África: una región en constante conflicto
En medio de los titulares dominados por la guerra en Oriente Medio, África sigue siendo un escenario de conflictos ignorados. Desde Sudán, devastado por guerras internas, hasta la República Democrática del Congo, que ha perdido millones de vidas en su lucha interminable, el continente enfrenta una violencia sistémica y crisis humanitarias que rara vez ocupan las primeras planas.
Sin embargo, una nueva dinámica ha surgido: la entrada de Rusia en el tablero africano, con una estrategia cuidadosamente diseñada que ha empujado a potencias tradicionales como Francia y Estados Unidos hacia la irrelevancia en varias regiones.
El origen de la influencia rusa en África
Herencia soviética y oportunidad geopolítica
La estrategia de Rusia en África comenzó en 2014 tras la anexión de Crimea y el conflicto en el Donbás. En busca de paliar las sanciones económicas occidentales, Moscú aprovechó:
- Su legado soviético, que incluía el apoyo a movimientos de descolonización y la formación de élites africanas en instituciones rusas como la Universidad Patricio Lumumba.
- La retirada de Estados Unidos tras el fracaso en Irak y la ceguera francesa frente a los problemas internos de sus antiguas colonias.
El grupo Wagner, liderado inicialmente por Evgueni Prigozhin, se convirtió en la punta de lanza de esta estrategia, ofreciendo asistencia militar a cambio de concesiones mineras, especialmente de oro.
La expansión rusa en el Sahel
Golpes de Estado y el fin de la influencia francesa
Entre 2020 y 2023, el Kremlin impulsó golpes militares en países clave como Mali, Burkina Faso y Níger, promoviendo una narrativa de lucha contra el colonialismo francés. Las nuevas juntas militares expulsaron rápidamente a las tropas francesas y abrazaron la presencia rusa como alternativa.
Aunque la muerte de Prigozhin en agosto de 2023 marcó el fin del grupo Wagner tal como se conocía, Rusia consolidó su influencia bajo el nombre de “Afrika Korps”, una referencia inquietante al pasado del Tercer Reich.
¿Qué busca Rusia en África?
El continente africano se ha convertido en un tablero estratégico crucial para el Kremlin:
- Recursos naturales: Oro, petróleo y minerales estratégicos para sostener su economía en tiempos de sanciones.
- Bases militares: Puntos clave para proyectar poder en el hemisferio sur.
- Apoyo diplomático: Los votos de países africanos en la ONU son esenciales para contrarrestar las narrativas occidentales sobre Ucrania y otros conflictos.
África entre Rusia, Occidente y China
Mientras Rusia avanza en África, Occidente parece desorientado. Francia perdió influencia en su antiguo «espacio natural», y Estados Unidos, obsesionado con contrarrestar a China, ha dejado un vacío que Rusia y Pekín están llenando rápidamente.
China, con una visión geopolítica global consolidada, ha establecido fuertes lazos económicos en África, invirtiendo en infraestructura y recursos naturales. Sin embargo, Rusia ha sabido capitalizar el resentimiento postcolonial, posicionándose como un aliado militar y político frente a las potencias tradicionales.
¿Qué ganan y pierden los africanos?
El avance ruso en África ha sido recibido con euforia en varios países, celebrando la expulsión de antiguas potencias coloniales como Francia. Sin embargo, la realidad es más compleja:
- Ganancias aparentes: Los dictadores militares consolidan su poder con apoyo ruso, mientras las poblaciones disfrutan de una narrativa de “liberación”.
- Costos ocultos: Las concesiones mineras y los recursos estratégicos se utilizan para financiar intereses extranjeros, no para el desarrollo local.
Moscú parece estar jugando el mismo juego que las potencias coloniales de antaño, aunque con una narrativa renovada de resistencia y autodeterminación.
El futuro de África en la geopolítica global
África es hoy un campo de batalla donde Rusia, China y Occidente luchan por influencia. Pero la pregunta crucial sigue siendo: ¿qué papel tendrán los africanos en su propio destino?
Mientras los líderes militares disfrutan de su poder recién adquirido, el desarrollo y bienestar de sus pueblos permanecen en la incertidumbre. Rusia y China pueden ofrecer alternativas al modelo occidental, pero el riesgo es que estas nuevas alianzas solo perpetúen las mismas dinámicas de explotación y dependencia.
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