Mientras muchos jóvenes dedican su tiempo libre al ocio, un grupo de universitarios en Monterrey, Nuevo León, decidió invertirlo en los más vulnerables. Crearon «Conexión Dorada», una red de voluntarios que realiza gratuitamente compras de supermercado, pagos de servicios y trámites para adultos mayores que viven solos o tienen movilidad reducida.
La Soledad, el Impulso Inicial
La idea surgio de Ana Lucía Garza, una estudiante de medicina de 21 años. Durante sus prácticas, notó la gran cantidad de adultos mayores que vivían en soledad y la dificultad que enfrentaban para tareas cotidianas. «No solo es el esfuerzo físico, es el riesgo. Una caída puede ser catastrófica. Además, la soledad es una enfermedad silenciosa», explica Ana Lucía.
Junto a cuatro amigos de diferentes facultades, lanzaron la iniciativa en un grupo vecinal de Facebook. Ofrecían su tiempo y confianza. Al principio, recibieron pocas solicitudes, la gente desconfiaba. Pero después del primer servicio exitoso a Doña Elvira, de 82 años, ella misma se convirtió en su mejor promotora. Las llamadas empezaron a llegar.
Un Vínculo que Sana a Dos Generaciones
Hoy, «Conexión Dorada» cuenta con más de 30 voluntarios y atiende a cerca de 50 adultos mayores en varias colonias. Se organizan a través de un grupo de WhatsApp. Un adulto mayor llama al número de contacto, un voluntario toma el «pedido» y lo publica en el grupo. El que esté disponible y cerca, lo toma.
Pero la iniciativa ha trascendido los simples «mandados». Los jóvenes a menudo se quedan unos minutos a conversar, a escuchar las historias de sus «clientes». Se ha creado un puente intergeneracional invaluable.
«Vienen a traerme el súper y se quedan a tomar un café. Estos muchachos me han devuelto la alegría», cuenta Don Roberto, uno de los beneficiarios. Esta red de héroes anónimos demuestra que la bondad es una calle de doble sentido: mientras ellos cuidan a sus mayores, reciben a cambio sabiduría, gratitud y una profunda lección de vida.


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