INE aprobó en 2015 una medida que cambió silenciosamente la relación entre identidad y derechos políticos en México, al permitir que la credencial para votar reflejara el género con el que cada persona se identifica, más allá del acta de nacimiento original. Desde entonces, 27 mil 129 personas han solicitado modificar el dato de sexo o realizar el cambio completo de sexo y nombre en el documento de identificación más utilizado del país.
La decisión no ocurrió de manera aislada ni fue inmediata en su impacto, pero con el paso de los años se convirtió en una vía institucional para reconocer trayectorias personales que antes no tenían reflejo administrativo. Para el INE, el ajuste implicó cambios operativos, capacitación del personal y la creación de criterios que hoy forman parte de la rutina en los módulos de atención ciudadana.
De acuerdo con el más reciente informe de la Dirección del Registro Federal de Electores, el padrón nacional concentra los datos de 100 millones 374 mil 909 personas, de las cuales 98.2 millones cuentan con credencial vigente y podrían ejercer su derecho al voto si hoy hubiera elecciones. Esa cobertura representa 97.85 por ciento de la población adulta residente en el país.
En ese universo, quienes han solicitado cambios de identidad representan una proporción pequeña, pero constante. La cifra refleja un proceso acumulativo, no un fenómeno repentino, y muestra cómo el INE ha ido incorporando prácticas que responden a transformaciones sociales que se expresan de forma gradual, pero sostenida.
Una política construida con el paso de los años
Entre abril de 2015 y el 31 de enero de 2026, del total de 27 mil 129 solicitudes registradas, 4 mil 409 correspondieron únicamente al cambio de sexo respecto a la información asentada previamente en la credencial. La mayoría de estas solicitudes fueron realizadas por mujeres, lo que permite observar patrones específicos dentro del propio universo de trámites.
El grupo más numeroso es el de quienes solicitaron el cambio conjunto de sexo y nombre. En ese segmento, que suma 22 mil 678 personas electoras, 15 mil 046 estaban inscritas originalmente como mujeres y 7 mil 632 como hombres. Estas cifras permiten dimensionar la complejidad administrativa que el INE ha tenido que asumir para garantizar la actualización correcta del padrón.
Lejos de estancarse, la tendencia muestra un crecimiento moderado pero constante. Solo en enero de 2026, 162 personas realizaron el trámite, la mayoría para modificar ambos datos. Para el INE, estos movimientos mensuales son indicadores de una demanda que se mantiene activa y que requiere seguimiento técnico continuo.
El criterio de autoidentificación
Uno de los elementos clave del procedimiento es que la clasificación de género, incluida la opción no binaria, no exige la presentación de documentos probatorios. Basta con que la persona manifieste la identidad con la que se reconoce. Esta decisión operativa convirtió al INE en una de las primeras instituciones electorales de la región en adoptar el principio de autoidentificación.
En el recuento acumulado, el organismo ha entregado mil 778 credenciales a personas no binarias. De ese total, mil 274 fueron inscritas bajo esa clasificación sin presentar documentación adicional. Para el INE, este punto ha sido central en la defensa del carácter administrativo del trámite, separado de debates médicos o judiciales.
El informe también da cuenta de 460 credenciales emitidas con la categoría trans hasta el 31 de enero pasado. Estas cifras no solo tienen impacto estadístico, sino que influyen en la forma en que el INE proyecta la capacitación de su personal y la actualización de sistemas informáticos.
Un padrón en movimiento constante
Más allá de los cambios de identidad, el padrón electoral es un organismo vivo que se transforma todos los días. El INE reporta que cerca de 1.2 millones de credenciales han sido robadas o extraviadas, una de las principales razones por las que la población acude a los módulos para reponer el documento.
Para muchas personas, esta credencial es la única identificación oficial disponible, especialmente entre quienes no cuentan con licencia de conducir, cédula profesional o pasaporte. Esa centralidad explica por qué el INE enfrenta una presión permanente para garantizar atención eficiente y datos actualizados.
Las actualizaciones del padrón se realizan mediante inscripciones nuevas, reincorporaciones por trámite o notificación judicial, y bajas motivadas principalmente por defunciones, pérdida de vigencia o suspensión de derechos político-electorales. En este entramado administrativo, cada movimiento requiere validación y control.
Depuración y control de registros
El instituto también aplica bajas cuando detecta registros duplicados, trámites irregulares o domicilios inexistentes. A ello se suman cancelaciones de solicitudes y casos de pérdida de ciudadanía o renuncia a la nacionalidad. Para el INE, estos filtros son indispensables para mantener la confiabilidad del padrón.
En ese contexto, los cambios de identidad se integran como un componente más de una base de datos amplia y compleja. No se tratan como una excepción, sino como parte de la dinámica cotidiana que define el funcionamiento electoral del país.
A diez años de la aprobación de esta política, el balance muestra que el INE logró incorporar una demanda social sin alterar la estabilidad del sistema electoral. La cifra de 27 mil 129 solicitudes no solo es un dato administrativo, sino un reflejo de cómo las instituciones se adaptan, paso a paso, a realidades diversas.


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