El error con las llantas que aumenta el riesgo de que revienten en carretera

Las altas temperaturas no son la única causa de que una llanta reviente. Conoce qué factores aumentan el riesgo y cómo evitarlo.

Aunque existe la creencia de que el calor por sí solo puede hacer que una llanta explote, especialistas coinciden en que el verdadero riesgo aparece cuando se combina con un mantenimiento deficiente.

Las llantas son el único punto de contacto entre el vehículo y el pavimento, por lo que cualquier desgaste, daño o presión incorrecta puede comprometer la estabilidad del automóvil, especialmente cuando el asfalto alcanza temperaturas extremas.

¿El calor realmente puede hacer que una llanta reviente?

Sí, pero no de la forma en que muchas personas imaginan. Durante el verano, la temperatura del pavimento puede ser hasta 10 grados Celsius superior a la del ambiente. Es decir, si el termómetro marca 38 grados, el asfalto puede superar fácilmente los 48 grados.

Ese incremento provoca que el aire dentro del neumático aumente de presión de manera natural. Sin embargo, una llanta que se encuentra en buen estado y con la presión recomendada por el fabricante está diseñada para soportar ese cambio sin presentar problemas.

El riesgo surge cuando el neumático ya tiene desgaste, fue reparado de forma inadecuada, circula con exceso de presión o soporta una carga mayor a la permitida.

Los errores que aumentan el riesgo de un reventón de una llanta

La mayoría de las explosiones de llantas no ocurren únicamente por el calor, sino por una combinación de factores que debilitan su estructura.

Entre los principales se encuentran circular con una presión de inflado distinta a la recomendada por el fabricante, transportar más peso del permitido, conducir con una banda de rodamiento muy desgastada o utilizar neumáticos que presentan deformaciones, golpes o los conocidos «chipotes» después de caer en baches o golpear banquetas.

Otro aspecto que especialistas desaconsejan es el seccionado de llantas, una reparación utilizada en algunas vulcanizadoras para intentar recuperar neumáticos severamente dañados.

Este procedimiento consiste en cortar la parte afectada, coserla y colocar parches vulcanizados para sellarla nuevamente. Aunque puede representar una solución temporal en una emergencia, los expertos advierten que la estructura interna del neumático ya quedó comprometida, por lo que su resistencia nunca vuelve a ser la misma.

Cuando el daño ocurre en los costados de la llanta, la situación es todavía más delicada, ya que además del caucho también pueden romperse los alambres y fibras textiles que le dan soporte, haciendo prácticamente imposible una reparación completamente segura.

¿Conviene inflar las llantas con nitrógeno?

Una alternativa que utilizan cada vez más conductores es inflar los neumáticos con nitrógeno. A diferencia del aire convencional, este gas prácticamente no contiene humedad, por lo que mantiene una presión mucho más estable cuando la temperatura cambia.

Esto ayuda a reducir las variaciones de presión durante recorridos largos bajo el sol, además de disminuir las deformaciones del neumático mientras está en movimiento.

Sin embargo, utilizar nitrógeno no elimina la necesidad de revisar periódicamente la presión ni sustituye un buen mantenimiento. El aire convencional sigue siendo completamente seguro siempre que las llantas estén correctamente calibradas.

El calor también acelera el desgaste de las llantas

La empresa fabricante de neumáticos Firestone advierte que las altas temperaturas afectan el rendimiento de las llantas, especialmente cuando la presión es inferior a la recomendada.

En esas condiciones, la banda de rodamiento tiene un mayor contacto con el pavimento, lo que incrementa la fricción y acelera el desgaste. Según la compañía, la vida útil del neumático puede reducirse hasta en 15%, mientras que el consumo de combustible puede aumentar alrededor de 10%, debido al mayor esfuerzo que realiza el vehículo para desplazarse.

Además, el calor modifica las propiedades del caucho, haciéndolo más blando y frágil, por lo que resulta indispensable revisar periódicamente la profundidad del dibujo.

La normativa establece un mínimo legal de 1.6 milímetros, aunque especialistas recomiendan reemplazar las llantas cuando la profundidad sea inferior a 3 milímetros, ya que su capacidad de frenado y adherencia comienza a disminuir considerablemente.

¿Qué revisar antes de salir a carretera?

Antes de emprender un viaje largo, conviene verificar que las llantas tengan la presión indicada por el fabricante cuando estén frías, inspeccionar que no presenten cortes, deformaciones o desgaste irregular y confirmar que la banda de rodamiento conserve suficiente profundidad.

También es recomendable evitar sobrecargar el vehículo y sustituir cualquier neumático que haya sufrido daños importantes, incluso si fue reparado previamente.

En la mayoría de los casos, un reventón no ocurre de manera repentina por culpa del calor, sino como consecuencia de problemas que pudieron detectarse con una revisión preventiva. Dedicar unos minutos al estado de las llantas puede marcar la diferencia entre un viaje seguro y un accidente en carretera.

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