Artesanos de Metepec, Estado de México, lanzan una voz de alerta: la producción masiva de imitaciones chinas baratas está llevando al borde de la extinción al icónico Árbol de la Vida. Esta competencia desleal no solo amenaza su sustento, sino un legado cultural de generaciones.
En los talleres de barro de Metepec, donde el aire huele a tierra húmeda y pintura, las manos de cientos de artesanos dan forma a una de las expresiones más emblemáticas del arte popular mexicano: el Árbol de la Vida. Sin embargo, una sombra importada desde Asia amenaza con secar sus raíces. La proliferación de imitaciones baratas, principalmente de origen chino, ha puesto a esta tradición en una crisis sin precedentes.
La Competencia Desleal que Inunda los Mercados
El problema, denuncian los artesanos locales, es una competencia completamente desigual. Mientras que un Árbol de la Vida auténtico, modelado y pintado a mano durante días o incluso semanas, tiene un costo que refleja el tiempo, la habilidad y la calidad de los materiales, las copias industriales se venden a una fracción de su precio.
«Los productos son más baratos, pero el acabado es diferente. Es imitación de cuero y sintético, y dicen que todo es piel, y los turistas lo compran», explica un artesano de Chiapas que enfrenta un problema similar, reflejando una crisis nacional. En Metepec, la situación es idéntica. Los mercados turísticos, que deberían ser el principal escaparate para el arte local, se ven inundados por estas réplicas que confunden al comprador y devalúan el trabajo original.
Un Legado en Peligro de Extinción
El impacto es devastador y va más allá de lo económico. Es una amenaza existencial para la propia tradición. Según reportes, el número de talleres dedicados a la elaboración de estas complejas esculturas de barro ha disminuido drásticamente. En la famosa calle Comonfort de Metepec, que alguna vez fue un hervidero de alfareros, hoy solo un puñado de talleres mantiene viva la flama de la creación de los Árboles de la Vida.
La crisis obliga a los artesanos a competir en un mercado que prioriza el precio sobre la calidad y la autenticidad. Muchos se ven forzados a bajar sus precios a niveles insostenibles o, peor aún, a abandonar el oficio que han heredado de sus padres y abuelos.
«Sabemos que los productos chinos son baratos y, a menudo, de mala calidad. Así que esto debería obligarnos a hacer nuestro trabajo mejor», reflexiona una artesana, viendo la crisis como un llamado a reafirmar el valor de lo auténtico.
La Lucha por la Supervivencia: Marcas y Denominación de Origen
Ante esta amenaza, los artesanos no se han quedado de brazos cruzados. La comunidad alfarera, con el apoyo de autoridades, ha buscado proteger su patrimonio. En 2009, se logró un paso fundamental: el Árbol de la Vida fue registrado como marca para los artesanos de Metepec y del municipio vecino de Calimaya.
Esta medida busca dar certeza al comprador y proteger legalmente el trabajo de las aproximadamente 300 familias que dependen de esta artesanía. La idea es que, al igual que el tequila o el mezcal, el Árbol de la Vida tenga una denominación de origen que garantice su autenticidad y calidad.
Sin embargo, los desafíos persisten. Proyectos como la Explanada Artesanal de Metepec, diseñados para promover el comercio justo, han sufrido de falta de apoyo y promoción, dejando a los artesanos con pocos espacios para vender sus creaciones sin la competencia desleal de las imitaciones. La batalla por el Árbol de la Vida es una lucha por el alma de la cultura mexicana, un esfuerzo por demostrar que el valor de una pieza no está en su precio, sino en la historia, el talento y el corazón que contiene.


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