El rezago en San Quintín volvió al centro del debate nacional luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum reconociera públicamente que, pese a los avances logrados en el sexenio anterior, la situación en ese municipio de Baja California sigue siendo crítica y requiere una intervención mayor del Estado mexicano.
Desde Palacio Nacional, Sheinbaum fue clara: no basta con programas parciales ni con discursos bien intencionados. La región, una de las principales zonas agrícolas del país, arrastra carencias estructurales que afectan directamente a miles de jornaleros y sus familias, especialmente en materia laboral, de salud, vivienda y educación.
Por qué el rezago en San Quintín sigue siendo un problema estructural
San Quintín es un municipio clave para la producción agrícola nacional, pero esa relevancia económica no se traduce en bienestar para quienes sostienen el campo con su trabajo diario. Miles de jornaleros agrícolas, en su mayoría migrantes provenientes de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, viven en condiciones precarias y, en muchos casos, con ingresos por debajo del salario mínimo.
Sheinbaum subrayó que una parte importante de esta población es indígena mixteca, lo que agrava la situación debido a la discriminación histórica y a la falta de acceso efectivo a derechos básicos. El rezago en San Quintín no es reciente ni accidental: es el resultado de décadas de abandono institucional y de una cadena productiva que prioriza la rentabilidad sobre la dignidad laboral.
El mensaje político detrás del llamado de atención de Sheinbaum
Durante su gira por la región, la presidenta protagonizó un momento que rápidamente se viralizó: un llamado de atención a legisladores de su propio movimiento que le pidieron una fotografía en medio del recorrido. Lejos de tratarse de un regaño superficial, Sheinbaum explicó que su molestia tenía un fondo político y ético.
Para ella, el rezago en San Quintín exige presencia real en el territorio, no solo protagonismo desde el Congreso. Su mensaje fue contundente: quienes forman parte del movimiento deben mantenerse cerca de la gente humilde, escuchar sus problemas y entender que la política social no se construye desde la comodidad de los espacios institucionales.
Aunque posteriormente matizó el tono, dejó claro que el llamado es colectivo y que la transformación del país solo es posible si los líderes no se desconectan de la realidad social.
Centro de Atención Integral: una respuesta concreta al rezago en San Quintín
Entre las acciones anunciadas, destaca la creación de un Centro de Atención Integral en San Quintín. Este espacio estará diseñado para atender de manera directa las demandas laborales de los jornaleros agrícolas, un sector históricamente desprotegido frente a abusos, informalidad y violaciones a derechos básicos.
La medida busca ofrecer acompañamiento legal, asesoría y canales institucionales efectivos para denunciar irregularidades. En términos prácticos, representa un intento por cerrar la brecha entre las leyes laborales y su aplicación real en el campo mexicano.
Este tipo de intervención es clave para empezar a revertir el rezago en San Quintín, ya que reconoce que el problema no se limita a la pobreza, sino a la falta de mecanismos que permitan a los trabajadores defenderse.
Avances reconocidos, pero insuficientes
Sheinbaum reconoció que durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se lograron avances importantes en programas sociales e infraestructura. Sin embargo, fue enfática al señalar que estos esfuerzos no han sido suficientes para erradicar el rezago social en la región.
La persistencia de viviendas precarias, acceso limitado a servicios de salud y educación deficiente confirma que los cambios estructurales requieren continuidad, mayor inversión y coordinación entre niveles de gobierno.
El rezago en San Quintín funciona como un recordatorio incómodo de que el crecimiento económico no garantiza justicia social si no se acompaña de políticas públicas focalizadas.
Rezago en San Quintín: una prueba para el nuevo gobierno
El caso de San Quintín se perfila como una de las primeras pruebas reales del nuevo gobierno federal en materia de política social. La presidenta ha marcado una línea clara: reconocer los problemas, incomodar a los propios y priorizar la atención a los sectores más vulnerables.
Si la intervención anunciada se traduce en mejoras tangibles, el rezago en San Quintín podría comenzar a reducirse. De lo contrario, seguirá siendo uno de los símbolos más visibles de la deuda histórica del Estado con quienes sostienen el campo mexicano.


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