En Kunar, al este de Afganistán, un anciano observa seis tumbas recién cavadas. Bajo la tierra descansan sus nietos y su nuera, víctimas de un terremoto de magnitud 6,0. La escena, repetida en aldeas enteras, simboliza la vulnerabilidad de un país donde la tragedia natural se suma a una crisis humanitaria y económica sin precedentes.
El sismo dejó más de 1.400 muertos y 3.100 heridos, según las autoridades talibanas, y más de 12.000 personas afectadas, de acuerdo con cifras de la ONU.
Historias de resistencia en medio del desastre
En Dewagal, Abdul Ghafoor relata que cerca de 200 vecinos murieron. “Se acerca el invierno y no tenemos refugios”, lamenta. Otros bajan de las montañas cargando a sus hijos heridos, mientras denuncian el bloqueo de carreteras y la falta de agua potable.
La solidaridad local ha tomado protagonismo: vecinos llegan con palas y pan seco, médicos voluntarios instalan clínicas móviles, y caravanas ciudadanas intentan suplir la ausencia de infraestructura estatal.
Una catástrofe sobre otra: la crisis estructural de Afganistán
El terremoto encontró a Afganistán en su momento más frágil. Tras la llegada de los talibanes en 2021, el país perdió ayuda internacional y vio congelados sus activos en el extranjero.
La pobreza extrema afecta a millones de familias, mientras el sistema sanitario carece de medicamentos, personal y financiamiento. Los hospitales no pueden atender emergencias masivas, y en zonas rurales, la atención médica es casi inexistente.
La tragedia, más que un hecho aislado, desnuda el abandono estructural de Afganistán: cuatro décadas de guerra, colapso institucional y dependencia total de la ayuda exterior.
El rol de la comunidad internacional
Diversos países y organizaciones humanitarias han ofrecido apoyo, pero la asistencia internacional sigue siendo insuficiente. La ONU advierte que sin un plan urgente de ayuda humanitaria, la combinación de sismo, pobreza y conflicto podría llevar a Afganistán a una crisis aún más profunda.
El desafío no es solo reconstruir viviendas, sino también garantizar refugios antes del invierno, restablecer carreteras y fortalecer la capacidad sanitaria en regiones devastadas.


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