticación tecnológica y la falta de reglas claras para este tipo de armamento podrían redibujar los límites de la guerra moderna.
Este nuevo escenario ya no es de trincheras, sino de inteligencia artificial, enjambres automatizados y guerra electrónica, donde la supremacía no se mide solo en poder destructivo, sino en algoritmos.
Cuando el cielo se convierte en campo de batalla
Rusia ha demostrado que puede multiplicar su poder ofensivo con drones y misiles. Ucrania, por su parte, ha respondido con una defensa cada vez más precisa. Pero la verdadera batalla ahora se libra en los despachos políticos de Washington, Moscú, Bruselas y Pekín.
El ataque del miércoles marca un antes y un después. Un conflicto que parecía estancado vuelve a escalar y la amenaza de una guerra sin reglas ni límites —donde los drones son protagonistas— se cierne sobre Europa y el mundo.


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