Los pasajeros que este fin de semana intentaron viajar desde o hacia Estados Unidos se encontraron con un panorama caótico: retrasos, cancelaciones y largas filas en terminales clave como Dallas Fort Worth, Newark, Phoenix y Atlanta.
Detrás de esta crisis se encuentra el prolongado cierre del Gobierno federal, que ha dejado a miles de controladores aéreos trabajando sin salario y a los aeropuertos operando con personal mínimo.
La situación, según el secretario de Transporte Sean Duffy, “hace que volar en Estados Unidos sea cada día menos seguro”.
Una crisis que se extiende por todo el espacio aéreo
En una rueda de prensa celebrada en Filadelfia, Duffy explicó que más del 50% de los retrasos recientes se deben a la falta de personal en los centros de control aéreo.
“Cada día sin solución aumenta el riesgo para todo el sistema”, advirtió.
Doce torres y centros de control —entre ellos los de Houston, Denver, Albuquerque y Nueva York— operan actualmente con déficit de personal. Desde el inicio del cierre gubernamental se han documentado 222 incidentes por escasez de trabajadores, cuatro veces más que el año anterior.
El problema no es solo logístico: los controladores y agentes de la TSA siguen trabajando sin recibir pago. El 28 de octubre, más de 10.800 empleados federales recibirán su primer cheque en cero, lo que ha disparado el descontento y las ausencias por estrés.
“Cada día estamos menos seguros”
Nick Daniels, presidente de la Asociación Nacional de Controladores de Tráfico Aéreo (NATCA), expresó su alarma:
“Cuando los controladores están distraídos por preocupaciones económicas, el sistema entero se vuelve menos seguro”.
Los aeropuertos más afectados incluyen Austin, Chicago-O’Hare, Nashville, Newark y Washington Reagan National, con vuelos cancelados o reprogramados por falta de personal. La FAA ya confirmó que reducirá temporalmente la cantidad de despegues y aterrizajes para garantizar la seguridad de los pasajeros.
“Mi prioridad no es la puntualidad, sino la seguridad”, afirmó Duffy. “Si no tenemos suficientes controladores, simplemente cancelaremos vuelos”.
Formación en riesgo y futuro incierto
La crisis también golpea a los estudiantes de controlador aéreo en la academia de la FAA, quienes pronto se quedarán sin financiamiento. Muchos ya han renunciado, desanimados por la incertidumbre.
“¿Por qué elegir una profesión en la que puedo trabajar duro y no recibir mi salario?”, cuestionó Duffy.
La agencia estima que el país necesita 3.000 nuevos controladores para estabilizar el sistema, pero los retrasos en la contratación y la falta de pago amenazan con una crisis estructural en el sector aéreo estadounidense.
Expertos advierten que, si el cierre se prolonga, las aerolíneas podrían reducir rutas y los costos de los boletos aumentarían, afectando tanto el turismo como la economía local.
Un sistema al borde del colapso
Mientras en los aeropuertos las pantallas muestran retrasos y los pasajeros pierden conexiones, en Washington el estancamiento político sigue sin solución. Cada hora que pasa sin acuerdo aumenta la tensión entre los sindicatos, la FAA y la Casa Blanca.
El propio Duffy lo resumió con una frase que hoy resuena entre pilotos y viajeros:
“Si el cielo se detiene, el país se detiene”.


TE PODRÍA INTERESAR