Hay lugares donde construir una central eléctrica ya representa un desafío. En las montañas del Tíbet, hacerlo a más de 4.650 metros de altura supone enfrentarse además a frío extremo, fuertes vientos, radiación intensa y una menor presión de oxígeno. En ese escenario, China desarrolla una central termosolar que lleva la generación de energía renovable a condiciones especialmente exigentes.
El proyecto está ubicado en el condado de Amdo, en Nagqu, y cuenta con una capacidad de 100 megavatios. Su funcionamiento se basa en miles de espejos que siguen la posición del Sol y concentran su radiación hacia una torre central. La energía obtenida no se utiliza únicamente en el momento en que brilla el Sol: también puede almacenarse en forma de calor para producir electricidad posteriormente.
La propuesta reúne generación renovable y almacenamiento térmico en una misma instalación. De acuerdo con la información proporcionada, la planta cuenta con 15.927 heliostatos distribuidos sobre una superficie de aproximadamente 800.000 metros cuadrados, convirtiendo el paisaje de alta montaña en un enorme sistema de captación solar.
China apuesta por la energía termosolar en condiciones extremas
La central de torre Anduo Tushuo se encuentra en una región donde las condiciones ambientales obligan a adaptar el diseño y la construcción de prácticamente todos sus componentes. La elevada altitud modifica las condiciones habituales de trabajo, mientras que el viento y la radiación ultravioleta añaden exigencias adicionales para los materiales.
El proyecto está desarrollado por Xizang Development Investment Group y tiene una capacidad instalada de 100 MW. La ubicación no es un detalle menor: llevar una instalación de estas características a más de 4.650 metros requiere que las estructuras y los sistemas de seguimiento funcionen con precisión incluso en un entorno muy diferente al de las centrales solares convencionales.
La información disponible destaca el uso de estructuras ligeras pero resistentes, mecanismos destinados a mantener la orientación de los espejos y recubrimientos preparados para soportar una exposición intensa a la radiación ultravioleta.
En términos sencillos, el objetivo es conseguir que cada espejo pueda dirigir correctamente la luz solar hacia la torre, incluso cuando las condiciones del entorno son particularmente difíciles.
Así funcionan los miles de espejos de la central
Al observar una central termosolar de torre desde lejos, uno de sus elementos más llamativos es la enorme cantidad de espejos instalados alrededor de una estructura central.
En este proyecto, los 15.927 heliostatos ocupan alrededor de 800.000 metros cuadrados. Cada uno está diseñado para reflejar la radiación solar hacia la torre, donde se concentra la energía recibida.
La diferencia frente a un panel solar convencional está precisamente en la forma de aprovechar la radiación. Mientras un panel transforma directamente la luz solar en electricidad, una central termosolar utiliza el calor concentrado para elevar la temperatura de un medio que posteriormente permite generar electricidad.
En este caso, el sistema utiliza sales fundidas que pueden alcanzar temperaturas de hasta 560 grados Celsius. El calor almacenado puede conservarse para utilizarse posteriormente, una característica especialmente importante cuando la producción eléctrica necesita continuar después de que disminuya la radiación solar.
La propuesta permite aprovechar el recurso solar de una manera diferente y añade una ventaja relevante para la generación renovable: el almacenamiento térmico.
El almacenamiento es una de las claves del proyecto
Una de las dificultades de la energía solar es que la radiación no permanece disponible durante todo el día. Cuando cae la noche o las condiciones atmosféricas reducen la luz solar, una instalación fotovoltaica deja de producir electricidad.
La energía termosolar puede abordar este problema mediante el almacenamiento del calor. En la central del Tíbet, la información del proyecto señala que existe capacidad para almacenar energía térmica durante hasta ocho horas.
Esto significa que el calor captado durante los periodos de mayor radiación puede conservarse para utilizarlo posteriormente. La generación eléctrica, por tanto, no depende únicamente de que los espejos estén recibiendo radiación solar en ese preciso momento.
