En una cena aparentemente insignificante de 2002, Woody Harrelson descubrió una de las características más exasperantes de Donald Trump: su interminable monólogo. Según el actor, una charla que debería repartirse entre todos los presentes terminó siendo un espectáculo unipersonal del futuro presidente. Para sobrevivir a la experiencia, Harrelson tuvo que salir a fumar marihuana.
Esta anécdota, más allá de lo anecdótico, nos lleva a reflexionar sobre cómo ciertos líderes políticos y sus discursos pueden impactar nuestra vida diaria. Si Harrelson recurrió a un porro para soportar una cena, ¿qué hacemos nosotros cuando enfrentamos una dosis diaria de populismo?
De las mañaneras al confinamiento: un cóctel de estrés
La llegada de la izquierda al poder en México trajo consigo un fenómeno mediático que parecía inofensivo al inicio: las mañaneras. Este ritual informativo se transformó rápidamente en una especie de “comida diaria” con un líder narcisista, donde cada pregunta o crítica se respondía con desdén o monólogos interminables.
El resultado fue un incremento en nuestros niveles de estrés. ¿Y cuál fue la respuesta de muchos? Un cambio en los hábitos de consumo: del vino al whisky, del café a los tequilas antes de la comida. El confinamiento, impuesto por la pandemia, intensificó esta dinámica. Al estrés político se sumó el sanitario, con la monserga diaria de Hugo López-Gatell, rasurando cifras y complicando lo evidente.
La política en el espejo: “El populismo me llevó a beber”
El humor, afortunadamente, nos ha salvado de caer en un abismo de desesperación. Como bien lo expresa la frase del comediante W.C. Fields: “Una mujer me empujó al alcohol, y no he tenido la delicadeza de agradecérselo”. Cambiemos “mujer” por “populismo” y tenemos una metáfora perfecta para los últimos años.
Las mañaneras ya son cosa del pasado, pero las voces de Monreal y Adán Augusto ahora llenan el vacío con discursos que, aunque menos frecuentes, siguen provocando que el vaso se llene un poco más rápido.
¿Qué sigue? Adaptarse y reír para no llorar
Si algo nos ha enseñado esta época es la capacidad humana de adaptación. La política y las crisis globales pueden ser desafíos abrumadores, pero también han dado pie a reflexiones, conversaciones y, por qué no, a un par de buenos tragos compartidos (aunque sea virtualmente).
La cuestión ahora no es solo cómo sobrevivir a líderes narcisistas o populistas, sino cómo transformar la experiencia en algo significativo. Porque, al final del día, si el populismo nos llevó a beber, también nos llevó a reflexionar, a reírnos de la tragedia y, quizá, a brindar por un futuro más prometedor.
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