Hubo un tiempo en que las controversias de Kanye West eran parte de su genialidad retorcida. Ese tiempo ha terminado. Con el lanzamiento de una canción que glorifica a Hitler, Ye ha cruzado una línea de no retorno, convirtiéndose en un paria global.
La carrera de Kanye West, ahora conocido como Ye, no está en declive; está en caída libre, y parece que ha cortado su propio paracaídas. Sus coqueteos con la iconografía y la retórica nazi han pasado de ser «comentarios ofensivos» a acciones indefendibles que le están cerrando las puertas del mundo, literalmente. Ya no es el genio incomprendido; es un predicador del odio cuya toxicidad se ha vuelto radiactiva.
«Heil Hitler»: La Canción que Incendió el Mundo
El punto de inflexión definitivo llegó el 8 de mayo de 2025, coincidiendo macabramente con el 80º aniversario de la derrota de la Alemania nazi. Ye lanzó una canción titulada «Heil Hitler». No era una metáfora sutil ni una provocación artística; era una glorificación abierta del nazismo. Con un coro cantado por hombres que corean «Ni**a, heil Hitler» y un video que termina con un extracto de un discurso de Hitler, la canción fue un acto de agresión cultural.
Este acto siguió a una serie de declaraciones antisemitas en redes sociales, donde llegó a decir «Amo a Hitler» y «Soy un nazi». Si antes había alguna duda, Ye la disipó: su obsesión con el nazismo no es un desliz, es una ideología.
Las Consecuencias Globales: Visas Canceladas y Festivales Anulados
La reacción internacional ha sido rápida y unánime. El gobierno de Australia, país de origen de su esposa Bianca Censori, le canceló la visa. El Ministro de Asuntos Internos, Tony Burke, fue claro: aunque sus comentarios anteriores eran preocupantes, la canción fue la gota que derramó el vaso. «Si vas a tener una canción y promover ese tipo de nazismo, no necesitamos eso en Australia», declaró Burke.
Al otro lado del mundo, en Europa, la historia se repitió. El Rubicon Festival en Eslovaquia, que había anunciado a West como su gran estrella en su única aparición europea del año, tuvo que ser cancelado por completo. La presión fue inmensa: más de 5,000 personas firmaron una petición para eliminarlo del cartel, otros artistas comenzaron a retirarse y los socios huyeron. Los organizadores admitieron que la «presión mediática» hizo imposible realizar el evento.
El Fin del Legado
Lo que estamos presenciando es un completo de-platforming a escala global. Kanye West, el ganador de 24 premios Grammy, el visionario de la moda, el artista que definió una era, ha logrado lo que parecía imposible: volverse tan tóxico que ni siquiera el poder de su fama puede salvarlo.
Sus acciones ya no pueden ser excusadas como síntomas de su bipolaridad o excentricidades de un genio. Han cruzado al terreno del discurso de odio peligroso. Las naciones y las empresas han decidido que el riesgo de asociarse con él es demasiado alto. El legado de Kanye West está siendo sepultado, y la pala la sostiene él mismo.


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