El cáncer de cabeza y cuello representa aproximadamente el 5% de todos los casos oncológicos en el mundo, pero su detección temprana sigue siendo un desafío. A menudo se manifiesta con síntomas sutiles que pueden parecer inofensivos, como una ronquera persistente o una llaga que no cicatriza. Sin embargo, conocer los síntomas de alarma y adoptar medidas de prevención efectivas puede marcar la diferencia entre un tratamiento exitoso y un diagnóstico tardío.
Qué es el cáncer de cabeza y cuello
Se trata de un conjunto de tumores malignos que se desarrollan en áreas como la boca, lengua, garganta, laringe, senos paranasales, nariz y glándulas salivales. Es más común en hombres mayores de 50 años, aunque puede aparecer en cualquier edad, especialmente si existen factores de riesgo.
Según el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), una gran parte de los casos están relacionados con hábitos de vida, como el consumo de tabaco y alcohol, pero también se han identificado factores virales, como la infección por el virus del papiloma humano (VPH).
Síntomas de alarma que no debes ignorar
Muchos de estos síntomas pueden parecer poco importantes, pero si duran más de dos semanas o empeoran, es fundamental acudir al médico:
- Ronquera persistente o cambios en la voz
- Dolor de garganta crónico o que no mejora con tratamiento
- Dificultad para tragar (disfagia) o sensación de tener algo atorado
- Bultos en el cuello o debajo de la mandíbula
- Úlceras o llagas en la boca que no cicatrizan
- Sangrado sin causa aparente en la boca o nariz
- Pérdida de peso inexplicada
- Dolor o inflamación en el oído, especialmente si se acompaña de otros síntomas
Detectar estos signos de forma temprana permite iniciar un tratamiento antes de que el cáncer se disemine, lo que mejora significativamente el pronóstico.
Factores de riesgo más comunes
Prevenir el cáncer de cabeza y cuello comienza por identificar los factores de riesgo más frecuentes:
- Tabaquismo: Es el factor de riesgo más importante. El 85% de los pacientes con este tipo de cáncer son fumadores actuales o lo fueron en el pasado.
- Consumo excesivo de alcohol: Potencia los efectos cancerígenos del tabaco.
- Infección por VPH: Se asocia sobre todo con el cáncer orofaríngeo. La transmisión puede ser oral-genital.
- Mala higiene bucal: Las infecciones crónicas e irritaciones en la boca aumentan el riesgo.
- Exposición a sustancias químicas o polvo: En ciertos ambientes laborales.
- Dieta baja en frutas y verduras: Los antioxidantes ayudan a proteger las células del daño.
Cómo prevenir el cáncer de cabeza y cuello
Aunque no todos los casos son evitables, muchos pueden prevenirse mediante cambios en el estilo de vida:
- Dejar de fumar y evitar ambientes con humo de tabaco.
- Limitar el consumo de alcohol, especialmente en combinación con cigarrillos.
- Vacunarse contra el VPH, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes.
- Mantener una buena higiene bucodental, visitando al dentista con regularidad.
- Usar protección en ambientes de riesgo (máscaras, filtros) si trabajas con sustancias tóxicas.
- Llevar una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras y antioxidantes.
Además, es clave realizar chequeos médicos periódicos, especialmente si tienes antecedentes familiares de cáncer o has estado expuesto a factores de riesgo por muchos años.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico generalmente comienza con una evaluación clínica y una biopsia de la lesión sospechosa. También se utilizan estudios de imagen como tomografías, resonancias magnéticas o endoscopias.
El tratamiento depende del tipo, la localización y la etapa del cáncer. Las opciones incluyen:
- Cirugía: Para extirpar el tumor.
- Radioterapia: Sola o como complemento tras una operación.
- Quimioterapia: En casos más avanzados o con metástasis.
- Terapias dirigidas o inmunoterapia: En fases específicas y con ciertos biomarcadores.
El cáncer de cabeza y cuello es silencioso pero agresivo si no se detecta a tiempo. Prestar atención a los síntomas persistentes y modificar los hábitos de riesgo puede hacer una gran diferencia. La detección precoz, combinada con un tratamiento oportuno, ofrece altas tasas de curación en etapas iniciales. Consultar al médico ante cualquier molestia anormal sigue siendo la mejor herramienta para cuidar tu salud.


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