Natalie Ringold, una maestra de primaria en Minneapolis, ha cautivado a millones con una simple pero poderosa lección sobre la bondad y el impacto de las palabras. Su «regla de los 30 segundos», ilustrada con un tubo de pasta de dientes, se ha vuelto viral, ofreciendo una guía crucial contra el bullying para todas las edades.
La «regla de los 30 segundos» de Natalie Ringold es una herramienta pedagógica diseñada para enseñar a sus alumnos de primaria a discernir cuándo un comentario sobre la apariencia de otra persona es apropiado y cuándo puede ser hiriente. La premisa es sencilla: «Si alguien no puede cambiar algo sobre sí mismo en 30 segundos o menos, entonces no deberías mencionárselo». Esta regla ofrece una heurística práctica y fácil de entender, especialmente para los niños, sobre la delicada línea entre la observación útil y la crítica potencialmente dañina.
Ringold explica que hay situaciones en las que señalar algo es útil. Por ejemplo, si un compañero tiene el zapato desatado, una pelusa en la ropa o la cremallera del pantalón baja, es aceptable decírselo, preferiblemente con educación y en privado si la situación podría causar vergüenza. Estos son aspectos que la persona puede corregir rápidamente. Sin embargo, la regla establece claramente que no se deben hacer comentarios sobre características que no se pueden alterar en ese breve lapso, o que son inherentes a la persona, como el color o la textura de su cabello, su peinado, la forma de su cuerpo o su estatura. Este enfoque aborda una zona gris común en las interacciones sociales, proporcionando una guía clara que puede prevenir el daño involuntario y fomentar una comunicación más considerada y respetuosa.
La Metáfora de la Pasta de Dientes: Una Lección Imborrable sobre el Poder de las Palabras
Para ilustrar el impacto duradero de las palabras hirientes, Natalie Ringold utiliza una poderosa y visual analogía: un tubo de pasta de dientes. Durante su lección, aprieta el tubo y esparce la pasta sobre su escritorio, explicando a sus alumnos que, al igual que la pasta de dientes una vez fuera del tubo no puede volver a meterse completamente, las palabras negativas, una vez dichas, no pueden retractarse por completo, por muchas disculpas que se ofrezcan. «Intentas arreglarlo, intentas disculparte, intentas retirar las palabras… pero es algo que no podían cambiar de sí mismos, así que se vuelve muy complicado. No puedes retirar totalmente esas palabras. No puedes arreglarlo del todo», explica en su video viral.
Esta sencilla demostración hace tangible un concepto abstracto, el del daño emocional persistente, de una manera que los niños pueden comprender y recordar fácilmente. Ringold enfatiza: «Tus palabras tienen poder y tus palabras importan. Si sales de esta aula difundiendo bondad a las personas que te rodean, difundiendo amor… eso es lo que realmente marca la diferencia». La maestra ha estado perfeccionando esta lección, que sus alumnos llaman una «Ringold Special», desde que enseñaba en quinto grado en 2019. Su propia experiencia refuerza la importancia de esta enseñanza; como compartió con TODAY.com, «Todavía recuerdo cosas que escuché en segundo grado que se han quedado conmigo todos estos años» , una confesión que subraya las cicatrices duraderas del acoso infantil y la crucial labor preventiva de los educadores.
«Es tan importante que entiendan que las palabras pueden dejar una impresión duradera que quizás nunca se borre. Todavía recuerdo cosas que escuché en segundo grado que se han quedado conmigo todos estos años.» – Natalie Ringold.
Impacto Viral: Por Qué la «Ringold Special» Resuena en Aulas y Redes Sociales
La lección de Natalie Ringold trascendió rápidamente las paredes de su aula, convirtiéndose en un fenómeno viral en las redes sociales. Un video de su explicación de la «regla de los 30 segundos» y la metáfora de la pasta de dientes acumuló más de 1.8 millones de «me gusta» en Instagram y fue visto por más de 37 millones de personas. Este alcance masivo demuestra cómo un mensaje educativo positivo, originado en un entorno escolar, puede multiplicarse a través de las plataformas digitales y generar conversaciones globales sobre temas fundamentales como la bondad y el respeto.
Los estudiantes de Ringold han interiorizado la lección, e incluso se les ha escuchado repetir el mensaje en sus interacciones diarias. Sin embargo, lo más sorprendente fue la reacción de los adultos. Los comentarios en las redes sociales reflejaron un profundo eco del mensaje: «Los adultos necesitan escuchar este mensaje», «Esto debería ser obligatorio para cualquiera que se una a las redes sociales», e incluso expresiones de deseo de que esta lección se hubiera enseñado antes: «¡DIOS TE BENDIGA! Como persona que fue implacablemente acosada racialmente de niña, desearía que esto se enseñara».
Ringold, quien soñaba con ser maestra desde tercer grado y llenaba carpetas con ideas para sus futuras clases , se mostró asombrada por la magnitud de la respuesta. Su esperanza inicial era que otros educadores adoptaran la lección, pero el impacto fue mucho más amplio, demostrando una necesidad universal de herramientas claras y efectivas para fomentar la empatía. La «Ringold Special» se ha convertido en un recordatorio para todas las edades sobre la responsabilidad que conllevan nuestras palabras y el poder transformador de la amabilidad.


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