Durante años, una de las grandes preocupaciones energéticas de Europa fue saber si habría suficiente gas para afrontar los meses de mayor demanda. Ahora el escenario comienza a cambiar. El crecimiento de la energía renovable, especialmente de la solar y la eólica, ha llevado al continente a un punto en el que la pregunta empieza a ser diferente: cuánto gas seguirá siendo necesario para producir electricidad.
La transformación se observa en la cantidad de capacidad instalada. Europa se aproxima a los 750 gigavatios combinados de energía solar y eólica, mientras que la capacidad de generación mediante gas ronda los 400 gigavatios. Hace aproximadamente 25 años, ambas fuentes renovables sumaban menos de 20 gigavatios.
El cambio no ocurre únicamente sobre el papel. De acuerdo con el análisis citado, basado en datos de Ember, la generación combinada de energía solar y eólica está encaminada a superar durante 2026 a la electricidad producida con gas durante el periodo más prolongado registrado hasta ahora. La evolución muestra cómo una tecnología que durante décadas ocupó un lugar secundario está adquiriendo un papel cada vez mayor dentro del sistema eléctrico.
Energía renovable cambia la relación de Europa con el gas
Para entender la magnitud del cambio hay que mirar hacia atrás. En 2016, las centrales de gas podían producir habitualmente más del doble de electricidad que la solar y la eólica combinadas. Una década después, la relación es muy diferente y las dos renovables alcanzan determinados periodos de generación conjunta de entre 80 y 110 teravatios-hora mensuales.
Uno de los momentos donde más claramente se aprecia esta transformación ocurre entre abril y octubre. Durante esos meses, la generación solar aumenta y los recursos eólicos también pueden aportar cantidades importantes de electricidad, reduciendo progresivamente el espacio que necesitan las centrales de gas dentro de la producción eléctrica.
Esto no significa que el gas desaparezca del sistema. Las centrales térmicas continúan formando parte de la infraestructura energética y pueden desempeñar una función cuando la generación renovable no es suficiente. Sin embargo, el crecimiento de las nuevas instalaciones está reduciendo los periodos en los que las plantas de gas necesitan operar para cubrir la demanda.
La consecuencia práctica es importante: cada unidad de electricidad generada con sol o viento puede disminuir la necesidad de utilizar gas para producir electricidad. En un continente que durante años estuvo especialmente expuesto a los precios internacionales de los combustibles, esta modificación también tiene una dimensión económica.
Europa ya tiene casi el doble de capacidad solar y eólica que de gas
La cifra de capacidad instalada permite observar el cambio desde otra perspectiva. Europa se aproxima a los 750 GW de potencia solar y eólica, mientras que la generación mediante gas ronda los 400 GW.
La diferencia es especialmente llamativa porque hace apenas un cuarto de siglo las renovables tenían una presencia mucho menor. La capacidad combinada de solar y eólica era inferior a 20 GW, una cifra que contrasta con la escala actual de las instalaciones.
El crecimiento también refleja una transformación tecnológica. La energía solar ha dejado de depender únicamente de grandes proyectos para convertirse en una alternativa que puede desplegarse en diferentes escalas, desde instalaciones de gran tamaño hasta sistemas distribuidos. La energía eólica, por su parte, ha ampliado su presencia mediante proyectos terrestres y marinos.
El resultado es una infraestructura energética más diversificada. En lugar de depender principalmente de combustibles para generar electricidad, el sistema incorpora cada vez más fuentes capaces de producir energía sin consumir gas durante la generación.
España muestra el potencial de la energía solar
Dentro de Europa, España ofrece uno de los ejemplos más claros del crecimiento de la energía renovable. En mayo de 2026, la energía fotovoltaica se convirtió por segundo mes consecutivo en la primera tecnología del sistema eléctrico español y alcanzó un récord histórico al representar 28,5% de toda la generación eléctrica del país.
En ese mismo periodo, las energías renovables aportaron conjuntamente 60,5% de la generación. El dato permite observar cómo una fuente que hace algunos años ocupaba una posición mucho más pequeña puede llegar a convertirse en uno de los principales componentes del sistema eléctrico.
La experiencia española también permite identificar un elemento importante para otros mercados: la instalación de paneles solares no es suficiente por sí sola. A medida que aumenta la generación renovable, también crece la necesidad de contar con redes eléctricas capaces de transportar esa energía y con sistemas que permitan gestionar los momentos de mayor producción.
El desafío pasa entonces de instalar capacidad a aprovecharla de manera eficiente. Cuando existe mucho sol durante determinadas horas, por ejemplo, el sistema necesita mecanismos para utilizar, almacenar o distribuir esa electricidad de forma adecuada.
