El Primer Informe de Gobierno 2024-2025 de la presidenta Claudia Sheinbaum puso en el centro de la discusión el rescate y fortalecimiento de las lenguas indígenas y afrodescendientes, así como el impulso a proyectos culturales que reafirman la identidad de los pueblos originarios. La administración subrayó que garantizar los derechos de estas comunidades pasa por reconocer, respetar y proteger su patrimonio cultural y su diversidad lingüística.
Proyectos para la preservación de lenguas indígenas
De acuerdo con el informe, hasta junio de este año se implementaron 16 proyectos en nueve estados de la República destinados a la conservación y fortalecimiento de lenguas originarias como el Zapoteco, Náayari (Cora), Otomí, Chichimeco Jonaz, Chinanteco, Yoreme-Mayo, Tlahuica, Nahua y Tseltal.
Con un presupuesto de 4.45 millones de pesos, estas iniciativas beneficiaron directamente a más de 116 mil personas, de las cuales casi la mitad fueron mujeres. Los talleres no solo se centraron en la enseñanza de las lenguas, sino también en su uso comunitario y en actividades que refuerzan la cohesión social.
Difusión en medios indígenas y comunitarios
Otro de los ejes clave fue el trabajo del Sistema de Radiodifusoras Culturales Indígenas, integrado por 23 emisoras en 17 estados del país. Estas estaciones transmitieron 116 mil 558 horas de programación, de las cuales un 58 % se realizó en lenguas maternas.
Este esfuerzo de comunicación busca que los pueblos originarios tengan acceso a contenidos que reflejen su cosmovisión, al tiempo que se difunden sus derechos colectivos y su reconocimiento como sujetos de derecho público. La radio se mantiene así como un canal vital para mantener vivas las tradiciones y transmitirlas a las nuevas generaciones.
Apoyo a la educación y proyectos culturales
El Programa de Apoyo a la Educación Indígena del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) destinó 7.39 millones de pesos para financiar 263 proyectos lingüísticos y culturales en beneficio de 14 mil 475 niñas, niños, adolescentes y jóvenes indígenas.
Estas iniciativas incluyen la promoción de actividades artísticas, culturales y lingüísticas, así como la enseñanza de oficios tradicionales, gastronomía y medicina ancestral. De esta forma, la política pública no solo fomenta la preservación de la identidad cultural, sino que también genera herramientas prácticas para el desarrollo económico y social de las comunidades.
Educación intercultural en nivel medio superior
En el ámbito educativo, el informe resaltó la consolidación del Bachillerato Intercultural, un modelo diseñado para atender a jóvenes hablantes de lenguas indígenas en un contexto de respeto a la diversidad.
Actualmente, este programa se imparte en 14 planteles distribuidos en cuatro entidades y atiende a 1,810 estudiantes, de los cuales un 60 % son mujeres. Cabe destacar que el 36 % de la matrícula son hablantes de alguna lengua indígena, lo que refleja la pertinencia de este modelo para garantizar una educación más inclusiva y adaptada a las realidades culturales del país.
Un enfoque hacia la igualdad y el respeto a la diversidad
El énfasis del informe en los pueblos originarios responde a una visión de Estado que busca combatir la desigualdad histórica que han enfrentado estas comunidades. El fortalecimiento de las lenguas indígenas y el apoyo a la educación intercultural no son solo medidas culturales, sino también acciones de justicia social que apuntan a la construcción de un país más equitativo.
Además, estos programas abren la puerta a que las nuevas generaciones valoren su identidad y se sientan orgullosas de su origen, lo que a largo plazo refuerza el tejido social y fomenta la pluralidad.
Un paso firme hacia la preservación cultural
El Primer Informe de Gobierno deja claro que la preservación de las lenguas y tradiciones de los pueblos originarios es una prioridad en la actual administración. Desde la inversión en proyectos comunitarios hasta la consolidación de modelos educativos interculturales, se está trazando una ruta para que México no pierda la riqueza cultural que lo distingue en el mundo.
Más allá de las cifras, el reto será garantizar la continuidad y sostenibilidad de estos programas, asegurando que el reconocimiento a los pueblos originarios no se quede en el discurso, sino que se traduzca en mejoras tangibles para sus comunidades y en un verdadero respeto a su diversidad cultural y lingüística.


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