El dolor articular en perros es una de las afecciones más comunes y al mismo tiempo, más subestimadas dentro de la medicina veterinaria. Con frecuencia, los cambios que provoca se confunden con “cosas de la edad” o con alteraciones normales del comportamiento, cuando en realidad se trata de una condición clínica que puede afectar seriamente la calidad de vida de la mascota.
La Dra. Andrea Bernal, médica veterinaria de Maka Recetas, explica qué es el dolor articular en perros, por qué aparece, cómo identificarlo a tiempo y cuáles son las opciones actuales para ayudar a los caninos a vivir con mayor bienestar.
¿Qué es el dolor articular en perros?
“El dolor articular en perros es una manifestación clínica asociada a la inflamación, degeneración o daño estructural de una o varias articulaciones”, explica la especialista. Este problema surge cuando el cartílago articular, el líquido sinovial, los ligamentos o el hueso subcondral se ven afectados, lo que provoca fricción, inflamación y limitación del movimiento.
Puede presentarse de forma aguda o crónica y suele impactar directamente en la movilidad, el comportamiento y la calidad de vida del perro.
Principales causas del dolor articular en perros
Entre las causas más frecuentes se encuentran la osteoartritis, la displasia de cadera o de codo, lesiones traumáticas como la ruptura del ligamento cruzado craneal, malformaciones congénitas, infecciones articulares y enfermedades inflamatorias de origen inmunológico.
Factores como el envejecimiento, la obesidad, el sobreesfuerzo físico y una mala conformación anatómica también influyen en la aparición o progresión del dolor articular.
¿Solo afecta a perros mayores?
Aunque es más común en perros adultos y geriátricos, generalmente a partir de los seis o siete años, el dolor articular en perros no es exclusivo de esta etapa. Los perros jóvenes también pueden sufrirlo debido a lesiones, crecimiento acelerado, defectos congénitos o actividad física excesiva.
La diferencia radica en el origen del problema: en perros jóvenes suele ser traumático o del desarrollo, mientras que en perros mayores es más frecuente que tenga un origen degenerativo.

Razas con mayor riesgo
Las razas grandes y gigantes, como Pastor Alemán, Labrador Retriever, Golden Retriever, Rottweiler, San Bernardo y Mastín, presentan mayor predisposición a displasia de cadera y codo.
En razas pequeñas como Bulldog francés, Pug y Dachshund, los problemas articulares suelen estar relacionados con su conformación corporal.
¿El frío y la obesidad empeoran el dolor articular en perros?
Aunque el frío no causa enfermedades articulares, sí puede intensificar el dolor y la rigidez en perros con afecciones preexistentes. Las bajas temperaturas aumentan la sensibilidad articular y reducen la movilidad, especialmente en casos de artrosis, por lo que protegerlos del frío es fundamental.
La obesidad, por su parte, es uno de los factores de riesgo más importantes. El exceso de peso incrementa la carga sobre las articulaciones y favorece la inflamación crónica. El control de peso ha demostrado reducir el dolor, mejorar la movilidad y retrasar la progresión de la enfermedad articular.
Lesiones que pueden detonar dolor articular a largo plazo
Lesiones como la ruptura del ligamento cruzado craneal, fracturas articulares mal consolidadas y luxaciones pueden generar inestabilidad articular y degeneración progresiva con el paso del tiempo.
Aunque la lesión inicial parezca haber sanado, estos daños alteran la biomecánica normal de la articulación y pueden derivar en osteoartritis secundaria años después.
Artritis, artrosis y displasia de cadera
La artritis es un término general que describe la inflamación articular. La artrosis u osteoartritis es una enfermedad degenerativa crónica caracterizada por el desgaste progresivo del cartílago.
La displasia de cadera, en cambio, es una alteración del desarrollo de la articulación que provoca incongruencia articular y favorece la aparición temprana de artrosis.
Distinguir estos diagnósticos permite entender mejor el origen del dolor y establecer un manejo adecuado desde etapas tempranas.

Cambios de conducta que alertan dolor articular en perros
Uno de los mayores retos es que los primeros signos suelen ser sutiles. La disminución del entusiasmo para jugar, la rigidez al levantarse, la tardanza en ponerse de pie o el evitar saltar suelen atribuirse erróneamente al envejecimiento.
A nivel conductual, un perro con dolor articular puede mostrarse irritable, retraído, menos sociable, vocalizar al moverse, dormir más de lo habitual o incluso reaccionar con agresividad al ser manipulado. En algunos casos, evita el contacto físico o cambia sus patrones de descanso.
¿Cuándo acudir al veterinario?
Es importante acudir al veterinario ante cualquier cojera persistente, dolor evidente, cambios de comportamiento o disminución de la movilidad que se prolongue más de 24 a 48 horas, o de forma inmediata si el dolor es intenso.
Detectar las señales a tiempo puede marcar una diferencia enorme en la evolución del problema y en el bienestar general del perro.
¿Existe tratamiento para el dolor articular?
El diagnóstico se basa en una evaluación clínica ortopédica y estudios de imagen como radiografías, tomografía computarizada o resonancia magnética. En casos específicos, también pueden realizarse análisis de líquido sinovial o pruebas genéticas.
El tratamiento es multimodal y se adapta a cada paciente. Incluye medicamentos antiinflamatorios y analgésicos, control de peso, fisioterapia, ejercicio controlado, suplementos nutricionales y, en algunos casos, cirugía.
La fisioterapia, la hidroterapia y una dieta balanceada enriquecida con omega-3, antioxidantes, glucosamina y condroitina pueden ayudar a reducir la inflamación y mejorar la movilidad.
El dolor articular en perros no debe asumirse como una consecuencia inevitable de la edad. Puede aparecer en distintas etapas de la vida y manifestarse a través de señales físicas y cambios de conducta que con frecuencia pasan desapercibidos.


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