La innovación sostenible va más allá de instalar paneles
El crecimiento de la solar y la eólica representa una parte de la innovación sostenible, pero no es la única. Un sistema eléctrico con una mayor participación renovable necesita desarrollar soluciones complementarias que permitan responder a las variaciones naturales de estas fuentes.
La energía solar depende de la disponibilidad de luz, mientras que la producción eólica cambia según las condiciones del viento. Por eso, un sistema con mayor participación renovable necesita combinar diferentes tecnologías, redes y mecanismos de almacenamiento.
Las baterías pueden ayudar a guardar parte de la electricidad generada durante los momentos de mayor producción para utilizarla posteriormente. También existen otras alternativas de almacenamiento y sistemas de gestión de la demanda que permiten adaptar el consumo a la disponibilidad de electricidad.
Esta evolución plantea una nueva etapa para la transición energética. El objetivo ya no consiste únicamente en instalar más capacidad solar o eólica, sino en construir un sistema capaz de aprovechar esa capacidad de manera constante y eficiente.
¿Cómo podría aplicarse este modelo en Latinoamérica?
La experiencia europea ofrece referencias útiles para Latinoamérica, aunque su implementación tendría que adaptarse a las condiciones de cada país. La región cuenta con recursos solares y eólicos importantes, pero también enfrenta diferencias en infraestructura, inversión, regulación y acceso a redes eléctricas.
Una estrategia de energía renovable para Latinoamérica podría comenzar con proyectos adaptados a las características de cada territorio. En regiones con elevada radiación solar, la generación fotovoltaica puede tener un papel destacado, mientras que determinadas zonas con condiciones favorables de viento podrían desarrollar proyectos eólicos.
Pero la instalación de nuevos parques debería avanzar junto con la modernización de las redes. Si una región genera grandes cantidades de electricidad renovable pero carece de líneas suficientes para transportarla hacia los centros de consumo, parte de ese potencial puede quedar desaprovechado.
También sería importante impulsar soluciones de almacenamiento y proyectos distribuidos. Los sistemas solares instalados cerca de los lugares donde se consume electricidad pueden reducir determinadas necesidades de transporte, mientras que las baterías pueden ayudar a gestionar la generación durante distintas horas del día.
Para Latinoamérica, otro punto relevante sería combinar la transición energética con las necesidades locales. En comunidades alejadas de las grandes redes, los sistemas solares acompañados de almacenamiento pueden ofrecer una alternativa para ampliar el acceso a electricidad sin depender exclusivamente de grandes infraestructuras centralizadas.
El crecimiento renovable también plantea nuevos retos
El avance de la solar y la eólica no elimina automáticamente todos los problemas del sistema energético. Una mayor capacidad instalada requiere inversiones, planificación y coordinación entre productores, operadores de redes y gobiernos.
También existe una diferencia importante entre tener capacidad para generar electricidad y producirla efectivamente en todo momento. Un parque solar puede tener una elevada capacidad instalada, pero su producción cambia durante el día. Lo mismo ocurre con los proyectos eólicos cuando las condiciones del viento varían.
Por eso, el crecimiento de las renovables necesita estar acompañado por redes modernas, almacenamiento y mecanismos que permitan equilibrar generación y consumo. La transición energética no consiste simplemente en sustituir una central por otra, sino en transformar la forma en que se produce, distribuye y utiliza la electricidad.
En Europa, los datos muestran que esa transformación ya está ocurriendo. La generación solar y eólica ha alcanzado una escala suficiente para competir directamente con el gas durante periodos cada vez más largos.
Europa entra en una nueva etapa energética
La historia energética europea está pasando de una preocupación centrada en asegurar el suministro de gas a otra en la que la expansión de las renovables comienza a modificar el funcionamiento del sistema eléctrico. Con cerca de 750 GW de capacidad solar y eólica, el continente cuenta con una infraestructura muy diferente a la que tenía hace 25 años.
El crecimiento de estas fuentes ya se refleja en la generación eléctrica y en el menor uso relativo de las centrales de gas durante determinados periodos. España representa uno de los ejemplos más visibles, con la energía fotovoltaica alcanzando 28,5% de la generación eléctrica en mayo de 2026 y las renovables llegando conjuntamente a 60,5%.
Para Latinoamérica, esta evolución ofrece una referencia, pero también una oportunidad para desarrollar soluciones adaptadas a sus propios recursos y necesidades. La combinación de generación solar y eólica, redes modernas, almacenamiento y proyectos distribuidos puede formar parte de una transición energética con beneficios ambientales y económicos.
El siguiente paso será conseguir que la capacidad instalada se convierta en electricidad disponible de forma cada vez más eficiente. Esa es la nueva etapa que abre la energía renovable: no solo generar más electricidad limpia, sino construir sistemas capaces de aprovecharla mejor.


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