El dinero rinde menos. Esa es la sensación que se repite en mercados, tienditas y supermercados del país. Lo que antes alcanzaba para surtir lo básico, como tortilla, frijol, huevo, leche y algo de carne, hoy obliga a hacer cuentas con más cuidado. Este miércoles, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirmó lo que muchas familias ya percibían: la canasta alimentaria volvió a encarecerse.
De acuerdo con el más reciente reporte sobre Líneas de Pobreza, en enero de 2026 el costo de los productos incluidos en la canasta alimentaria registró un crecimiento anual de 3.8% en el ámbito rural y de 5.1% en el urbano. Es decir, en las ciudades el golpe fue todavía mayor. Esto significa que, para muchas familias, mantener el mismo nivel de alimentación cuesta hoy más que hace un año.
Para entender la dimensión del problema hay que mirar los números completos. En enero, la Línea de Pobreza Extrema por Ingresos, que equivale al valor mensual de la canasta alimentaria por persona, se ubicó en 1,863.17 pesos en zonas rurales y en 2,486.40 pesos en zonas urbanas. Dicho de manera sencilla: ese es el mínimo que necesitaría cada persona al mes solo para cubrir su alimentación básica.
Pero la realidad no se queda ahí. Cuando se suma también la canasta no alimentaria, que incluye transporte, educación, cuidados personales y otros servicios indispensables, el monto se eleva todavía más: 3,465.76 pesos en el ámbito rural y 4,843.11 pesos en el urbano. Es el umbral que define si una persona puede cubrir sus necesidades esenciales. Si gana menos que eso, está ensituación de pobreza, sobreviviendo con una economía frágil.
El impacto en la mesa diaria
Cuando escuchamos que la inflación anual fue de 3.8%, puede sonar a un dato técnico. Pero en la práctica, significa que con el mismo dinero compramos menos. El propio Inegi señala que la inflación general anual en enero fue de 3.8%, un nivel que coincide con el aumento de la canasta rural, pero que fue superado por la urbana.
¿Por qué en las ciudades pega más? Una de las razones es que el gasto fuera del hogar tiene mayor peso. Comer en la calle, aunque sea una comida corrida o un desayuno rápido, se ha encarecido. Además, la carne de res y la leche pasteurizada registraron aumentos importantes y son productos que forman parte habitual de la dieta.
El reporte detalla que, tanto en el ámbito rural como en el urbano, los productos que más incidieron en el alza anual de la canasta alimentaria fueron los alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar, el bistec de res y la leche pasteurizada de vaca. En el caso urbano, el impacto fue todavía más marcado.
La diferencia entre campo y ciudad
Aunque el aumento en zonas rurales fue menor que en las urbanas, eso no significa que el problema sea pequeño. En comunidades donde los ingresos suelen ser más bajos y el empleo informal es frecuente, cualquier incremento en el precio de los alimentos se siente de inmediato.
En el campo, el bistec de res tuvo una incidencia mayor que en las ciudades. La carne, que ya era un lujo ocasional para algunas familias, puede volverse todavía más esporádica. En contraste, en las ciudades el mayor peso lo tuvieron los alimentos consumidos fuera del hogar, algo que refleja el ritmo de vida urbano.
Además, cuando se analiza la Línea de Pobreza por Ingresos, que incluye también bienes y servicios no alimentarios, los incrementos anuales fueron de 3.7% en el ámbito rural y 3.9% en el urbano. Aquí aparecen otros factores que presionan el bolsillo, como el transporte público y los cuidados personales en el campo, y la educación, cultura y recreación en las ciudades.
Ajustes en la vida cotidiana
Frente a este panorama, muchas familias ya están haciendo ajustes. Comprar menos carne y más leguminosas, buscar ofertas, cambiar de marca o acudir a mercados locales en lugar de supermercados. Otros reducen el consumo de refrescos o alimentos procesados, no solo por salud, sino por precio.
El problema es que la canasta alimentaria está diseñada para cubrir necesidades nutricionales básicas. No se trata de lujos, sino de lo indispensable. Si estos productos suben de precio por encima del ingreso de las personas, el riesgo es que se deteriora la calidad de la alimentación.
En ciudades donde la renta, el transporte y los servicios también han subido, el margen para maniobrar es cada vez menor. Y aunque la inflación general no está en niveles desbordados, el hecho de que la canasta urbana crezca por encima de ella es una señal de alerta.
LA INFLACIÓN MÁS ALLÁ DE LOS NÚMEROS
El reporte del Inegi no solo es un documento técnico. Es una radiografía del poder adquisitivo en México. Las Líneas de Pobreza sirven para medir la pobreza multidimensional y establecer si los ingresos son suficientes para adquirir bienes y servicios básicos. Pero detrás de cada cifra hay historias reales: madres que ajustan el menú, trabajadores que estiran el salario hasta el último día del mes, adultos mayores que priorizan medicinas o comida.
Cuando el costo de la tortilla, el frijol o el huevo aumenta, no es solo un dato estadístico. Es una presión directa sobre millones de hogares. Y aunque el incremento anual pueda parecer moderado en términos porcentuales, su efecto acumulado pesa en la economía familiar.
La pregunta que queda en el aire es: ¿los ingresos están creciendo al mismo ritmo que la canasta básica? Para muchas familias, la respuesta es no. Y mientras esa brecha exista, el dinero seguirá alcanzando para menos.
PRODUCTOS QUE MÁS SE ENCARECIERON EN ENERO
ÁMBITO RURAL
Alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar (7.3% anual; mayor incidencia) 
Bistec de res (17.0% anual) 
Leche pasteurizada de vaca (10.1% anual) 
Transporte público (6.8% anual)
Cuidados personales (5.8%)
ÁMBITO URBANO
Alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar (7.3% anual; mayor incidencia) 
Bistec de res (17.0% anual) 
Leche pasteurizada de vaca (10.1% anual) 
Educación, cultura y recreación (5.8% anual)
Transporte público (6.2% anual)


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