“Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo”. Esta frase de Hermann Hesse resuena como un presagio en el contexto político actual de México. Sin embargo, cuando los cambios no son producto de una revolución, sino de mayorías electorales aplastantes, el riesgo de desestabilización es latente.
La hegemonía de Morena y su Plan C han comenzado a desmantelar instituciones clave, provocando incertidumbre en el equilibrio político, social y económico. Pero, ¿hacia dónde nos lleva este panorama?
El peso de la hegemonía: ¿construcción o destrucción?
La hegemonía de Morena, con su control mayoritario en el Congreso, plantea cambios estructurales que, lejos de fortalecer a las instituciones, buscan destruir lo existente sin construir una base sólida.
Desmantelamiento institucional
Ejemplo claro es la ratificación de Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Su desempeño ha sido duramente cuestionado, y su reelección genera dudas sobre la autonomía de la institución y la influencia de poderes externos en las decisiones del Ejecutivo.
Crisis jurídica y liderazgo
La intervención de actores del pasado, como sugiere la influencia del expresidente López Obrador, y la postura de la presidenta Sheinbaum, agravan la percepción de que el poder real está fragmentado. Esto no solo mina la confianza en el Ejecutivo, sino que también siembra incertidumbre sobre la dirección que tomará el país.
Un panorama económico en riesgo
El paquete económico presentado por el Ejecutivo plantea más preguntas que respuestas.
Déficit fiscal y gasto público
El presupuesto actual deja un déficit fiscal significativo, mientras que el aumento en los programas sociales y las obras de infraestructura emblemáticas generan dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo.
La carga de Petróleos Mexicanos (Pemex)
Si bien la reducción de la ordeña tradicional es un avance positivo, Pemex sigue siendo una carga económica importante. La falta de diversificación en las fuentes de ingresos nacionales deja al país vulnerable ante fluctuaciones en los precios del petróleo.
Tormenta externa: un mundo menos indulgente
El contexto internacional añade más presión al ya frágil panorama interno.
- Donald Trump, en su posible regreso, amenaza con una política exterior nativista que podría tensar aún más las relaciones comerciales y diplomáticas con México.
- La dependencia del capitalismo global significa que cualquier desequilibrio interno repercutirá en la inversión extranjera y en las relaciones comerciales, especialmente bajo el T-MEC.
Oposición desdibujada y factores de poder inactivos
El papel de la oposición en México se ha reducido a lo testimonial, incapaz de ser un contrapeso real.
- Iglesias y empresarios, actores clave en otros momentos históricos, parecen paralizados, enfocándose en sus propios intereses en el corto plazo.
- La falta de liderazgos sólidos impide la construcción de un proyecto que unifique a las distintas voces del país en torno a un futuro común.
¿Qué hacer frente a la tormenta perfecta?
1. Construcción, no solo destrucción
Si el gobierno busca un cambio real, debe centrarse en construir instituciones fuertes que puedan sostener las transformaciones necesarias, no en desmantelar sin planificar.
2. Consenso y unidad
El Ejecutivo tiene la responsabilidad de convocar a la unidad, trabajando con todos los sectores para evitar que la polarización siga debilitando al país.
3. Liderazgos renovados
La ausencia de liderazgos sólidos debe ser atendida con urgencia. Es momento de que nuevas figuras emerjan con propuestas claras y viables para enfrentar los desafíos del presente y futuro.
Entre el caos y la oportunidad
México se encuentra en un punto de inflexión. La hegemonía de Morena y su Plan C, las tensiones económicas y la falta de liderazgos han generado un ambiente propicio para una tormenta perfecta. Sin embargo, también es una oportunidad para replantear el rumbo y construir un país más equilibrado, justo y próspero.
La pregunta no es si enfrentaremos desafíos, sino cómo los enfrentaremos. Y para ello, será esencial que tanto el gobierno como la sociedad trabajen juntos en la construcción de un México que pueda resistir los embates internos y externos.
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