Una hormiga abandona su recorrido habitual, camina de manera errática y termina aferrada a una hoja, una corteza o una roca. Después muere y desde su cuerpo, comienza a desarrollarse un hongo que liberará esporas para infectar a otros insectos. Aunque parece una escena de ciencia ficción, este fenómeno ocurre de manera natural en los bosques de México con los llamados “hongos zombi”.
Investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) documentaron seis especies de los llamados “hongos zombi” en bosques tropicales de Jalisco. Estos organismos pertenecen al grupo de los hongos entomopatógenos, capaces de utilizar insectos y otros artrópodos como huéspedes para completar su ciclo de desarrollo y reproducción.
El hallazgo permite conocer mejor la diversidad de estos organismos en los ecosistemas mexicanos y también abre nuevas preguntas sobre las sustancias que producen y sus posibles aplicaciones científicas.
¿Cómo controlan los “hongos zombi” a las hormigas?
El proceso comienza cuando el hongo consigue ingresar al organismo de una hormiga. Una vez dentro, empieza a desarrollarse y producir sustancias conocidas como metabolitos especializados. De acuerdo con el investigador César Ballesteros Aguirre, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA), estos compuestos interactúan con el sistema nervioso del insecto y modifican su comportamiento.
La hormiga infectada comienza entonces a caminar de manera errática y pierde parte del comportamiento que normalmente utiliza para desplazarse y realizar sus actividades dentro de la colonia.
Pero el hongo no necesita controlar cada movimiento del insecto. Su estrategia consiste en modificar su comportamiento lo suficiente para llevarla hacia un sitio que resulte favorable para su propio desarrollo.

¿Por qué la hormiga termina en un lugar específico?
La ubicación es fundamental para que el hongo pueda reproducirse. Las hormigas infectadas se desplazan hacia sitios donde existen condiciones adecuadas de humedad, temperatura y luz. En determinadas zonas del bosque pueden concentrarse numerosos ejemplares infectados, lugares que los especialistas denominan “cementerios”.
Una vez que llega al sitio adecuado, la hormiga puede terminar sujetándose con fuerza mediante sus patas y mandíbulas a una hoja, corteza o roca. Después ocurre la muerte del insecto. El hongo continúa creciendo sobre su cuerpo y, finalmente, produce estructuras que liberan esporas al ambiente.
Estas esporas pueden alcanzar a otras hormigas y comenzar nuevamente el ciclo de infección.
¿El hongo realmente controla la mente de la hormiga?
La expresión “hongos zombis” resulta llamativa porque describe un fenómeno en el que un organismo modifica de manera extraordinaria la conducta de su huésped.
Sin embargo, no significa que el hongo convierta a la hormiga en un “zombi” como ocurre en las películas. El mecanismo biológico es mucho más específico, los compuestos producidos por el hongo interactúan con el organismo del insecto y provocan cambios conductuales que favorecen la reproducción del propio hongo.
La alteración del comportamiento representa una ventaja evolutiva para el organismo, porque le permite llevar a su huésped a un ambiente donde tendrá mejores posibilidades de completar su ciclo.
Una de las especies lleva el nombre de Guillermo del Toro
Una de las especies identificadas fue denominada Ophiocordyceps deltoroi, en homenaje al cineasta tapatío Guillermo del Toro. La elección del nombre no fue casual. Ballesteros describió a esta especie como “monstruosa y bella a la vez”, una combinación que los investigadores relacionaron con la manera en que el director mexicano ha presentado criaturas fantásticas en sus películas.
Así, el nombre científico de uno de estos organismos quedó ligado a uno de los cineastas mexicanos más reconocidos internacionalmente.
¿Para qué sirven estos hongos zombis?
Además de ayudar a entender cómo funcionan los ecosistemas, los hongos entomopatógenos despiertan interés por las sustancias que producen. Los metabolitos especializados que utilizan para modificar el comportamiento de los insectos pueden ser estudiados por la ciencia para conocer sus propiedades y posibles aplicaciones.
De acuerdo con Ballesteros, algunos de estos compuestos podrían ser relevantes para futuras investigaciones relacionadas con enfermedades como el cáncer, la tuberculosis y la esclerosis múltiple.
Esto no significa que los hongos descubiertos sean medicamentos ni que actualmente exista un tratamiento contra esas enfermedades derivado de ellos. Se trata de líneas potenciales de investigación que todavía requieren estudios para determinar si las sustancias tienen alguna utilidad médica real.
¿Por qué es importante estudiar estas especies en México?
El hallazgo también muestra la diversidad biológica que existe en los bosques tropicales de Jalisco. Identificar nuevas especies permite comprender mejor las relaciones entre hongos, insectos y plantas dentro de los ecosistemas. En este caso, los “hongos zombi” muestran hasta qué punto pueden existir interacciones especializadas entre organismos que, a simple vista, parecen no tener ninguna relación.
La investigación de la UdeG, difundida por la Gaceta UDG y retomada por la agencia EFE, documenta seis especies presentes en México y aporta información para continuar estudiando un grupo de organismos que todavía guarda numerosos secretos.


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