Para la innovación sostenible, este aspecto resulta especialmente relevante. El almacenamiento permite que una fuente renovable pueda ofrecer electricidad de una forma más flexible, aprovechando durante más tiempo la energía obtenida del Sol.
No se trata únicamente de instalar más equipos para captar radiación, sino de encontrar una manera de aprovechar mejor la energía obtenida durante las horas de mayor producción.
Una infraestructura diseñada para resistir el Tíbet
El entorno donde se construye la central obliga a prestar especial atención a los materiales. La altura, el viento, las temperaturas y la radiación ultravioleta forman parte de las condiciones habituales que debe soportar la instalación.
Por ello, el proyecto contempla estructuras ligeras con alta rigidez y sistemas capaces de realizar un seguimiento preciso de la posición solar. También se utilizan recubrimientos preparados para soportar la radiación ultravioleta.
Estas características tienen una aplicación práctica: mantener el funcionamiento de los miles de espejos durante largos periodos y conseguir que la energía se concentre correctamente en la torre central.
El desafío consiste en que todos estos elementos funcionen como un único sistema. Un espejo mal orientado puede reducir la cantidad de radiación que llega a la torre, mientras que las condiciones ambientales pueden incrementar el desgaste de los componentes.
En este sentido, la instalación representa una combinación de ingeniería, generación renovable y almacenamiento energético adaptada a un territorio particularmente exigente.
China prepara una central con millones de kilovatios de producción anual
El proyecto contempla una inversión de 2.037 millones de yuanes. De acuerdo con los datos proporcionados, la conexión a la red eléctrica está prevista para octubre de 2026.
Una vez en funcionamiento, la central tendría una producción estimada de 255 millones de kilovatios hora al año. Esta cifra refleja la cantidad de electricidad que se espera generar anualmente mediante el aprovechamiento de la energía solar concentrada.
La escala del proyecto también permite observar hacia dónde apunta el desarrollo de tecnologías renovables que no dependen exclusivamente de paneles solares convencionales.
La combinación de captación solar y almacenamiento térmico busca aprovechar el recurso disponible durante más tiempo. En una región donde la radiación solar representa un recurso importante, la infraestructura intenta convertir esa ventaja natural en generación eléctrica.
Para China, el proyecto también representa una nueva demostración de cómo adaptar tecnologías de energía limpia a territorios con condiciones difíciles.
Una apuesta por la innovación sostenible
La central termosolar del Tíbet concentra varios elementos que están ganando importancia dentro de la transición energética: energía renovable, almacenamiento y adaptación tecnológica.
Su particularidad no está únicamente en la capacidad de 100 MW. También está en haber llevado el sistema a una ubicación situada a más de 4.650 metros sobre el nivel del mar, donde las condiciones ambientales obligan a diseñar soluciones específicas.
Los miles de heliostatos, las sales fundidas, la torre central y el almacenamiento térmico trabajan juntos para aprovechar la radiación solar y mantener disponible parte de esa energía durante varias horas.
El proyecto muestra así una aproximación a la innovación sostenible basada en aprovechar mejor los recursos existentes. En lugar de depender exclusivamente de la generación inmediata, la central incorpora almacenamiento para ampliar el periodo durante el cual la energía solar puede contribuir al suministro eléctrico.
Mientras avanza la construcción y se aproxima la fecha prevista de conexión a la red, la central Anduo Tushuo se perfila como un proyecto destacado dentro de la energía termosolar. China apuesta con esta infraestructura por llevar la generación solar concentrada a uno de los entornos más extremos donde puede instalarse una central de estas características.
Si la conexión prevista para octubre de 2026 se concreta, el proyecto comenzará una nueva etapa: pasar de los desafíos de construcción en las montañas del Tíbet a demostrar en operación cotidiana el potencial de la energía termosolar y su almacenamiento. En ese recorrido, China vuelve a colocar la innovación sostenible en el centro de una infraestructura diseñada para convertir la radiación solar en electricidad.


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