El estrés crónico se ha convertido en una constante para millones de personas que viven en grandes ciudades como la Ciudad de México. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advirtió que la exposición prolongada a factores urbanos como la contaminación, las multitudes y los congestionamientos viales puede desencadenar consecuencias graves tanto en la salud mental como en la física.
Aunque el estrés no siempre es negativo, su presencia constante en entornos urbanos lo ha transformado en un problema de salud pública que muchas veces pasa desapercibido.
¿Qué es el estrés crónico?
De acuerdo con Ingrid Vargas Huicochea, coordinadora de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM, el estrés es una reacción natural del organismo ante situaciones que implican presión, amenaza o cambios fuera de nuestro control.
La especialista explicó que cuando aparece un estresor, el cuerpo activa mecanismos físicos y mentales para intentar recuperar el equilibrio. Por ello, el estrés en sí mismo no es patológico y en episodios breves, incluso puede resultar funcional y motivador.
Sin embargo, el problema surge cuando esta reacción se mantiene de forma constante o cuando la persona presenta una vulnerabilidad individual que dificulta el retorno al equilibrio, el conocido estrés crónico.
Diferencia entre estrés positivo y negativo
Desde el enfoque psicológico, la UNAM distingue entre el eustrés y el distrés. El primero es un estrés positivo que suele acompañar experiencias emocionantes o retadoras, como una graduación o una boda, y se relaciona con motivación, entusiasmo y emociones agradables.
En contraste, el distrés es un estrés negativo que se prolonga en el tiempo y suele estar vinculado a situaciones como conflictos legales, problemas laborales o presiones económicas constantes. Este tipo de estrés se asocia con emociones como ansiedad, angustia, miedo e incluso depresión.
Según Vargas Huicochea, la contraparte del estrés es el bienestar, y gran parte de la investigación universitaria se enfoca en cómo fortalecerlo, especialmente en comunidades académicas que reciben atención psiquiátrica.

¿Qué pasa en el cuerpo cuando el estrés se vuelve crónico?
La UNAM explicó que el estrés se vuelve perjudicial bajo dos condiciones principales: cuando el estresor no desaparece o cuando la persona tiene una mayor vulnerabilidad biológica o emocional.
Durante una respuesta de estrés, el organismo libera diversas sustancias neuroquímicas, entre ellas el cortisol, una hormona que eleva la presión arterial y los niveles de glucosa en la sangre para preparar al cuerpo ante una amenaza.
El problema aparece cuando el cortisol permanece elevado por largos periodos. La especialista advirtió que algunas áreas del cerebro son especialmente sensibles a esta hormona, lo que provoca deterioro progresivo en funciones como la atención, la concentración y la memoria. Con el tiempo, también pueden verse afectadas las emociones.
Ansiedad y depresión: las principales consecuencias
Según la UNAM, el estrés crónico puede derivar principalmente en dos trastornos: ansiedad o depresión.
En los cuadros de ansiedad, las personas suelen experimentar preocupación constante, nerviosismo, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo y dificultades para concentrarse. En el caso de la depresión, se presentan síntomas como ánimo bajo, insomnio o somnolencia excesiva, cambios en el apetito, pérdida de interés en actividades cotidianas y pensamientos de desesperanza.
Ambos trastornos impactan significativamente la calidad de vida y, de no atenderse, pueden agravarse con el tiempo.
Daños del estrés crónico en la salud física
El impacto del estrés prolongado no se limita a la salud mental. La UNAM documentó que esta condición incrementa el riesgo de alteraciones en el ritmo cardiaco, picos de hipertensión arterial, problemas gastrointestinales y trastornos dermatológicos.
Además, la ansiedad asociada al estrés crónico puede manifestarse con síntomas físicos como dolores musculares, cefalea, zumbido de oídos, visión borrosa, calambres, debilidad, palpitaciones y sensación de falta de aire, lo que refuerza el círculo de malestar físico y emocional.
¿Cómo prevenir el estrés crónico, según la UNAM?
Para evitar que el estrés se vuelva patológico, la universidad recomienda identificar los estresores cotidianos y observar cómo reacciona cada persona ante ellos, con el fin de distinguir cuáles contribuyen al bienestar y cuáles generan desgaste.
Ingrid Vargas Huicochea sugirió recurrir a herramientas presenciales o digitales como yoga, meditación, ejercicio físico o psicoterapia, incluso en personas que no presentan un trastorno mental diagnosticado. De acuerdo con la UNAM, las terapias contextuales ayudan a adaptarse mejor a las circunstancias actuales y a fortalecer estrategias de autocuidado y equilibrio emocional.


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