domingo, enero 25, 2026

Dormir siesta vespertina mejora tu memoria, según la ciencia

Un nuevo estudio científico revela que dormir una siesta ayuda al cerebro a reforzar la memoria y mejorar la capacidad de aprendizaje.

Dormir la siesta ya no es solo una costumbre cultural ni un pequeño lujo del día a día, también puede ayudar a aprender mejor. Un nuevo estudio científico confirma que un breve descanso vespertino ayuda al cerebro a asimilar información, fortalecer la memoria y mejorar el rendimiento mental.

La investigación fue liderada por especialistas del Medical Center–University of Freiburg, el Hospital Universitario de Ginebra (HUG) y la Universidad de Ginebra (UNIGE), y sus resultados fueron publicados en la revista NeuroImage. De acuerdo con los hallazgos, dormir apenas 45 minutos por la tarde es suficiente para que el cerebro reorganice y refuerce sus conexiones neuronales, un proceso importante para el aprendizaje.

¿Por qué la siesta mejora la memoria?

Durante la siesta, el cerebro procesa de forma constante estímulos, pensamientos y datos. Este esfuerzo continuo fortalece las sinapsis, las conexiones entre neuronas, lo que permite aprender. Sin embargo, cuando esta actividad se prolonga demasiado, las conexiones pueden saturarse, dificultando la incorporación de nueva información.

Tradicionalmente, se creía que solo el sueño nocturno podía restaurar este equilibrio sináptico. No obstante, el nuevo estudio demuestra que una siesta corta también cumple esta función, al aliviar la carga neuronal y devolverle al cerebro su capacidad de adaptación.

“El descanso permite restaurar la plasticidad cerebral y facilita la adquisición de nuevos conocimientos”, explicó Christoph Nissen, director del estudio y catedrático de la Facultad de Medicina de la UNIGE.

Una siesta de 45 minutos ayuda a aprender mejor según el estudio.
Una siesta de 45 minutos ayuda a aprender mejor según el estudio.

Así actúa la siesta en el cerebro

El experimento contó con la participación de 20 adultos jóvenes sanos, quienes en dos sesiones distintas pasaron la tarde durmiendo una siesta o permaneciendo despiertos. El descanso tuvo una duración promedio de 45 minutos.

Para analizar los efectos del sueño sin intervenir directamente en el cerebro, los investigadores utilizaron técnicas no invasivas como la estimulación magnética transcraneal (TMS) y el electroencefalograma (EEG). Los resultados mostraron que, tras la siesta, la fuerza global de las sinapsis disminuyó, señal de una restauración saludable, mientras que la capacidad de crear nuevas conexiones aumentó de forma significativa.

En términos prácticos, el cerebro queda “más despejado” y mejor preparado para aprender, algo que se reflejó en un mejor desempeño de los participantes frente a tareas que exigían memoria e integración de conceptos.

El cerebro hace espacio para aprender más

Los investigadores describen este proceso como una “resincronización sináptica”, mediante la cual el cerebro libera espacio para formar nuevas memorias. Por ello, la siesta podría ser especialmente beneficiosa para personas con actividades que demandan alta concentración mental o física.

“Una siesta después del almuerzo puede ayudar a sostener la productividad cuando la exigencia es elevada”, señaló Nissen, en declaraciones recogidas por Medical Xpress.

Eso sí, los expertos aclaran que este beneficio no sustituye al sueño nocturno ni resuelve problemas de insomnio crónico, los cuales suelen estar asociados a ansiedad o malos hábitos. Aun así, una falta ocasional de sueño puede compensarse parcialmente con un descanso breve durante el día.

Lejos de ser una pérdida de tiempo, la siesta puede ser una aliada del aprendizaje y la salud cerebral.

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