sábado, enero 10, 2026

Rusia usa armas químicas en Ucrania, según Inteligencia Europea

Los servicios de inteligencia de Países Bajos y Alemania han acusado formalmente a Rusia de incrementar el uso de armas químicas prohibidas en Ucrania, específicamente el agente asfixiante cloropicrina, en una escalada que desafía las convenciones internacionales.

Bruselas, Bélgica.- En una de las acusaciones más graves desde el inicio de la invasión a gran escala, los gobiernos de Países Bajos y Alemania, basándose en informes coordinados de sus agencias de inteligencia, han afirmado que las fuerzas rusas están utilizando de forma sistemática y creciente armas químicas en el frente de Ucrania. La revelación, que ha sacudido las capitales europeas, apunta al uso de cloropicrina, un agente tóxico prohibido en conflictos armados por la Convención sobre Armas Químicas (CWC).

La publicación sincronizada de estos informes no parece una coincidencia, sino una calculada maniobra diplomática. Al presentar un frente unido, Berlín y La Haya buscan maximizar el impacto político de la denuncia, probablemente con el objetivo de presionar a los aliados más indecisos dentro de la OTAN y la Unión Europea. Esta acción también parece diseñada para forzar una respuesta contundente de la administración estadounidense, que recientemente ha mostrado una postura de reevaluación de su ayuda militar a Kiev.  Este movimiento representa una notable evolución en la autonomía estratégica europea, donde dos potencias clave utilizan la inteligencia como una herramienta diplomática para moldear la narrativa global y la agenda política en un momento crítico de la guerra.

La Evidencia Presentada: De Gas Lacrimógeno a Agentes Letales

Según el ministro de Defensa neerlandés, Ruben Brekelmans, la inteligencia confirma que Rusia ha pasado de usar gases lacrimógenos no letales —cuyo uso como método de guerra también está prohibido— a emplear habitualmente cloropicrina. «El uso habitual de la cloropicrina es un nuevo paso y esto no solo es peligroso para Ucrania sino para todo el mundo», declaró Brekelmans, calificando la situación de «inaceptable» y pidiendo «más sanciones y aislamiento de Rusia».

La inteligencia alemana corrobora estos hallazgos, subrayando que la cloropicrina puede ser «letal» en altas concentraciones y en espacios cerrados, como las trincheras y búnkeres que caracterizan la guerra de desgaste en el este de Ucrania.  Los informes sugieren que el objetivo táctico de estas armas es «sacar» a los defensores ucranianos de sus posiciones fortificadas, una táctica especialmente brutal y efectiva en un contexto de severa escasez de munición de artillería por parte de Kiev.

> «Nuestras agencias de inteligencia holandesas revelan: Rusia utiliza cada vez más armas químicas en Ucrania. Después del gas lacrimógeno, se ha confirmado que Rusia ha empleado cloropicrina, un componente más potente y prohibido. ¡Esto es inaceptable!» – Ruben Brekelmans, Ministro de Defensa de Países Bajos.>

¿Qué es la Cloropicrina? Un Arma de la Primera Guerra Mundial

Para entender la gravedad de la acusación, es crucial conocer el agente en cuestión. La cloropicrina (CCl₃NO₂) es un compuesto químico que se presenta como un líquido aceitoso, incoloro o ligeramente amarillo, con un olor intensamente irritante.  Aunque hoy se utiliza como un potente pesticida y fumigante de suelos bajo estrictas regulaciones, su historia está manchada por su uso como arma química.

  • Agente Asfixiante y Lacrimógeno: Fue utilizado por primera vez a gran escala durante la Primera Guerra Mundial.  Actúa como un poderoso irritante para los pulmones, los ojos y la piel. La inhalación puede causar tos severa, edema pulmonar, náuseas y vómitos.
  • Táctica de Guerra: En la Primera Guerra Mundial, se usaba para forzar a los soldados a quitarse las máscaras de gas debido al vómito que inducía, dejándolos expuestos a otros gases más letales como el fosgeno.
  • Prohibición Internacional: Su uso como método de guerra está explícitamente prohibido por la Convención sobre Armas Químicas, de la cual Rusia es signataria. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), con sede en La Haya, es el organismo encargado de supervisar el cumplimiento de este tratado.

Reacciones Internacionales y el Silencio de los Aliados

La respuesta a la acusación ha sido inmediata pero desigual. El ministro de Exteriores de Países Bajos, Caspar Veldkamp, anunció que su país planteará esta «violación de la Convención sobre Armas Químicas» en la próxima reunión del Consejo Ejecutivo de la OPAQ.

Sin embargo, las reacciones de los actores más grandes han sido más contenidas. La OTAN y la Comisión Europea, aunque informadas, no han emitido condenas contundentes, a la espera de una verificación independiente por parte de la OPAQ, un proceso que puede ser lento y complejo.

La postura de la Casa Blanca es particularmente observada. Hasta ahora, la administración Trump no ha emitido una nueva y enérgica condena, sino que se ha remitido a advertencias pasadas y ha continuado con su política de reevaluar la ayuda militar a Ucrania.  Esta aparente desconexión entre la urgencia expresada por aliados europeos clave y la cautela de Washington crea una peligrosa fisura en la respuesta occidental, precisamente en un momento en que la escalada rusa parece cruzar una de las líneas rojas más claras del derecho internacional.

El mundo ahora espera ver si esta acusación, respaldada por la inteligencia de dos naciones europeas, será suficiente para catalizar una respuesta unificada y decisiva, o si se convertirá en otro punto de contención en una alianza occidental cada vez más presionada.

Georgina Balam
Georgina Balam
Georgina Balam es nuestra editora experta en la sección de Espectáculos y Entretenimiento. Con una sólida experiencia en la creación de contenido digital, se distingue por ofrecer información veraz y oportuna a nuestra audiencia. Su conocimiento y autoridad en la industria del entretenimiento aseguran que nuestros lectores reciban las noticias más fiables y actualizadas.
VER MÁS
- Advertisment -

RELACIONADOS

TE PODRÍA INTERESAR