Plásticos biodegradables: así buscan reducir los microplásticos
Los plásticos biodegradables están ganando atención ante un problema persistente: residuos que permanecen décadas y se fragmentan. En un laboratorio de Massachusetts, una empresa de plásticos biodegradables prueba materiales para fabricar tenedores, láminas y envases que después pueden ser consumidos por microorganismos, una diferencia frente a opciones convencionales y motivo de interés por los plásticos biodegradables.
El desarrollo ocurre en las instalaciones de investigación de CJ Biomaterials, en Woburn, donde técnicos moldean pequeños gránulos elaborados con polímeros de origen vegetal. La empresa busca propiedades similares a las de los plásticos convencionales, pero con una diferencia clave: al terminar su vida útil pueden degradarse en composta, en lugar de permanecer durante años en un vertedero, siempre que existan las condiciones necesarias.
¿Cómo se fabrican estos nuevos materiales?
La compañía utiliza azúcar como alimento para microorganismos que producen polihidroxialcanoatos, conocidos como PHA, por fermentación. Después recolecta el polímero, lo transforma en gránulos y los vende a empresas, que pueden fundirlos y moldearlos para fabricar utensilios, envases o películas, mientras las mismas bacterias pueden consumir los plásticos biodegradables durante su descomposición, una propiedad de los plásticos biodegradables que impulsa el interés por los materiales.
En las pruebas realizadas en Woburn, algunos tenedores resultaron suficientemente delgados para soportar el compostaje doméstico, aunque todavía eran demasiado flexibles para determinados alimentos. También se fabricaron láminas para bolsas de productos frescos, vasos, pajitas y otros artículos, y los investigadores observaron que varios objetos comenzaban a mostrar picaduras y señales de colonización bacteriana dentro del contenedor de composta.
¿Por qué preocupa tanto la permanencia de los residuos?
Los plásticos tradicionales pueden durar décadas o incluso siglos, mientras se fragmentan en microplásticos y partículas todavía más pequeñas. Los plásticos biodegradables han aumentado su presencia en el debate porque estas sustancias han sido detectadas en el océano, el aire, los alimentos y el agua, aunque su impacto debe evaluarse según cada producto y los materiales siguen bajo evaluación.
El interés también responde a un problema específico del reciclaje: los envases contaminados con restos de comida suelen ser difíciles de recuperar y pueden terminar en la basura. En cambio, un recipiente compostable podría ingresar, cuando cumple certificaciones y condiciones requeridas, a una corriente de residuos orgánicos junto con los alimentos que contiene, reduciendo la necesidad de separar cada envase y haciendo más viable su manejo.
¿Qué productos pueden fabricarse con esta tecnología?
El uso más común de los bioplásticos se concentra en el embalaje y en artículos de un solo uso, aunque la variedad está creciendo. En el laboratorio aparecen cubiertos, pajitas, vasos para bebidas calientes, bolsas para alimentos congelados, bandejas para sushi y cápsulas de café, lo que muestra que los plásticos biodegradables buscan sustituir productos cotidianos, mientras los plásticos biodegradables pretenden conservar una experiencia de uso conocida.
CJ Biomaterials produce PHA en una planta de Pasuruan, Indonesia, desde 2022 y forma parte del conglomerado surcoreano CJ Group. Los materiales de origen biológico representan alrededor de 0.5% de los más de 400 millones de toneladas de plástico producidas cada año, pero la industria prevé que esa producción aumente conforme surjan nuevas aplicaciones, productos y mercados, mientras su crecimiento todavía es limitado frente al plástico convencional.
¿Son una solución definitiva contra la contaminación?
Organizaciones ambientales consideran que los plásticos de base biológica pueden formar parte de una estrategia más amplia, pero advierten que no sustituyen la necesidad de producir menos residuos. Algunos grupos cuestionan que tierras agrícolas se destinen a materias primas para envases, mientras otros señalan que falta información sobre su comportamiento al final de la vida útil, por lo que los plásticos biodegradables no deben presentarse como una solución única y requieren evaluación.
El costo y la infraestructura también representan obstáculos importantes para su expansión. Estos materiales suelen ser más caros que los convencionales y no todas las ciudades cuentan con sistemas de compostaje capaces de procesarlos, mientras algunos centros rechazan productos por temor a afectar la calidad del compost; además, su apariencia puede confundir a consumidores y operadores, incluso cuando existen certificaciones específicas.
¿Qué muestran las pruebas independientes?
El 5 Gyres Institute evaluó 22 artículos fabricados con plásticos tradicionales, materiales de base biológica, biodegradables, papel y bambú en distintos ambientes de Florida, California y Maine. Tras 64 semanas, varios productos biodegradables habían desaparecido o presentaban grietas y deterioro, mientras una cuchara de plástico sintético permanecía casi intacta, una diferencia que ilustra el potencial de estas alternativas y el interés por los plásticos biodegradables.
La investigación, publicada en 2023, será repetida para estudiar las condiciones reales de disposición y los escenarios de final de vida de una nueva generación de envases. El desafío será comprobar que las alternativas no solo se degraden en pruebas controladas, sino que lleguen a instalaciones adecuadas y lo hagan sin trasladar el problema a otro punto del ciclo de los residuos, especialmente donde no existe infraestructura de compostaje.


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