11 años sin respuestas para las familias
La herida abierta de Ayotzinapa sigue sangrando once años después. Este viernes, las voces de los padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos resonaron por las principales avenidas de Ciudad de México con el mismo reclamo que desde 2014 los acompaña: verdad y justicia.
Hilda Hernández, madre de César Manuel González, recordó en un mensaje: “A once años la exigencia sigue siendo la misma: el paradero; la verdad, por muy dolorosa que sea; y la justicia”. La convocatoria fue atendida por estudiantes, colectivos y ciudadanos que no olvidan.
Un caso que marcó a México y al mundo
El 26 de septiembre de 2014 no solo cambió la vida de 43 familias, también transformó la historia reciente del país. El caso Ayotzinapa reveló las profundidades de la colusión entre crimen organizado y autoridades de todos los niveles. Corrupción, violencia y encubrimiento convirtieron la desaparición en un crimen de Estado.
La indignación sigue viva, y lo muestran las protestas que se intensifican en cada aniversario. En esta ocasión, la rabia se hizo presente con un camión incendiado frente a una base militar de la capital.
La exigencia a las Fuerzas Armadas
Desde 2022, los familiares insisten en que el Ejército entregue documentos que podrían aclarar lo ocurrido aquella noche en Iguala. Sin embargo, la opacidad permanece y las respuestas oficiales no llegan.
La falta de acceso a información clave mantiene en la incertidumbre el destino de los estudiantes y alimenta la desconfianza hacia las instituciones.
Un crimen de Estado sin justicia
La Fiscalía mexicana reconoció el caso como crimen de Estado, señalando la participación de policías, militares y autoridades en complicidad con un cártel local. Pese a ello, no existen condenas firmes.
Tres restos calcinados identificados, decenas de detenidos liberados por irregularidades, y un ex procurador procesado por tortura y desaparición forzada son hasta ahora los resultados de once años de investigación.
La lucha de los padres
“Gobiernos vienen y gobiernos se van” lamentó Clemente Rodríguez, padre de Christian Rodríguez, ante la falta de avances. Su voz refleja el cansancio de familias que han aprendido a transformar el dolor en resistencia.
La esperanza de encontrar a sus hijos con vida se enfrenta a la impunidad. Sin embargo, cada marcha reafirma la voluntad de no claudicar, de no olvidar y de mantener vivo el nombre de los 43.
Estudiantes que no olvidan
Desde Oaxaca, jóvenes normalistas se unieron a las protestas con pancartas que recordaban: “Ayotzinapa no olvida”. Las nuevas generaciones mantienen la memoria y exigen que se castigue tanto a autores materiales como intelectuales.
Las calles, las aulas y las plazas públicas se convierten en espacios donde la exigencia de justicia se multiplica, recordando que Ayotzinapa no es solo un caso, sino una herida colectiva.
El compromiso del gobierno actual
La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que su gobierno está comprometido a llegar a la verdad y la justicia. Ha cambiado al fiscal del caso y asegura nuevas líneas de investigación, aunque los familiares siguen sin ver resultados concretos.
Las extradiciones pendientes, como la de Tomás Zerón en Israel, siguen marcando la falta de acción contundente. Las familias exigen que la voluntad política se traduzca en hechos y no en discursos.
Once años de resistencia y memoria
Ayotzinapa sigue siendo un símbolo de la lucha contra la impunidad en México. Cada año que pasa sin respuestas refuerza la convicción de que la justicia debe alcanzarse, cueste lo que cueste.
Las familias lo repiten con fuerza: “¿Dónde están nuestros hijos? ¿Quién dio la orden? ¿Por qué el Estado encubre a los responsables?”. Son preguntas que, once años después, siguen sin respuesta.


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