Una tregua comercial en vilo
Estados Unidos y China concluyeron dos días de negociaciones bilaterales en Estocolmo con el objetivo de aliviar las tensiones derivadas de la prolongada guerra comercial que afecta a ambas potencias. Aunque no hubo anuncios concretos, el tono fue calificado de “constructivo” por las delegaciones, lo que abre la puerta a una posible extensión de la moratoria arancelaria vigente hasta el próximo 12 de agosto. La decisión final, sin embargo, quedará en manos del presidente estadounidense Donald Trump, según confirmaron funcionarios del Tesoro y Comercio de EE.UU.
La tregua actual, que entró en vigor a principios de este año, suspendió temporalmente aranceles de hasta tres dígitos impuestos a cientos de productos clave en el comercio bilateral. Esta pausa ha permitido un respiro a las cadenas de suministro globales, especialmente en sectores como tecnología, manufactura y materias primas estratégicas. Pero la incertidumbre en torno a su continuidad mantiene en alerta a los mercados financieros y al comercio internacional.
Avances discretos en minerales estratégicos
Durante las conversaciones celebradas en la sede del gobierno sueco, uno de los principales focos de discusión fue el acceso a minerales críticos, en particular las llamadas tierras raras, insumos esenciales para la industria tecnológica. China controla gran parte de la producción y exportación mundial de estos minerales, lo que le otorga una ventaja estratégica frente a Estados Unidos en áreas como electrónica, defensa y energías limpias.
Según funcionarios estadounidenses, los acuerdos relacionados con estos recursos siguen en fase de ajuste, tras las tratativas anteriores celebradas en Ginebra y Londres. Aunque no se anunció un pacto definitivo, ambos equipos coincidieron en la necesidad de avanzar hacia mecanismos más estables y confiables para garantizar el flujo de estos materiales vitales para la economía global.
Li Chenggang, el principal negociador de la delegación china, enfatizó la intención de su país de mantener una relación comercial “saludable y estable” con Washington. Subrayó además que los equipos económicos de ambas naciones continuarán intercambiando opiniones y promoviendo canales de diálogo activos, incluso más allá del vencimiento de la moratoria actual.
Trump, el factor decisivo
Pese al clima positivo de las reuniones, los negociadores estadounidenses fueron enfáticos al señalar que cualquier decisión sobre la prórroga de la tregua depende exclusivamente del presidente Donald Trump. Scott Bessent, secretario del Tesoro, afirmó que entregarán al mandatario un informe completo sobre los avances obtenidos en Estocolmo, pero aclaró que la definición sobre el futuro comercial entre ambas potencias será política y no técnica.
Jamieson Greer, representante comercial de EE.UU., agregó que la alternativa más factible es una nueva extensión de 90 días, lo que permitiría continuar las conversaciones técnicas y postergar una escalada comercial inmediata. De concretarse, también habría espacio para programar nuevas reuniones bilaterales antes de que finalice ese período adicional.
Un riesgo latente para la economía global
La falta de un acuerdo prolongado entre Estados Unidos y China tendría repercusiones globales. El regreso de los aranceles punitivos, que en algunos casos superarían el 100 %, afectaría a millones de empresas e industrias interconectadas por las cadenas de valor internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI), que recientemente revisó al alza sus proyecciones de crecimiento mundial, advirtió que una reactivación de la guerra comercial sería uno de los principales riesgos para la estabilidad económica internacional.
Además del impacto financiero, una ruptura del acuerdo complicaría el acceso a productos tecnológicos, automotrices y farmacéuticos, aumentando los precios de producción y generando presión inflacionaria en diversas economías. Analistas coinciden en que, sin una solución negociada, los países más vulnerables serán aquellos con alta dependencia de exportaciones o con sectores manufactureros insertos en la cadena entre EE.UU. y China.
Señales de continuidad, pero sin garantías
Aunque las declaraciones públicas apuntan a una voluntad compartida de evitar una escalada, la complejidad estructural del conflicto comercial —que incluye aspectos como propiedad intelectual, subsidios estatales, desequilibrios comerciales y tecnología estratégica— dificulta una resolución inmediata. Si bien el tono en Estocolmo fue más conciliador que en reuniones previas, los avances sustantivos aún parecen lejanos.
Para los observadores internacionales, el escenario más probable es que Trump opte por extender la tregua, al menos temporalmente, con miras a evitar una perturbación económica mayor en un año electoral. Sin embargo, la falta de una solución definitiva mantiene la tensión latente y refuerza la necesidad de institucionalizar los canales de diálogo entre ambas potencias para evitar crisis cíclicas.
El cierre del diálogo en Estocolmo entre Estados Unidos y China representa un paso diplomático relevante, aunque todavía insuficiente para resolver de fondo el conflicto comercial más importante del mundo. La posibilidad de extender la tregua arancelaria ofrece un alivio temporal, pero deja en evidencia la fragilidad del entendimiento actual. Con el reloj corriendo hacia el 12 de agosto, la decisión final recae en Donald Trump, y con ella el rumbo inmediato de la economía global. Mientras tanto, los mercados y gobiernos del mundo esperan señales claras que indiquen si la cooperación ganará terreno sobre la confrontación.


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