Préstamos fintech se han convertido en una de las opciones más populares para acceder a financiamiento rápido desde el celular. Préstamos fintech y tarjetas de crédito digitales prometen procesos sencillos, pocos requisitos y respuestas casi inmediatas, pero también implican riesgos financieros si no se analizan con cuidado las condiciones. Antes de contratar uno de estos productos, es fundamental entender cómo funcionan, cuánto cuestan realmente y cómo pueden impactar tu estabilidad económica.

El crecimiento de las plataformas financieras tecnológicas ha facilitado el acceso a cuentas de ahorro, inversiones, créditos y tarjetas de crédito sin acudir a una sucursal bancaria. Sin embargo, esta facilidad también ha propiciado un uso excesivo del crédito y problemas de sobreendeudamiento entre algunos usuarios.
Cómo funcionan los préstamos y tarjetas fintech
Las fintech ofrecen principalmente dos tipos de financiamiento: tarjetas de crédito y préstamos personales. En algunos casos, para acceder a un préstamo es necesario contar primero con otro producto de la misma plataforma, como una tarjeta o una cuenta de ahorro activa.
El proceso de solicitud suele ser completamente digital. El usuario llena un formulario en línea, escanea su identificación oficial, se toma una selfie para validar datos biométricos y, dependiendo de la plataforma, presenta comprobante de domicilio o autoriza la revisión de su historial crediticio. Todo esto puede tomar solo unos minutos, lo que vuelve muy atractivo el servicio.
Las tarjetas de crédito fintech pueden ser digitales o físicas, generalmente sin anualidad ni penalizaciones por uso mínimo. No obstante, el verdadero costo se encuentra en el Costo Anual Total (CAT), que suele ser considerablemente más alto que el de la banca tradicional.
El verdadero costo del financiamiento digital
Uno de los puntos más importantes al contratar préstamos fintech es entender el nivel de las tasas de interés. De acuerdo con información de distintas plataformas, el CAT promedio de estas tarjetas puede llegar hasta 160%, muy por encima de los productos bancarios tradicionales.
En el caso de los préstamos personales, algunas fintech ofrecen montos desde 300 hasta 350,000 pesos en una sola solicitud. Las tasas pueden ser anuales —para créditos a 12, 24 o 36 meses— o diarias en el caso de micropréstamos de corto plazo.
Aunque algunas tasas anuales se promocionan entre 8.9% y 20%, existen casos extremos que alcanzan hasta 600%. En los créditos con tasa diaria, un interés de 1.3% al día puede parecer bajo, pero anualizado equivale a aproximadamente 468%, lo que encarece rápidamente la deuda.

El riesgo del sobreendeudamiento
La combinación de altas tasas de interés, acceso inmediato al crédito y poca educación financiera ha generado una problemática creciente. De acuerdo con la plataforma Bravo, especializada en educación financiera y consolidación de deudas, 40% de sus usuarios llegan con problemas derivados de deudas contraídas con fintech.
Luis Lucido, Global Brand Manager de Bravo, señala que muchos usuarios pierden el control de sus finanzas por no conocer a fondo las condiciones del crédito. “Siempre se deben conocer los términos del préstamo, principalmente tasas de interés, plazos, intereses moratorios y comisiones”, recomienda.
El problema no solo es pedir un crédito, sino acumular varios al mismo tiempo. En promedio, los clientes de Bravo llegan con 2.5 deudas y montos cercanos a 180,000 pesos, aunque se han detectado casos con hasta 22 deudas distintas.
Qué evaluar antes de pedir un préstamo fintech
Antes de solicitar financiamiento digital, es clave reflexionar sobre algunos puntos esenciales. Primero, analizar para qué se usará el dinero y si realmente se trata de una necesidad inmediata. Un crédito mal utilizado puede convertirse en una carga financiera a largo plazo.
También es importante calcular qué porcentaje de tu ingreso mensual se destinará al pago de la deuda. Si el compromiso es demasiado alto, el riesgo de atraso aumenta y con ello los intereses moratorios.
Leer cuidadosamente los contratos, entender el CAT, los plazos y las penalizaciones por atraso puede marcar la diferencia entre un crédito útil y un problema financiero serio.

Los préstamos fintech y las tarjetas de crédito digitales son herramientas que pueden facilitar el acceso al financiamiento y apoyar en momentos específicos, pero también representan un riesgo considerable si se usan sin planeación. La clave está en informarse, comparar opciones y mantener un control estricto del endeudamiento. Con educación financiera y decisiones conscientes, estas plataformas pueden ser aliadas; sin ello, pueden convertirse en una fuente de estrés y sobreendeudamiento.


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