En la mesa de muchas familias mexicanas, el pavo no solo representa una tradición navideña: es también un símbolo de bienestar y alimentación equilibrada. A diferencia de otras carnes, su perfil nutricional ha hecho que sea cada vez más valorado por médicos, nutriólogos y deportistas que buscan una fuente de proteína limpia, baja en grasa y alta en nutrientes esenciales.
Un alimento ligero y completo
El pavo está compuesto en un 75 % por agua, lo que lo convierte en una carne ligera, fácil de digerir y perfecta para dietas de control de peso. Su bajo contenido en grasa y colesterol —inferior incluso al del pollo— lo posiciona como una opción ideal para quienes buscan cuidar su salud cardiovascular sin renunciar al sabor.
Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), el pavo aporta proteínas de alta calidad biológica, es decir, contiene todos los aminoácidos esenciales para mantener y reparar los tejidos musculares. Por eso, es una elección frecuente entre deportistas o personas en procesos de tonificación muscular.
Fuente natural de minerales y vitaminas
El pavo es rico en minerales como selenio, fósforo, zinc y potasio.
- El selenio actúa como antioxidante, protegiendo las células del estrés oxidativo.
- El fósforo fortalece huesos y dientes.
- El zinc mejora el sistema inmunitario y la cicatrización.
- El potasio regula el equilibrio hídrico y muscular.
Además, su aporte de vitaminas del complejo B (B3, B6 y B12) favorece el metabolismo energético y el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Una porción de 100 gramos puede cubrir casi el 100 % de la dosis diaria recomendada de niacina, esencial para quienes realizan actividad física.
Ideal para dietas bajas en carbohidratos
La carne de pavo prácticamente no contiene hidratos de carbono, lo que la hace perfecta para quienes siguen dietas keto, low carb o de control calórico. Su versatilidad permite incorporarla en ensaladas, wraps, sopas o platillos principales sin perder valor nutricional.
Contraindicaciones y precauciones
Aunque el pavo fresco es una carne segura, los productos procesados (como jamones o salchichas de pavo) pueden contener altas cantidades de sodio y conservantes. Por ello, las personas con hipertensión o enfermedades renales deben optar por versiones naturales y sin sal añadida.
Las alergias al pavo son poco frecuentes, pero en caso de intolerancia, se recomienda acudir a un especialista antes de incorporarlo a la dieta.


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