Cuando Philip, un joven analista de políticas públicas en Manila, leyó por primera vez el informe del PNUD sobre IA y desigualdad, sintió un nudo en el estómago. Desde hacía años, seguía de cerca cómo su país luchaba por ponerse al día con la digitalización global: infraestructura limitada, pocos expertos en tecnología, inversión insuficiente. Pero nunca imaginó que la llegada de la inteligencia artificial podría significar una nueva ruptura, más profunda y más peligrosa.
Ese mismo sentimiento recorre el nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que advierte que la IA podría desencadenar “una próxima gran divergencia” entre países ricos y pobres, revirtiendo décadas de avances en educación, salud e ingresos.
El documento no busca sembrar miedo. Busca poner un reflector sobre una verdad incómoda: sin políticas internacionales coordinadas, la IA podría convertirse en la herramienta más potente de desigualdad global del siglo XXI.
¿Cómo puede la inteligencia artificial profundizar la desigualdad global?
El informe sostiene que estamos frente a un punto de inflexión histórico. En los últimos 50 años, comercio, tecnología e inversión internacional ayudaron a reducir brechas entre naciones. Sin embargo, la IA tiene un ritmo de avance tan rápido —y requiere habilidades tan especializadas— que podría dejar atrás a quienes no logren adaptarse.
Entre las razones más mencionadas destacan:
• Costos iniciales elevados
La adopción de IA requiere infraestructura digital, capacitación y acceso a grandes volúmenes de datos, un lujo que muchos países de bajos ingresos no pueden costear.
• Concentración tecnológica
La mayor parte del desarrollo de inteligencia artificial está dominado por pocas regiones: Estados Unidos, Europa y China. Esto monopoliza la innovación y limita la transferencia de conocimiento.
• Nuevas habilidades laborales
La automatización amenaza empleos tradicionales, mientras que los sectores beneficiados requieren especialistas que la mayoría de los países en desarrollo no están formando a tiempo.
Aquí es donde la palabra clave IA y desigualdad entra en escena: la tecnología, que podría democratizar oportunidades, corre el riesgo de reforzar las barreras existentes.
IA y desigualdad: lo que la ONU pide antes de que sea tarde
A mitad del informe, aparece el mensaje más fuerte y más inquietante: si no se actúa ahora, incluso los países ricos podrían sufrir las consecuencias.
Philip Schellekens, economista jefe del PNUD, advierte que el aumento de la desigualdad provocada por la IA tendría efectos en cascada:
- Más migración indocumentada
- Tensiones geopolíticas
- Inseguridad económica global
- Pérdida de estabilidad social
La ONU pide tres acciones urgentes:
1. Cooperación internacional en desarrollo tecnológico
Acceso equitativo a modelos de IA, infraestructura digital compartida y apoyo financiero a países rezagados.
2. Políticas nacionales de capacitación masiva
Programas educativos que preparen a las nuevas generaciones para un mundo automatizado.
3. Regulaciones globales de gobernanza tecnológica
Evitar monopolios, fomentar transparencia y garantizar el uso ético de la inteligencia artificial.
Un futuro posible: cerrar la brecha con la misma tecnología que la abrió
En la última parte del informe, el PNUD señala algo crucial: la IA no solo crea desigualdad; también puede combatirla.
Puede mejorar diagnósticos médicos en lugares remotos, optimizar agricultura en países con inseguridad alimentaria, impulsar educación personalizada y acelerar trámites gubernamentales que históricamente han frenado el desarrollo.
Pero para que eso ocurra, la palabra clave IA y desigualdad debe ser entendida como un llamado a la acción. No como un destino inevitable.
Philip, el analista de Manila, lo resume mejor en su cuaderno de notas: “La IA puede unirnos o dividirnos. Lo que hagamos hoy definirá lo que el mundo será mañana”.
IA y desigualdad, un mensaje urgente que el mundo no puede ignorar
La advertencia de la ONU es clara: la inteligencia artificial está reconfigurando el orden global, y si no se gestiona de forma equitativa, IA y desigualdad podrían convertirse en la ecuación más peligrosa del siglo XXI.
El riesgo existe, pero también la oportunidad. El desafío está en nuestras decisiones colectivas.


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