El sarampión es una de las enfermedades virales con mayor capacidad de transmisión entre seres humanos, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta condición ha generado una alerta constante en las autoridades sanitarias de México debido a la velocidad con la que el virus logra propagarse en comunidades vulnerables.
La naturaleza de este patógeno es altamente contagiosa y su vía de transmisión principal ocurre mediante las gotículas que una persona infectada expulsa al hablar, toser o estornudar.
La facilidad de contagio del sarampión exige que las medidas de prevención sean extremadamente rigurosas para evitar brotes masivos en zonas urbanas y rurales por igual.
De acuerdo con Samuel Ponce de León Rosales, coordinador del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes de la UNAM, el virus tiene un periodo de incubación que oscila entre los 10 y 14 días. Los síntomas iniciales suelen confundirse con otras afecciones respiratorias, pues incluyen fiebre alta, tos persistente y goteo nasal.
Posteriormente, el cuadro clínico evoluciona hacia un enrojecimiento ocular y dolor de cabeza intenso, antes de que aparezca la característica erupción cutánea que se extiende por el tronco y las extremidades.
La identificación temprana del sarampión es crucial para aislar al paciente y frenar la cadena de transmisión en el entorno familiar y escolar.

Los factores que impulsan el repunte de sarampión
El aumento de casos de sarampión no es un fenómeno aislado de una sola región, sino que responde a una tendencia observada en países como Canadá, Estados Unidos y diversas naciones europeas.
La causa fundamental de este incremento, según expertos de la UNAM, es que los niveles de inmunización han caído por debajo del umbral necesario.
Para detener la circulación de un virus tan eficiente, se requiere que al menos el 95 por ciento de la población cuente con un esquema de vacunación completo. Cuando la cobertura desciende, el sarampión encuentra nichos de personas susceptibles, permitiendo que el brote se mantenga activo y se extienda a nuevas áreas geográficas.
Incluso antes de la crisis sanitaria por COVID-19, la cobertura de vacunación ya mostraba signos de debilitamiento a nivel global.
La pandemia agudizó esta situación al interrumpir las cadenas de suministro de biológicos y dificultar el acceso de las familias a los centros de salud para completar los esquemas de sus hijos.
Desafíos actuales en la cobertura de vacunación
La doctora Rosa María Wong Chew, jefa de la Subdivisión de Investigación Clínica de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala que la desinformación ha jugado un papel determinante. El crecimiento de movimientos que cuestionan la seguridad de las vacunas ha provocado que muchos padres opten por no proteger a sus hijos contra el sarampión.
Esta tendencia ha facilitado que el virus restablezca su transmisión endémica en países que previamente lo habían erradicado. Según datos del European Centre for Disease Prevention and Control, el padecimiento circula de forma continua en al menos 12 países de Europa y Asia, lo que representa un riesgo constante para los viajeros internacionales.
En el contexto nacional, la Secretaría de Salud ha mantenido una vigilancia estrecha a través de la Dirección General de Epidemiología, reportando que durante el año 2025 se confirmaron más de 6 mil casos en territorio mexicano.
La vigilancia activa es la herramienta principal para detectar casos sospechosos antes de que se conviertan en emergencias sanitarias.
Estadísticas y grupos de riesgo detectados
Durante las primeras semanas de 2026, la tendencia de contagios de sarampión ha mostrado que los niños y jóvenes de entre 1 y 19 años son el sector de la población más afectado. Esta estadística refleja la existencia de brechas en la aplicación de la vacuna triple viral en las cohortes de nacimiento más recientes.
Es fundamental comprender que la notificación de un caso sospechoso no siempre significa un brote descontrolado, sino que es parte de un protocolo de transparencia.
El virus del sarampión no discrimina, pero impacta con mayor severidad a quienes carecen de defensas previas. La evidencia científica acumulada durante décadas confirma que la aplicación de dos dosis de la vacuna es la medida más efectiva para reducir drásticamente el riesgo de complicaciones graves y hospitalizaciones.
Finalmente, las autoridades reiteran que el sarampión puede prevenirse totalmente si se retoman las metas de cobertura del 95 por ciento.
El fortalecimiento de los sistemas de salud y la educación constante sobre los beneficios de la inmunización son los pilares para recuperar el control sobre esta enfermedad que sigue desafiando la salud pública mundial.


TE PODRÍA INTERESAR